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Libres, dignos, vivos será publicado próximamente por la editorial Icaria. Los capítulo del libro se irán publicando de manera serializada en esta página web durante el transcurso de 2020-2021.

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Introducción

 

El objetivo de este libro es superar una pandemia de miedo con una ola de esperanza basada en la realidad.1 Nunca encontraremos las soluciones necesarias para construir un mundo nuevo mientras permitamos que nuestros propios temores nos paralicen. Sí, existen muchas razones por las que tener miedo: la pérdida de nuestros empleos, el gobierno autoritario, los abusos corporativos, el odio étnico y racial y, sobre todos ellos, el calentamiento global, una amenaza existencial para la propia civilización. Observamos entusiasmados cómo las sondas espaciales detectan agua en Marte cuando las autoridades competentes luchan por encontrar agua potable para los habitantes de la Tierra. Es probable que muy pronto la tecnología nos permita editar los genes de nuestros futuros hijos tan fácilmente como editar un texto en el ordenador, pero todavía seguimos sin concretar los medios para cuidar de las personas enfermas, mayores y sin hogar.

Esa sensación de impotencia aviva el miedo y la desesperación, y creemos que, como individuos, nos es imposible alterar el curso actual de la historia. Sin embargo, nuestra impotencia tiene mucho que ver con la forma en que concebimos esta difícil situación: como individuos, solos y por separado. El miedo y la comprensible búsqueda de la seguridad individual están paralizando nuestra búsqueda de soluciones sistémicas y colectivas, las únicas soluciones que verdaderamente funcionarán. Necesitamos replantearnos la situación preguntándonos: ¿qué podemos hacer de forma colectiva? ¿Cómo podemos hacer todo esto dejando a un lado las instituciones convencionales que nos están fallando?

La buena noticia es que ya están germinando innumerables semillas de transformación colectiva. Podemos ver brotes verdes de esperanza en las granjas agroecológicas de Cuba y de los bosques comunitarios de la India, en sistemas de Wi-Fi comunitarios en Cataluña y en equipos comunitarios de enfermeras a domicilio en barrios de los Países Bajos. Están surgiendo decenas de monedas locales alternativas, nuevos tipos de plataformas web cooperativas y campañas que reclaman las ciudades para los ciudadanos. Lo bueno de todas estas iniciativas es que satisfacen las necesidades de forma directa y empoderante. La gente está dando un paso adelante para crear nuevos sistemas que operen ajenos a la lógica capitalista, para beneficio mutuo, con respeto por la Tierra y con un compromiso a largo plazo.

En el año 2009 un grupo de amigos de Helsinki veía con frustración cómo fracasaba otra cumbre internacional sobre el cambio climático. Se preguntaron qué podrían hacer ellos para cambiar la economía y, tras mucha planificación, el resultado fue la creación de un “intercambio de créditos” local en el que los participantes acordaban intercambiar servicios entre sí, desde traducciones y clases de natación hasta jardinería o corrección de textos. Dale una hora de tu tiempo a un vecino y obtén una hora de los talentos de otra persona. El Banco de Tiempo de Helsinki –nombre que recibió más adelante– ha crecido hasta convertirse en una economía paralela sólida con más de 3 000 miembros. Sus intercambios ya cuentan con decenas de miles de horas de servicios y se ha convertido en una alternativa socialmente convivial a la economía de mercado, formando parte de una gran red internacional de bancos de tiempo.

En Bolonia (Italia) una anciana quería un simple banco en el lugar de reunión favorito de su barrio. Cuando los residentes preguntaron en el ayuntamiento si podían colocar un banco ellos mismos, la burocracia local contestó perpleja que no existían trámites para hacer tal cosa. Este incidente desencadenó un largo periplo para crear un sistema formal que coordinara la colaboración ciudadana con el ayuntamiento de Bolonia. Finalmente la ciudad creó el “Reglamento de Bolonia para el cuidado y regeneración de los comunes urbanos” para organizar cientos de “pactos de colaboración” entre ciudadanos y Gobierno con el fin de rehabilitar edificios abandonados, gestionar guarderías y cuidar los espacios verdes urbanos. Desde entonces la iniciativa ha impulsado un movimiento cociudadano (Co-City) en Italia que orquesta colaboraciones similares en decenas de ciudades.

Aun así, ¿no son todos estos esfuerzos demasiado pequeños y locales al considerar el cambio climático y la desigualdad económica a la que nos enfrentamos? Creerse esto es el error que cometen los tradicionalistas. Están tan centrados en las instituciones de poder que nos han fallado y tan obsesionados por la coyuntura global que no son capaces de reconocer que las verdaderas fuerzas para la transformación surgen de grupos pequeños de personas en sitios pequeños, fuera del radar del poder. Los escépticos de “lo pequeño” se burlarían de los granjeros que cultivan arroz, maíz y alubias: “vais a alimentar a la humanidad con… ¿¡semillas!?». De hecho, pequeñas apuestas con capacidades adaptativas son poderosos vehículos para el cambio sistémico.

Ahora mismo existe un inmenso universo de iniciativas sociales de base –familiares e innovadoras, en todos los ámbitos de la vida, en entornos rurales e industrializados– que están satisfaciendo necesidades que ni la economía de mercado ni el poder del Estado pueden cubrir. La mayoría de estas iniciativas siguen siendo en gran medida invisibles o desconocidas, ya que el público las subestima, ignora o considera como algo marginal. Después de todo, existen fuera de los márgenes de los sistemas predominantes del poder: el Estado, el capital y el Mercado. Las mentes convencionales siempre se basan en cosas demostradas y no tienen la valentía de experimentar, a pesar de que las fórmulas supuestamente ganadoras del crecimiento económico, del fundamentalismo mercantil y de las burocracias nacionales se hayan vuelto descaradamente disfuncionales. La pregunta no es si una idea o iniciativa es pequeña o grande sino si sus premisas contienen el germen de un cambio sistémico.

Pero no nos equivoquemos: los comunes no son únicamente proyectos a pequeña escala que mejoran nuestro día a día, sino que conforman un enfoque germinal para reimaginar nuestro futuro de forma conjunta y reinventar la organización social, la economía, las infraestructuras, la política y el propio poder estatal. El procomún es un marco social que permite a las personas ser libres sin reprimir a otras, promulgar la equidad sin control burocrático, promover la solidaridad sin coerción y afirmar la soberanía sin nacionalismos. El columnista George Monbiot resumió muy bien las virtudes de los comunes: “Un común … proporciona un enfoque claro a la vida comunitaria. Depende de la democracia en su sentido más genuino. Destruye la desigualdad. Brinda incentivos para proteger el mundo vivo. En resumen: crea una política de pertenencia”.2

Todo esto queda reflejado en el título de nuestro libro, que describe los cimientos, la estructura y la visión de futuro de los comunes: Libres, dignos, vivos.  Toda emancipación del sistema existente debe respetar la libertad en el sentido humano más amplio, no solo el libertarianismo económico del individuo aislado. La imparcialidad, elegida de mutuo acuerdo, debe ser el eje central de cualquier sistema de sustento y gobernanza y debe reconocer nuestra existencia como seres vivos en una Tierra que también está viva. La transformación no puede tener lugar sin la realización simultánea de todos estos objetivos. Esa es la finalidad del procomún: combinar las grandes prioridades de nuestra cultura política que a menudo se encuentran enfrentadas: la libertad, la igualdad y la vida misma.

El procomún es mucho más que una estrategia de comunicación: es una cosmovisión subversiva y por eso precisamente representa una nueva forma de poder. Cuando las personas se unen en pos de un objetivo colectivo y conforman un común, se crea un nuevo impulso de poder social coherente. Cuando convergen varias de estas burbujas de energía ascendente, surge un nuevo poder político. Y dado que los comuneros están comprometidos con toda una serie de valores integrados filosóficamente, su poder es menos vulnerable a la cooptación. El Mercado/Estado ha desarrollado un variado repertorio de estrategias basadas en el “divide y vencerás” con objeto de neutralizar los movimientos sociales que buscan generar un cambio. Aunque satisfaga parcialmente un determinado grupo de reivindicaciones, lo hace únicamente imponiendo nuevos costes a otra persona. Por ejemplo, el sistema aplaude una mayor igualdad de género y racial ante la ley, pero únicamente en el marco de este sistema capitalista extremadamente injusto e ineficaz. O accede a una mayor protección medioambiental, pero únicamente subiendo los precios o saqueando los recursos naturales del Sur global. O aprueba una mayor atención sanitaria y políticas laborales orientadas a la familia, pero únicamente si están regidas por modelos inflexibles que protejan los beneficios corporativos. La libertad se ensalza como rival de la igualdad y viceversa, y ambas en contra de las necesidades de la Madre Tierra. Por eso, el baluarte del capitalismo frena una y otra vez cualquier exigencia que plantee un cambio de sistema.

La gran ambición de los comunes es romper con esta historia interminable de políticas de disuasión y manipulación que “empobrecen al vecino”. Su objetivo es desarrollar una economía social independiente y paralela, ajena al sistema del Mercado y el Estado, que aplique una lógica y valores distintos. El comuniverso no persigue la libertad, la igualdad y el sustento ecorresponsable como objetivos independientes que se hacen peligrar unos a otros. El procomún busca integrar y unificar estos objetivos como prioridades simultáneas que conforman un plan de ruta indivisible. Es más, este programa de trabajo no es meramente una aspiración, sino que ocupa un lugar central en la creación de procomún como práctica social subversiva.

No es de extrañar que la imagen de los comunes que estamos exponiendo aquí sea muy diferente de la presentada (y ridiculizada) por la economía moderna y la derecha política. Para ellos, los comunes son recursos sin dueño de los que cualquiera se puede aprovechar y, por lo tanto, constituyen un sistema de gestión fallido –idea popularizada por el famoso ensayo de Garrett Hardin “La Tragedia de los Comunes”, de la que hablaremos más adelante–. Nosotros discrepamos con esta visión parcial del asunto. El procomún es una categoría sólida de prácticas sociales autogestionadas dirigidas a satisfacer necesidades de forma justa e inclusiva. Es una forma de vida, un marco que describe una manera distinta de desenvolverse en el mundo y diferentes formas de saber y actuar.

El sistema Estado/Mercado habla con frecuencia de cómo lleva a cabo determinadas cosas para las personas o, si la participación está permitida, de cómo trabaja con las personas. Pero los comunes consiguen cosas importantes mediante las personas. Es decir, son las propias personas normales y corrientes las que proporcionan la energía, la imaginación y el esfuerzo, y las que se organizan para sustentarse y gobernarse. Los comuneros son quienes idean los sistemas, diseñan las normas, ofrecen sus conocimientos, realizan el trabajo difícil, supervisan el cumplimiento y se ocupan de los infractores. Todo esto implica que vivir el procomún supone un cambio de identidad. Necesita que las personas evolucionen hacia roles y perspectivas diferentes. Requiere nuevas formas de relacionarse con los demás. Exige que reconsideremos quién es importante en nuestra economía y sociedad y la forma en la que el trabajo esencial se lleva a cabo. Vistos desde dentro, los comunes nos revelan que podemos generar valor de formas distintas y, de paso, crear sentido en nuestra vida. Que podemos escapar de las cadenas de valor capitalistas mediante la creación de redes de valor de compromiso mutuo. Que un cambio efectivo de los micropatrones en nuestras relaciones sociales nos permitirá comenzar a descolonizarnos de la historia y la cultura en la que nacimos. Que podemos escapar de la sensación de aislamiento impotente que define gran parte de la vida moderna. Que podemos desarrollar alternativas más dignas, justas y saludables.

Como es lógico, los guardianes del orden predominante –ya sea en el ámbito gubernamental, empresarial, universitario, filantrópico o mediático– prefieren trabajar con los marcos institucionales ya existentes. Se conforman con operar acorde a unos patrones de pensamiento muy cerrados y a unos conceptos muy endebles sobre la dignidad humana, especialmente en cuanto a la narrativa del progreso a través del crecimiento económico se refiere. Prefieren que el poder político se consolide en estructuras centralizadas como el Estado nación, la corporación o la burocracia. El objetivo de este libro es derribar esas presunciones y abrir la puerta a opciones realistas.

Sin embargo, este libro no es una nueva crítica al capitalismo neoliberal. Aunque a menudo sean valiosas, las críticas perspicaces no siempre nos ayudan a concebir los cambios que nuestras instituciones necesitan y a construir un nuevo mundo. Lo verdaderamente necesario hoy en día es la experimentación creativa y la valentía para crear nuevos patrones de acción. Debemos aprender a identificar patrones de la vida cultural que puedan provocar cambios a pesar del inmenso poder del capital.

A los activistas orientados a los partidos políticos y las elecciones, las leyes y las normativas, les aconsejamos involucrarse a un nivel más profundo y significativo de la vida política: el mundo de la cultura y de las prácticas sociales. Las formas convencionales de hacer política junto con las instituciones convencionales sencillamente no pueden propiciar el tipo de cambio que necesitamos. Tal y como apunta sagazmente Greta Thunberg, la activista sueca de dieciséis años contra el cambio climático, “no podemos salvar el mundo siguiendo las normas”. Necesitamos elaborar una nueva serie de reglas. Como es lógico, no podemos ignorar el arcaico sistema que, a decir verdad, a menudo ofrece beneficios necesarios, pero no nos engañemos: los sistemas existentes no producirán un cambio transformador. Por eso debemos estar abiertos a los vigorizantes vientos de cambio de la periferia, de sitios inesperados y descuidados, de zonas sin caché ni credenciales, de la propia gente.

Por lo tanto, nos negamos a dar por hecho que el Estado nación es el único sistema de poder realista para hacer frente a nuestros temores y ofrecer soluciones. Porque no lo es. El Estado nación es más bien un vestigio de una era en decadencia. Lo que pasa es que los círculos respetables rechazan considerar alternativas desde la periferia por temor a ser tildados de ofuscados o locos. No obstante, hoy en día las deficiencias estructurales del Estado nación y de su alianza con los mercados impulsados por el capital son más que evidentes y es algo que a duras penas puede negarse. No tenemos más remedio que abandonar nuestros temores y empezar a considerar ideas frescas desde los márgenes.

Pero, tranquilidad: ir más allá del Estado nación no significa sin el Estado nación. Significa que debemos alterar significativamente el poder del Estado introduciendo nuevas lógicas operativas y actores institucionales. De hecho, gran parte de este libro está enfocado en esa necesidad. Modestia aparte, consideramos la creación de procomún como una forma de incubar nuevas prácticas sociales y lógicas culturales que, aunque se encuentran firmemente arraigadas en la experiencia cotidiana, pueden federarse para aunar fuerzas y enriquecerse mutuamente y así germinar una nueva cultura que pueda adentrarse en las camarillas del poder estatal.

Cuando hablamos de comunes y de la creación de procomún nos estamos refiriendo a prácticas que van más allá de las formas convencionales de pensar, actuar y comportarse. Hay quien podría considerar este libro como un manual didáctico. Esperamos ofrecer una mejor comprensión de la economía como algo que va más allá de la economía monetaria que enfrenta mis intereses a los intereses colectivos y contempla el Estado como única alternativa al Mercado, por ejemplo. No es tarea fácil ya que el Estado/Mercado ha inoculado sus premisas en lo más profundo de nuestra conciencia y nuestra cultura. No obstante, si realmente queremos escapar la lógica sofocante del capitalismo debemos investigar a fondo sobre todo esto. ¿De qué otra forma podemos escapar de la aberrante lógica por la que primero agotamos el medio ambiente y a nosotros mismos al producir cosas y luego debemos llevar a cabo un trabajo hercúleo de reparación, simplemente para que la rueda siga girando una y otra vez por toda la eternidad? ¿Cómo van a tomar iniciativas independientes los políticos y los ciudadanos si todo depende del empleo, del mercado bursátil y de la competencia? ¿Cómo podemos emprender nuevos caminos cuando las directrices básicas del capitalismo están constantemente presentes en nuestras vidas y nuestras conciencias, erosionando todo cuanto tenemos en común? Nuestro objetivo al escribir este libro no es solo esclarecer nuevas pautas de pensamiento y de conducta sino ofrecer un manual de actuación.

¿Y cómo podemos empezar a abordar un cambio tan profundo? Primero debemos desentrañar nuestra concepción del mundo: la imagen de lo que para nosotros significa ser humano, nuestro concepto de propiedad y las ideas predominantes sobre la existencia y el conocimiento (Capítulo 2). Cuando aprendamos a contemplar el mundo desde un nuevo punto de vista y a describirlo con palabras nuevas, una emocionante visión entrará en juego y podremos adquirir una nueva comprensión de la “buena vida”, de nuestras dinámicas sociales, de la economía y de la política. Es crucial abrazar una revolución semántica de vocablos nuevos (y el abandono de los antiguos) para comunicar esta innovadora visión, por eso, en el Capítulo 3 introducimos toda una serie de términos que consiguen escapar de las oposiciones binarias engañosas (individual/colectivo, público/privado, civilizado/premoderno) y designar las experiencias de creación de procomún que actualmente carecen de nombre (Lógica Ubuntu, Libertad interdependiente, Soberanía de valor, Gobernanza P2P).

En cualquier caso, la teoría es una cosa y la práctica, otra. ¿Cómo procedemos entonces? Consideramos la sección de “instrucciones de uso” (Parte II, Capítulos 4, 5 y 6) como el corazón de este libro. La Tríada del Procomún, como la hemos designado, describe de manera sistemática la forma en la que el mundo del procomún respira, es decir, cómo vive y cómo es su cultura. La Tríada nos proporciona un nuevo marco para comprender y analizar los comunes. Este marco surge de una metodología asociada al “lenguaje de patrones” en el que se lleva a cabo un proceso de cosecha o revelado de patrones para identificar los patrones recurrentes en las prácticas sociales de diferentes culturas a lo largo de la historia.

A continuación viene la Parte III, que examina las arraigadas premisas del concepto de propiedad (Capítulo 7) y cómo desarrollar un nuevo tipo de propiedad relacionalizada que apoye la creación de procomún (Capítulo 8). Nos dimos cuenta rápidamente de que estos conceptos y otros patrones de creación de procomún, si llegan a buen término, suelen colisionar con el poder del Estado. Los Estados no vacilan en usar leyes, derechos de propiedad, políticas estatales, alianzas con el capital y prácticas coercitivas para imponer su visión del mundo, desaprobando por regla general la realidad de los comunes. Aun así, ante estas realidades perfilamos varias estrategias generales para la construcción del Comuniverso (Capítulo 9) y concluimos con una exposición de varios enfoques específicos (cartas sociales de los comunes, tecnologías de contabilidad distribuida, alianzas público-comunes o APC) que pueden expandir el mundo del procomún al mismo tiempo que lo protegen del sistema Estado/Mercado (Capítulo 10).

Como texto que intenta reorientar nuestra comprensión sobre los comunes, nos hemos percatado de que apuntamos a varias líneas nuevas de investigación que simplemente no podemos abordar aquí. Cuanto más extensa es la orilla de nuestro conocimiento, mayor es el océano de nuestra ignorancia. Nos habría gustado explorar una novedosa teoría del valor que contrarrestara los conceptos tan insatisfactorios de valor y sistema de precios que utiliza la economía convencional. La gran trayectoria del derecho de propiedad contiene muchas doctrinas jurídicas fascinantes que son dignas de estudio, así como nociones no occidentales de gestión y control. Las dimensiones psicológicas y sociológicas de la cooperación podrían arrojar una nueva luz y ofrecer un mayor calado a nuestras ideas sobre el procomún. Los investigadores modernos, los historiadores de los comunes medievales y los antropólogos podrían ayudarnos a comprender mejor las dinámicas sociales de los comunes contemporáneos. En resumen, aún queda mucho por tratar sobre los temas que planteamos.

Algunas de las cuestiones más relevantes y menos estudiadas tratan la forma en que los comunes pueden atenuar las conocidas dificultades geopolíticas, ecológicas y humanitarias. La migración, los conflictos militares, la crisis climática y la desigualdad se ven afectados por la existencia de los cercamientos y la relativa solidez de los comunes. Los comuneros con unos medios de subsistencia estables y localmente arraigados no suelen sentirse forzados a huir a otras regiones del mundo más ricas. No hay duda de que la destrucción de los comunes piscícolas somalíes por la industria de la pesca de arrastre contribuyó al aumento de la piratería y el terrorismo en África. ¿Podría una protección estatal de los comunes marcar la diferencia? Si estos pudieran sustituir a las cadenas de abastecimiento mercantil globales se podría reducir de forma significativa las emisiones de carbono producidas por el transporte y los productos químicos agrícolas. Estos y muchos otros asuntos merecen una investigación, análisis y propuestas más profundas.

Queremos destacar el interés de los cuatro Apéndices: el Apéndice A explica la metodología que hemos utilizado para identificar los patrones de creación de procomún en la Parte II del libro; el Apéndice B describe el proceso de conceptualización que ha utilizado Mercè Moreno Tarrés para dibujar las veintiocho preciosas imágenes de los patrones en la Parte II; el Apéndice C enumera los sesenta y nueve comunes activos y las herramientas funcionales para la creación de procomún que se han mencionado en este volumen; el Apéndice D lista los ya conocidos ocho principios de diseño de Elinor Ostrom para gestionar comunes de forma eficaz.

Parte I:

 

El procomún como enfoque transformador

 

Capítulo 1: Los comunes y la creación de procomún

 

¿Pueden las personas realmente aprender a cooperar entre sí a gran escala y de forma cotidiana? Hay muchas pruebas que sugieren que sí es posible. No existe ningún impedimento genético innato para la cooperación, sino más bien todo lo contrario. En un experimento memorable llevado a cabo por el psicólogo comparatista y evolutivo Michael Tomasello, un niño espabilado observa cómo un hombre cargado con muchos libros se choca repetidamente contra la puerta de un armario. El niño está preocupado porque parece que el adulto no puede abrir el armario, así que camina de forma espontánea hasta la puerta y la abre, invitando al adulto inepto a colocar los libros en el armario. En otro experimento, un adulto intenta poner una pieza azul sobre un montón de piezas ya colocadas pero fracasa una y otra vez. Un niño sentado frente al torpe adulto toma las piezas caídas y las coloca cuidadosamente una a una en la parte superior del montón. En otra prueba un adulto abandona la habitación tras haber estado grapando papeles y, al volver con más hojas, descubre que alguien ha cambiado la grapadora de lugar. En la habitación hay un niño de un año de edad que comprende inmediatamente el problema del adulto y le ayuda señalando la grapadora perdida, que ahora se encuentra en un estante.

Para Tomasello, de estos y otros experimentos se extrae un concepto clave: los seres humanos desean ayudar a los demás de manera instintiva. En sus meticulosos intentos por comprender los orígenes de la cooperación entre personas, Tomasello y su equipo han intentado aislar el funcionamiento de este impulso humano y diferenciarlo del comportamiento de otras especies, sobre todo de los primates. Tras años de investigación, ha llegado a la conclusión de que “desde los primeros años de edad, cuando los niños empiezan a caminar, hablar y convertirse en verdaderos seres culturales, ya cooperan y se ayudan unos a otros en muchas situaciones (aunque no en todas, obviamente). Y esto no lo aprenden de los adultos, es algo natural”.1 Incluso los bebés de 14 a 18 meses de edad muestran la capacidad de ir a buscar objetos fuera de su alcance, eliminar obstáculos que estorban a otras personas, corregir errores de los adultos y elegir los comportamientos adecuados para una tarea determinada.

Como es lógico, los problemas surgen y se multiplican cuando los niños crecen y aprenden que hay personas en las que no pueden confiar y que otras no corresponden a los gestos de bondad. Los niños aprenden a internalizar las normas sociales y las expectativas éticas, sobre todo las que proceden de instituciones sociales. A medida que maduran, los niños asocian la escolarización al éxito económico, aprenden a envolver su reputación personal en una marca comercializable y encuentran satisfacción en comprar y vender.

Mientras que el drama de la aculturación se desarrolla de muchas formas distintas, la gran historia de la especie humana se basa en su versátil capacidad de cooperación. Tenemos el potencial único de expresar y actuar según nuestros objetivos compartidos. “Lo que realmente nos diferencia [como seres humanos] es la capacidad de aunar nuestros esfuerzos y hacer cosas que ninguno de nosotros podría hacer por su cuenta, creando así nuevos recursos que no podríamos crear de forma individual”, dice Tomasello. “En realidad se trata de comunicar(se), colaborar y trabajar juntos”. Somos capaces de hacer todo esto porque comprendemos que otros seres humanos tienen vidas interiores, emociones e intenciones. Somos conscientes de que existe una condición compartida que va más allá de una identidad estrecha y autorreferencial. Además, todas las identidades individuales forman parte de identidades colectivas que modelan la forma en que una persona piensa, actúa y soluciona problemas. Todos nos hemos visto influenciados por las relaciones que mantenemos con nuestros pares y la sociedad, por el lenguaje, las ceremonias y las tradiciones que conforman nuestras culturas.

En otras palabras: la idea de que somos individuos exitosos por nuestra propia cuenta es un espejismo. El yo aislado no existe como tal. Como veremos más adelante, cada uno de nosotros es en realidad un Yo interdependiente. No solo estamos integrados en nuestras relaciones sino que nuestras propias identidades se crean mediante las relaciones. El concepto del Yo interdependiente nos ayuda a entender mucho mejor la realidad que abarca la identidad y el desarrollo humanos. Nosotros, los seres humanos, somos en efecto la “especie cooperativa”, tal y como han apuntado los economistas Samuel Bowles y Herbert Gintis.2 La pregunta es: ¿impulsaremos el desarrollo de este profundo instinto humano? Y, si se fomenta la cooperación, ¿atenderá a los intereses de todos o se canalizará para servir fines individualistas y estrechos de miras?

 

Los comunes están por todas partes pero se suelen malinterpretar

 

En nuestros libros anteriores, The Wealth of the Commons (La riqueza del procomún, 2012) y Patterns of Commoning (Patrones de creación de procomún, 2015), documentamos decenas de comunes destacados, lo que sugiere que el alcance e impacto reales de la creación de procomún en la actualidad es considerable. Nuestra capacidad de autogestión con el fin de satisfacer nuestras necesidades, de forma ajena al Estado y al Mercado, se ve reflejada en los bosques comunitarios, las granjas y pesquerías gestionadas de forma cooperativa, las comunidades globales de diseño y fabricación de código abierto, las monedas locales y regionales y en infinidad de ejemplos en todos los ámbitos de la vida. El impulso humano innato de ayudar a los demás y mejorar las prácticas existentes madura hasta alcanzar una forma social estable con innumerables variaciones, es decir, un común.

El impulso a crear procomún en general o comunes específicos se desarrolla en las más variadas circunstancias: barrios urbanos empobrecidos, entornos afectados por desastres naturales, granjas de subsistencia en el corazón de África, redes sociales que convergen en el ciberespacio, etc. Sin embargo, el paradigma de los comunes rara vez se considera como forma social omnipresente, acaso porque generalmente vive eclipsado por el poder del Estado y del Mercado. No es reconocido como una fuerza social poderosa y una forma institucional por derecho propio. Hablar de procomún para nosotros es hablar de una Libertad interdependiente, es decir, de un espacio social en el que podemos redescubrirnos y rehacernos como seres humanos completos y disfrutar de un grado considerable de autodeterminación. El discurso en torno a los comunes y a la creación de procomún nos permite ver que las personas que trabajan de manera conjunta pueden crear sociedades más humanas, éticas y ecológicamente responsables. Imaginar un orden poscapitalista estable y solidario es viable. El propio acto de creación de procomún cataliza nuevas posibilidades políticas y económicas a medida que se extiende y asienta en la cultura predominante.

Hablemos claro: el procomún no es una fantasía utópica. Es algo que está ocurriendo ahora mismo. Lo podemos ver en innumerables pueblos y ciudades, en el Sur global y en el Norte industrial, en comunidades de software de código abierto y en redes cibernéticas mundiales. Nuestro primer reto es designar los numerosos actos de creación de procomún a nuestro alrededor y hacerlos fáciles de comprender culturalmente. Debemos ser capaces de distinguirlos y entenderlos para luego poder apoyarlos, protegerlos y expandirlos. Ese será el objetivo de los siguientes capítulos y la razón por la que proponemos un nuevo marco general para comprender los comunes y la creación de procomún.

El procomún y los comunes no conllevan únicamente compartir, como ocurre en muchísimas áreas de la vida. Se trata de compartir y además crear sistemas sociales duraderos para producir objetos y actividades que sean compartibles. Lo mismo ocurre con la falsa idea de la “tragedia de los comunes”, expresión popularizada por el biólogo Garrett Hardin en su famoso ensayo del mismo título que apareció en la prestigiosa revista Science en el año 1968.3 Paul Ehrlich acababa de publicar The Population Bomb (La bomba demográfica), un relato maltusiano de un mundo abrumado por la elevadísima población. En este contexto, Hardin expuso una parábola ficticia acerca de una pradera compartida sobre la que ningún pastor cuenta con ningún incentivo racional para limitar el pastoreo de su ganado. El resultado inevitable según Hardin es que cada pastor utilizará egoístamente la mayor cantidad posible del recurso común, lo que forzosamente dará lugar a un uso excesivo y a la ruina del mismo: esa es la llamada tragedia de los comunes. Hardin razonó que las posibles soluciones a este dilema serían otorgar derechos de propiedad privada al recurso en cuestión o hacer que el Gobierno lo administre como propiedad pública por orden de llegada.

El artículo de Hardin llegó a convertirse en el más citado de la historia de la revista Science y la expresión tragedia de los comunes se convirtió en un concepto cultural de moda. Su extravagante historia, repetida una y otra vez por economistas, políticos e investigadores sociales, ha convencido a la mayoría de que el procomún es un régimen de gestión abocado al desastre. Sin embargo, el análisis de Hardin contiene fallos considerables. ¡Lo más relevante es que no estaba describiendo un común! Lo que él describió es la ley de la selva, en la que no hay nada en propiedad y cualquiera puede hacerse con todo, es decir, un “recurso de uso comunitario no administrado”, que dirían algunos. Aunque tal y como ha sugerido el académico del procomún Lewis Hyde, la “tesis de la tragedia” de Hardin debería llevar el pícaro título “La tragedia de los recursos de uso comunitario neoliberales, no administrados y de fácil acceso a individuos egoístas que no se comunican entre sí”.4

En un común de verdad las cosas son muy distintas. Una comunidad en particular gobierna un recurso compartido y su utilización. Los usuarios negocian sus propias normas, asignan responsabilidades y derechos y establecen sistemas de monitorización para identificar y sancionar a los oportunistas. Los recursos finitos pueden sobreexplotarse, claro está, pero ese resultado está más asociado a los mercados libres que a los comunes. No es casualidad que la época actual, en la que los mercados capitalistas y los derechos privados de propiedad prevalecen en casi todas partes, haya dado lugar a la sexta extinción masiva de la historia del planeta, una pérdida de suelo fértil sin precedentes, perturbaciones en el ciclo hidrológico y una atmósfera calentándose peligrosamente.

Como veremos en este libro, el procomún tiene tantas facetas valiosas que no es posible incluir todas ellas fácilmente en una única definición. Sin embargo, resulta muy útil esclarecer que ciertos términos asociados frecuentemente al procomún en realidad no se corresponden con el procomún.

 

Qué es y qué no es un común: algunas aclaraciones

 

Los comunes son sistemas sociales vivos a través de los cuales las personas abordan problemas comunes de forma autogestionada. Desafortunadamente, hay quien usa el término erróneamente para describir cosas sin dueño como los océanos, el espacio o la luna, o recursos de propiedad colectiva como el agua, los bosques y la tierra. Todo esto hace que el término procomún se confunda a menudo con conceptos económicos que expresan una visión del mundo muy distinta. Términos como bienes comunes, recursos de uso comunitario y propiedad común no representan el procomún adecuadamente porque enfatizan los objetos y los individuos en vez de las relaciones y los sistemas. Estos son varios de los términos equívocos asociados al procomún:

Bienes comunes: término utilizado por la economía neoclásica para distinguir entre ciertos tipos de bienes: bienes comunes, bienes club, bienes públicos y bienes privados. Se dice que los bienes comunes son difíciles de cercar (en la jerga económica, son “no excluibles”) y susceptibles de agotarse (“rivales”). En otras palabras: los bienes comunes tienden a agotarse cuando los compartimos. La economía convencional supone que la excluibilidad y el agotamiento de un bien común son inherentes al bien mismo, pero nada más lejos de la verdad. No se trata de si el bien es excluible o no, sino si las personas están siendo excluidas o no. Implica una decisión social. De igual forma, el agotamiento de un bien común tiene mucho menos que ver con el bien en sí que con el uso que hagamos del agua, la tierra, el espacio o los bosques. De hecho, al calificar la tierra, el agua o el bosque como un “bien” los economistas están haciendo un juicio social: están suponiendo que es un recurso adecuado para la valoración y comercio mercantiles y esa es una presunción que una cultura distinta puede rechazar.

Recursos de uso común (RUC): término usado por los académicos del procomún, sobre todo siguiendo la estela de Elinor Ostrom, para analizar cómo gestionar recursos compartidos como zonas pesqueras, aguas subterráneas o áreas de pastoreo. Los recursos de uso común se consideran bienes comunes y, de hecho, el uso de esos términos es muy similar. Sin embargo, el término recurso de uso común se utiliza generalmente para explorar la forma en que las personas pueden utilizar un recurso compartido sin abusar de él.

Propiedad común: Mientras que un RUC hace referencia al recurso como tal, la propiedad común se refiere al sistema de derecho que otorga derechos formales de uso o acceso al mismo. Los términos RUC y bien común señalan al recurso en sí mismo, mientras que la propiedad común apunta al sistema legal que regula la forma en que las personas pueden utilizarlo. Por lo tanto, hablar de regímenes de propiedad es un registro muy distinto de representación a cuando nos referimos al agua, la tierra, las zonas de pesca y el código de software. Todos ellos pueden gestionarse mediante múltiples regímenes jurídicos diferentes; los recursos y los regímenes jurídicos son cosas distintas. Los comuneros pueden decidir usar un régimen de propiedad común, pero ese régimen no constituye un común en sí mismo.

Común (sustantivo): Si bien algunos tradicionalistas utilizan el término “lo común/comunal” en vez de “procomún” para hacer referencia a la tierra o el agua compartida, los teóricos culturales Antonio Negri y Michael Hardt dieron un nuevo giro al término común en su libro de 2009 titulado Commonwealth. Utilizan lo común para enfatizar los procesos sociales en los que participan las personas cuando cooperan y para distinguir esta idea de los bienes comunes como recurso físico. Hardt y Negri señalan que lo común está conformado por “los lenguajes que creamos, las prácticas sociales que establecemos y las maneras de socializar entre nosotros que definen nuestras relaciones”. Para ellos, el común es una forma de “producción biopolítica”, que apunta a una esfera más allá de la propiedad que existe de forma paralela a lo privado y lo público pero que se desarrolla cuando participa nuestro yo afectivo. Aunque sea similar a nuestro uso del término comunizar (común o procomún como verbo), los usos del término común de Hardt y Negri parecen incluir todo tipo de cooperación, sin tener en cuenta su objetivo, así que también incluiría a las bandas y la mafia.

El bien común: este término, utilizado desde la Antigüedad griega, hace referencia a resultados positivos para todas las personas que conforman la sociedad. Es una generalidad brillante, pero sin un significado claro porque prácticamente todos los sistemas políticos y económicos afirman producir el mayor beneficio para todos.

 

Los comunes en la vida real

La mejor forma de familiarizarse con los comunes es conocer algunos ejemplos de la vida real, así que a continuación exponemos cinco breves descripciones para ofrecer una mejor comprensión de los contextos del procomún, sus realidades específicas y su gran diversidad. Los ejemplos nos ayudan a comprender el procomún, por un lado, como un paradigma general de gobernanza, sustento integral y práctica social (una cosmovisión y ética, podría decirse) y, por otro, como un fenómeno de lo más particular. Cada común es único. No existen modelos polivalentes o “mejores prácticas” que definan qué es un común o la práctica de creación de procomún, tan solo experiencias sugerentes y patrones instructivos.

 

El campo de refugiados Zaatari

El campo de refugiados Zaatari en Jordania es un asentamiento de más de 80 000 sirios desplazados que comenzaron a llegar en el año 2012. El campo puede parecer un ejemplo poco probable de las ideas de este libro, pero en medio de un entorno desolador las personas han diseñado enormes y muy elaborados sistemas de refugios vivienda, barrios, carreteras e incluso un sistema de domicilios. Según Kilian Kleinschmidt, un funcionario de Naciones Unidas que en el pasado estuvo a cargo del lugar, en el año 2015 el campamento de Zaatari contaba con “14 000 viviendas, 10 000 colectores de aguas residuales y baños privados, 3 000 lavadoras, 150 huertas privadas y 3 500 nuevos comercios y tiendas”. Un periodista que visitaba el campo señaló que algunas de las casas más elaboradas se han “improvisado con refugios, tiendas de campaña, bloques de hormigón y contenedores de transporte, y cuentan con patios interiores, inodoros privados y cloacas chapuceras”. El asentamiento tiene una barbería, una tienda de mascotas, una floristería y un negocio de helados caseros. Hay un servicio de entrega de pizzas y una agencia de viajes que ofrece servicio de transporte desde el aeropuerto. La vía principal de Zaatari se llama Campos Elíseos.5

Como es obvio, Zaatari sigue siendo un lugar problemático con muchos dilemas y el Estado jordano y Naciones Unidas siguen al cargo. Pero lo que hace que destaque como campo de refugiados es el importantísimo papel que ha desempeñado la participación horizontal en la construcción autogestionada de una ciudad improvisada pero estable. No se trata simplemente de un campamento de supervivencia provisional donde la precaria población hace cola para obtener comida, los administradores prestan servicios y se trata a las personas como víctimas indefensas. En cambio, es un lugar donde los refugiados han sido capaces de utilizar su propia energía e imaginación para construir el asentamiento. Han sido capaces de asumir cierta responsabilidad para gobernarse a sí mismos y ser dueños de sus propias vidas, ganándose de esta forma cierto grado de una muy necesitada dignidad. Se podría decir que los administradores y residentes de Zaatari han reconocido, aunque sea a medias, las virtudes del procomún. La experiencia de Zaatari demuestra el poder de la autogestión, un concepto central en los comunes.

 

Buurtzorg Nederland

En la ciudad neerlandesa de Almelo, al enfermero Jos de Block le preocupaba el declive constante de la asistencia domiciliaria: “La calidad era cada vez peor, la satisfacción de los clientes disminuía y los gastos aumentaban”, decía. De Block y un pequeño equipo de enfermeros profesionales decidieron crear una nueva organización de asistencia médicadomiciliaria llamada Buurtzorg Nederland.6 En vez de estructurar el cuidado de los pacientes como una cinta transportadora de fábrica, es decir, ofreciendo unidades de servicios de mercado con unas divisiones del trabajo estrictas, la empresa de atención domiciliaria cuenta con pequeños equipos de enfermeros altamente cualificados y autodirigidos que atienden a entre cincuenta y sesenta personas del mismo barrio (el nombre de la organización, Buurtzorg, significa cuidado del vecindario en neerlandés). El cuidado es holístico y se centra en las múltiples necesidades personales del paciente, sus circunstancias sociales y enfermedades crónicas.

Lo primero que hace una enfermera cuando visita a un nuevo paciente es sentarse y hablar tomando una taza de café. Tal y como dice de Block, “las personas no son bicicletas que se puedan organizar según un organigrama”. En este sentido, las enfermeras de Buurtzorg llevan a cabo la lógica de “pasar tiempo” (en un común) en vez de “ahorrar tiempo” para ser competidores más eficientes. Resulta curioso que enfatizar el pasar más tiempo con los pacientes se traduzca en una menor necesidad de tiempo de atención profesional. Si nos paramos a pensar en ello, tampoco es una sorpresa: los cuidadores simplemente tratan de hacer que su labor sea irrelevante en la vida de los pacientes cuanto antes, lo que anima a los pacientes a ser más independientes. Un estudio realizado en el año 2009 demostró que los pacientes de Buurtzorg son dados de alta el doble de rápido que los clientes de la competencia y terminan reclamando tan solo el 50 % de las horas de atención prescritas.7

Las enfermeras ofrecen una gama completa de asistencia a los pacientes, desde procedimientos médicos hasta servicios de apoyo en actividades como el baño. También identifican las redes de apoyo informal que el paciente tiene en su entorno, promueven su vida social y favorecen el autocuidado y la independencia.8 Buurtzorg está autogestionado por los (propios) enfermeros. El proceso se lleva a cabo mediante una estructura organizativa horizontal simple y tecnología de la información, incluyendo el uso de blogs inspiradores del mismo de Blok. Buurtzorg opera de manera eficaz a gran escala sin la necesidad de ninguna jerarquía ni consenso. En el año 2017 Buurtzorg empleaba a cerca de 9 000 enfermeras que cuidan de 100 000 pacientes en los Países Bajos y están llevando a cabo iniciativas internacionales en Estados Unidos y Europa.9

Resulta que la reconceptualización de la asistencia sanitaria a domicilio de Buurtzorg ofrece como resultado un trato humano de alta calidad a un coste relativamente bajo. Para el año 2015 la atención domiciliaria de Buurtzorg había reducido las visitas a urgencias en un 30 %, según un estudio de KPMG, y ha reducido los gastos de cuidados a domicilio de los contribuyentes.10 Además, según un estudio realizado por Ernst & Young, Buurtzoorg cuenta con la plantilla laboral más satisfecha de todas las empresas neerlandesas con más de mil empleados.11

 

WikiHouse

En el año 2011 Alastair Parvin y Nicholas Ierodiaconou, recién licenciados en arquitectura, se unieron a un estudio de diseño londinense llamado Zero Zero Architecture, donde pudieron experimentar con sus ideas sobre el diseño abierto. Se preguntaban: ¿y si los arquitectos, en vez de crear edificios para los que pueden permitirse su encargo, ayudaran a los ciudadanos de a pie a diseñar y construir sus propias casas? Esta idea tan sencilla es la piedra angular de un sorprendente kit de construcción de viviendas de código abierto. Parvin y Ierodiaconou se dieron cuenta de que la tecnología conocida como fabricación por control numérico computarizado (CNC por sus siglas en inglés, Computer Numerical Control) les permitiría realizar diseños digitales que podrían utilizarse para fabricar grandes tableros de madera contrachapada u otros materiales. Esto les llevó a desarrollar la idea de publicar archivos de código abierto para casas, con el fin de que la gente pudiera modificar y mejorar los diseños según sus circunstancias, y que mano de obra no cualificada pudiera levantar la estructura básica de una casa de forma rápida y barata. Este nuevo sistema de diseño y construcción recibió el nombre de WikiHouse.12

Desde sus modestos inicios, WikiHouse ha crecido hasta convertirse en una comunidad de diseño global. En el año 2017 contaba con once agencias en países de todo el mundo. Cada una de ellas trabaja independientemente de la WikiHouse original, que ahora es una fundación sin ánimo de lucro que comparte la misma misión. Dicho de otro modo: los participantes de WikiHouse quieren “ofrecer soluciones de diseño a todos los ciudadanos y empresas del planeta para la construcción de viviendas de bajo coste, de bajo consumo energético y de alto rendimiento”. Quieren animar a la gente a PRODUCIR COSMOLOCALMENTE, un patrón descrito en el Capítulo 6, y “fomentar una nueva industria inmobiliaria distribuida, formada por muchos ciudadanos, comunidades y pequeñas empresas que desarrollen casas y barrios para sí mismos, reduciendo de esta forma nuestra dependencia del sistema inmobiliario vertical sobreendeudado”.

Los estatutos de WikiHouse, compuestos por quince principios, establecen los pilares tecnológicos, económicos y metodológicos de la construcción de viviendas de código abierto, constituyendo uno de los muchos ejemplos de cómo los comuneros pueden CULTIVAR PROPÓSITOS Y VALORES COMPARTIDOS al desarrollar la Gobernanza P2P (ver Capítulo 5). Incluye ideas centrales tales como estándares de diseño para reducir los umbrales de tiempo, coste, habilidades y energía necesarios para construir una casa; estándares abiertos y licencias de código abierto ShareAlike para elementos de diseño y el empoderamiento de los usuarios para reparar y modificar las características de sus viviendas. El objetivo de WikiHouse al invitar a los usuarios a adaptar los diseños y las herramientas a sus propias necesidades es el de ofrecer un amplio conjunto de herramientas convivenciales, tal y como las describe el crítico social Ivan Illich. Las herramientas no deben intentar controlar a las personas al obligar a hacer las cosas de forma restringida. Los cifrados y obstáculos para su reparación no deben suponer una carga para el software. Las herramientas convivenciales están diseñadas para dar rienda suelta a la creatividad y autonomía personales.13

 

Agricultura sostenida por la comunidad (ASC)

Cualquier sábado por la mañana en Hadley, un tranquilo pueblo de Massachusetts (Estados Unidos), verás a familias que acuden a la granja Next Barn Over [El granero de al lado] para recoger alubias y fresas de los campos, cortar flores y hierbas aromáticas y recoger su participación semanal de patatas, col, cebollas, rábanos, tomates y otros productos. Next Barn Over es una granja sostenida por la comunidad, lo que significa que las personas compran participaciones de la cosecha estacional de la granja por adelantado y luego recogen productos frescos semanalmente de abril a noviembre. Es decir, los miembros de la granja reúnen el dinero antes de la producción y dividen la cosecha entre todos sus miembros. Esta práctica, utilizada en miles de granjas sostenidas por la comunidad en todo el mundo, nos inspiró para identificar el patrón AUNAR, LIMITAR Y REPARTIR como una característica esencial de la economía del procomún (ver Capítulo 6).

Una participación pequeña para dos personas en Next Barn Over cuesta 415 dólares y una participación grande para seis personas, 725 dólares. El hecho de que los miembros compren participaciones de la cosecha al principio de la temporada permite que los agricultores tengan el capital de trabajo que necesitan y de esta forma se comparten los riesgos de la producción como el mal tiempo, las enfermedades de los cultivos o los problemas con la maquinaria. Se podría decir que FINANCIAN EL SUSTENTO INTEGRAL DEL PROCOMÚN.

Sin embargo, una granja sostenida por la comunidad no es un modelo de negocio en sí mismo porque el objetivo no es obtener beneficios sino que las familias y los agricultores se apoyen mutuamente para cultivar alimentos saludables de forma ecológicamente responsable. Todas las cosechas de las trece hectáreas que conforman Next Barn Over son orgánicas/ecológicas. La fertilidad del suelo se mejora mediante el uso de cultivos de cobertura, fertilizantes orgánicos, compost y estiércol, además de realizar una rotación regular de cultivos para reducir plagas y enfermedades. La granja utiliza placas solares colocadas en el tejado del granero. Los sistemas de riego por goteo minimizan el gasto de agua. Además, Next Barn Over también organiza cenas periódicamente donde las familias pueden socializar, bailar al ritmo de la música de las bandas locales y aprender más sobre la realidad de cultivar en un ecosistema local.

Desde la fundación de la primera granja sostenida por la comunidad en el año 1986, el proyecto ha crecido hasta convertirse en un movimiento internacional de más de mil setecientas granjas únicamente en los Estados Unidos en el año 2018, y cientos más repartidas por todo el mundo. Aunque algunas de la granjas estadounidenses operen casi como negocios, la filosofía original del proyecto sigue siendo sólida: intentar desarrollar nuevas formas de cooperación entre agricultores, trabajadores y miembros que, básicamente, son consumidores. Algunos se han visto inspirados por el teikei, un modelo similar muy difundido en Japón desde los años 70. El término significa cooperación o negocio compartido y también se centra en la agricultura a pequeña escala, la agricultura orgánica y las relaciones directas entre agricultores y consumidores. Uno de los creadores del teikei, la Asociación Japonesa de Agricultura Orgánica, establecida en 1971, ha manifestado su deseo de “desarrollar un sistema de distribución alternativo que no dependa de los mercados convencionales”.14

En la actualidad la experiencia de la agricultura sostenida por la comunidad está inspirando a numerosos proyectos regionales de agricultura y distribución de alimentos en todo el mundo con un mismo objetivo: empoderar a los agricultores y a los ciudadanos de a pie, fomentar las economías locales y evitar los problemas causados por la agricultura corporativa (pesticidas, transgénicos, aditivos, alimentos procesados, costes de transporte, etc.). El modelo socioeconómico de la agricultura sostenida por la comunidad es tan sólido que el Schumacher Center for a New Economy (Centro Schumacher para una nueva economía), que ayudó a incubar la primera granja sostenida por la comunidad, está ahora desarrollando la idea de una “industria sostenida por la comunidad” (CSI por sus siglas en ingés, Community-Supported Industry) que produzca a nivel local. La idea es utilizar los principios de la mutualización comunitaria para emprender negocios locales y apoyarlos (una fábrica de muebles, una fábrica de conservas de compota de manzana, un matadero más humanitario) con el fin de aumentar la autosuficiencia a nivel local. ¿Por qué no apostar también por una reciprocidad sostenida por la comunidad para producir casas, bicicletas o herramientas?

 

Las granjas SoLaWi de Alemania también están inspiradas en la agricultura sostenida por la comunidad. Desde el establecimiento de la primera ASC en los Estados Unidos en 1986, un movimiento internacional ha ido tomando forma. La red SoLaWi de Alemania es un buen ejemplo de ello.

 

Todos los jueves los miembros de Heilbronn SoLaWi15 (Agricultura Solidaria de Heilbronn, Solidarischen Landwirtschaft en alemán) se dirigen al cercano almacén de verduras. El lugar de recogida de la autora se encuentra en el sótano de una casa privada. El acceso es fácil y provoca curiosidad todas las semanas. Cestas repletas de patatas, pimientos rojos, tomates, cebollas, col china, cebollino, judías verdes, alcachofas, achicoria roja y otros productos frescos de temporada esperan allí a que vengan a recogerlos una vez a la semana durante el verano y una semana sí y otra no durante el invierno. Al lado hay una lista con las cantidades que recibe cada hogar. Llenar la cesta propia con sorpresas es todo un placer. Durante el verano, los coloridos productos irradian energía vital, mientras que en el invierno dominan los tonos tierra. Empaqueto todo, tacho mi nombre de la lista para que todo el mundo sepa lo que ya se ha repartido y me llevo mi provisión de verduras de cultivo biodinámico a casa. Si no me gusta algo, lo pongo en la caja de intercambio y me llevo algo diferente. La cantidad que cargo en mi cesta no tiene nada que ver con el dinero a la hora de la recogida. Depende de la cosecha. A su vez, la cosecha depende de muchos factores: la calidad de las semillas y el terreno, las condiciones climáticas y meteorológicas, el emplazamiento, la pericia e incluso el ambiente de la granja. La cesta contiene mi participación en la cosecha, de acuerdo con el lema de SoLaWi: ¡Comparte la cosecha! Huelga decir que únicamente se puede compartir lo que está allí, lo que se ha sembrado, cuidado, cosechado y traído hasta los almacenes. También cuesta dinero, claro. Y ese es uno de los aspectos clave del modelo: antes de cultivar, todos los participantes se comprometen a hacer una contribución mensual, válida para un año, generalmente. Estos pagos aseguran el sueldo de los que trabajan en las granjas, así como la financiación de cualquier cosa que se necesite para los cultivos. Esta aportación normalmente se traduce en una ronda de subastas anónima. En primer lugar, se calcula el presupuesto necesario para financiar todo un año de producción y se explica a todos los miembros. Después empieza la primera, segunda y tercera ronda. Todos calculan cuánto pueden y quieren contribuir mensualmente y hacen su oferta. En mi SoLaWi utilizamos nuestros teléfonos: todos miramos las pantallas de nuestros teléfonos por un momento y después la pantalla de la pared, donde se muestran las contribuciones que se van añadiendo a tiempo real. Si la cantidad necesaria se consigue en una primera ronda, el proceso puede concluir. No obstante, normalmente se necesitan dos y a veces tres rondas. Tampoco es raro que se establezca una contribución mínima que sea significativamente menor a la contribución media.

 

En contraposición a los precios fijos, las rondas de subastas facilitan la solidaridad, no solo para con los productores sino también entre los miembros. Dado que básicamente uno mismo elige su propia cuota, las personas con ingresos bajos también pueden participar. Quien menos tiene, ofrece menos. Quienes más tienen, ofrecen más. Es así de simple. Y funciona a las mil maravillas. Todos saben a cuánto asciende la contribución media al principio del proceso. En nuestro SoLaWi, la contribución media fue de 85 € por entidad y mes durante el año fiscal 2019. Este tipo de información sobre el propio proceso no solo arroja transparencia sobre los costes de producción, sino que también crea conciencia en aquellos que no tienen una relación directa con la agricultura, ya que se enteran si el invernadero está dañado, si el tractor necesita una reparación o de lo cara que será la factura del agua cuando hay sequía. En términos económicos, lo curioso de SoLaWi es que las personas se reúnen antes de la producción y comparten el rendimiento de la cosecha, independientemente de cómo esta sea más adelante. Así es como funciona la agricultura sostenida por la comunidad en Alemania, pero también en miles de casos por todo el mundo. Esta práctica nos inspiró para formular AUNAR, LIMITAR Y DIVIDIR como patrón de Sustento Integral (Capítulo 6). Cuando los miembros hacen sus ofertas, ofrecen a los granjeros y agricultores el capital de trabajo necesario, lo que significa que asumen los riesgos de producción de forma conjunta y financian la producción del procomún (Capítulo 5). Cuando estoy en el almacén de recogida, no me llevo ningún producto16 con un precio.17 Esta es una diferencia importante de la manera en la que funciona la actividad económica tal y como la conocemos. Una similitud es que también producimos según la división del trabajo. Al final no se trata de que todos hagamos nuestro propio pan y cortemos nuestra propia leña, sino de que compartamos los riesgos de producción e implementemos los modelos adicionales que se explican en el Capítulo 6. Esta dinámica cambia la relación entre todos los participantes y el proceso económico al completo. Ningún agricultor de SoLaWi tiene que solicitar ayudas al Gobierno por las malas cosechas. Los riesgos (mal tiempo, plagas, defectos en la maquinaria) se asumen de forma conjunta por personas que al principio ni siquiera se conocían. Hay muchas oportunidades de socializar y conocer al resto de las personas del colectivo: fiestas en la granja, asambleas generales anuales o simplemente ayudando en el propio colectivo. Como en cualquier otro común, el RITUALIZAR LAS DINÁMICAS SOCIALES (Capítulo 4) siempre es una buena idea. Las granjas SoLaWi no son solo “otro modelo de negocio agrícola”, sino un ejemplo para otras formas de producción que pueden derivar en la regionalización y la medioambientalización de la producción alimentaria. Desde hace más de dos décadas, “nuestro agricultor” ha ido mejorado la fertilidad de la tierra y durante los últimos años lo hace como “agricultor SoLaWi”. Es algo que podemos saborear y ver en los propios campos. El compost se hace con malas hierbas. El terreno es fértil. La vegetación circundante es más diversa. Alrededor de la granja resulta muy fácil distinguir qué campos pertenecen a SoLaWi y cuáles no.

 

La red de Agricultura Solidaria se actualiza de forma constante en un mapa que muestra todas las SoLaWi existentes y todas las nuevas iniciativas se difunden mediante un boletín informativo.18

 

Desarrollo de la agricultura solidaria en Alemania de 1988 a 2018 (compilación propia)

Año Número de SoLaWi
1988-2003 1
1998-2003 3
2007 9
2013 39
2015 (Abril) 79
2016 >100
2018 (Diciembre) aprox. 200

 

 

Guifi.net
La mayoría de las personas suponen que solo una gran empresa de cable y fibra óptica o telecomunicaciones con contactos políticos y mucho capital puede construir la infraestructura necesaria para ofrecer servicio Wi-Fi. Sin embargo, la rudimentaria cooperativa Guifi.net de Cataluña es prueba fehaciente de que esto no es así. La empresa ha demostrado que los comuneros son totalmente capaces de construir y mantener conexiones a Internet de gran calidad y asequibles para todos. Comprometida con los principios de propiedad mutua, neutralidad de la red y control comunitario, Guifi.net ha pasado de ser un único nodo de Wi-Fi en el año 2004 a más de 35 000 nodos y 63 000 kilómetros de conexión inalámbrica en julio de 2018, especialmente en la Cataluña rural.

Guifi.net comenzó cuando Ramón Roca, un ingeniero español de la compañía Oracle, pirateó algunos routers disponibles para que operasen como nodos en un sistema de red en malla mientras estaban conectados a una sola línea DSL propiedad de la compañía Telefónica que daba servicio al ayuntamiento. Este sistema amañado permitía que las personas enviaran y recibieran datos de Internet utilizando otros routers pirateados de forma similar. A medida que se corrió la voz, el invento de Roca para hacer frente al escaso acceso a Internet se impuso rápidamente. Tal y como relata la revista Wired, Guifi.net amplió su sistema mediante un micromecenazgo improvisado: “Se trataba de anunciar un plan, explicar sus costes y pedir ayuda/contribuciones”, dice Roca. Los pagos no iban dirigidos a Guifi.net sino a los suministradores de equipo y servicios de red del proveedor de servicios de Internet (ISP por sus siglas en inglés, Internet Service Provider). Todas estas iniciativas sentaron las bases no solo para la construcción de una red general sino también para la creación de una serie de proveedores de servicios de Internet. Lo que Guifi.net hizo fue Aunar y compartir (ver Capítulo 6) ya que aunó los recursos y compartió el acceso a Internet.

En el año 2008 Guifi.net estableció una fundación asociada para ayudar a coordinar a los voluntarios, las operaciones de la red y la gestión de todo el sistema. En palabras de Wired, la fundación “controlaba el tráfico de la red hacia los proveedores y entre ellos, se conectaba al “intercambiador” principal de datos ofreciendo un volumen enorme de ancho de banda entre España y el resto del mundo, planificaba la implantación de fibra óptica y, lo que es más importante, desarrollaba sistemas para garantizar que los proveedores de servicios de Internet pagaran la parte que les correspondía de los costes totales de gestión de red y datos”.21

El proyecto al completo se rige por un Acuerdo para una red libre, abierta y neutral, una carta que enumera los principios clave en los que se basa el común de Guifi.net y los derechos y libertades de sus usuarios:

* Tienes la libertad de usar la red para cualquier fin siempre y cuando no perjudique el funcionamiento de la propia red, los derechos de otros usuarios o los principios de neutralidad que permiten que los contenidos y servicios fluyan sin interferencias deliberadas.
* Tienes derecho a comprender la red y sus componentes y compartir el conocimiento de sus mecanismos y principios.

* Tienes derecho a ofrecer servicios y contenido a la red según tus propias condiciones.
* Tienes derecho a unirte a la red y la obligación de compartir este conjunto de derechos con cualquier persona según estos mismos términos.

 

Todo usuario de la infraestructura de Guifi.net en Cataluña, ya sea un usuario a nivel individual, un pequeño comercio, el Gobierno o pequeños proveedores de servicios de Internet, está comprometido con el “desarrollo de una red de telecomunicaciones neutral, libre y abierta basada en el procomún”. Como resultado, Guifi.net ofrece un servicio de banda ancha mucho mejor y más barato que el que reciben los estadounidenses, por ejemplo, quienes pagan un precio muy alto al oligopolio de banda ancha (un promedio de 70 euros mensuales el año 2017) por una conexión más lenta y un servicio al cliente deficiente, mientras que los proveedores de servicios de Internet que usaba Guifi.net en el año 2016 cobraban de 18 a 35 euros al mes por conexiones de fibra de un gigabyte y precios mucho más bajos por Wi-Fi. Los comunes son increíblemente eficientes en términos de dinero, como señaló una vez Wolfgang Sachs. Nos permiten depender menos del dinero y, por lo tanto, ser más libres ante la coerción estructural de los mercados.

Además, tal y como explicó el defensor de la tecnología abierta Sascha Meinrath, la experiencia de Guifi.net demuestra que es totalmente posible construir “una infraestructura de banda ancha a gran escala y de propiedad local en más lugares que los operadores actuales de telecomunicaciones”.22 La mutualización de los costes y beneficios en un régimen de procomún cumple un papel importante en este éxito.

 

Comprender el procomún holísticamente

¿Cómo encontrarles sentido a estos comunes tan dispares? A menudo las personas nuevas en la materia se echan las manos a la cabeza confundidas porque no pueden discernir fácilmente los patrones esenciales que conforman un común. Encuentran desconcertante que tantos fenómenos distintos puedan describirse con el mismo término. Es cuestión de entrenar la percepción propia de cada uno. Todos estamos familiarizados con el término libre mercado aunque sus múltiples variaciones (mercado bursátil, tiendas de comestibles, cine, minería, servicios personales, mano de obra) sean tan eclécticas como las del procomún. No obstante, desde un punto de vista cultural, la diversidad de los mercados nos resulta algo normal mientras que la diversidad de los comunes es casi invisible.

La raro es que casi no existe un lenguaje popular que nos ayude a comprender los comunes contemporáneos. El estudio de las ciencias sociales sobre este tema a menudo es desconocido y altamente especializado y la literatura económica suele considerar los comunes como recursos físicos y no como sistemas sociales. Sin embargo, es más sensato centrarse en las similitudes que comparten que centrarse en el recurso del que depende cada común. Todos los comunes dependen de procesos sociales, del intercambio de conocimientos y de recursos físicos. Todos ellos comparten los mismos desafíos al aunar la esfera social, política (gobernanza) y económica (sustento integral) en un todo integrado.

 

Todos los comunes se basan en recursos naturales.

Todos los comunes son comunes de conocimiento.

Todos los comunes dependen de un proceso social.

 

Por lo tanto, gran parte de nuestro reto consiste en recuperar la olvidada historia social de los comunes y entender cómo se aplica a las circunstancias actuales. Esto requiere un marco conceptual, un nuevo lenguaje e historias que todos podamos comprender. Explicar el procomún con el vocabulario del capital, los negocios y la economía estándar no funciona. Es como usar metáforas de relojería y maquinaria para explicar sistemas vivos complejos. Para aprender cómo funcionan los comunes en realidad, necesitamos escapar de los hábitos de pensamiento profundamente arraigados y cultivar perspectivas nuevas.

Esta tarea se hace más fácil cuando nos percatamos de que no existe un modelo o patrón universal único para evaluar un común. Cada uno lleva las marcas distintivas de sus propios orígenes, cultura, población y contexto. Sin embargo, existen muchos patrones de creación de procomún esenciales y recurrentes que nos permiten hacer algunas generalizaciones prudentes. Comunes que en apariencia son muy dispares a menudo tienen muchas similitudes en la forma en que se gobiernan a sí mismos, dividen los recursos, se protegen contra los cercamientos y cultivan el propósito compartido. Dicho de otro modo, los comunes no son máquinas estandarizadas que puedan construirse a partir de un mismo prototipo sino que son sistemas vivos que evolucionan, se adaptan con el tiempo y nos sorprenden con su creatividad y alcance.

El término que utilizamos en este contexto, patrones, merece una breve explicación. Nuestro uso deriva de las ideas desarrolladas por el arquitecto y filósofo Christopher Alexander en su famoso libro de 1977 A Pattern Language (Un lenguaje de patrones, 1980). Estas ideas se desarrollan aún más en su obra maestra de cuatro volúmenes titulada The Nature of Order (La naturaleza del orden, 2003) que es el resultado de 27 años de investigación e ideas revolucionarias. Alexander y sus coautores entremezclan de forma brillante una perspectiva científica empírica con ideas sobre el papel formativo de la belleza y la elegancia en la vida cotidiana y el diseño, dando como resultado lo que para los comunes podríamos llamar vidalización.23

Según Alexander, un patrón describe “un problema que sucede una y otra vez en nuestro entorno e identifica el núcleo de la solución a dicho problema de forma que se pueda utilizar miles de veces sin tener que repetirla una sola vez”.24 Es decir, ni el pensamiento basado en patrones ni sus soluciones se encuentran descontextualizados ni desconectados de lo que pensamos y sentimos. Sugerimos estudiar con detenimiento los patrones subyacentes a los procesos sociales que han tenido éxito para así inspirarnos, teniendo en cuenta que un común exitoso no es algo que se pueda copiar y pegar. Cada uno debe desarrollar soluciones adecuadas, localizadas y específicas para cada contexto y satisfacer necesidades prácticas así como aspiraciones e intereses humanos más profundos.

En este libro intentamos identificar los patrones que actualmente conforman una creciente constelación de comunes en todo el mundo: el llamado Comuniverso. A la hora de describir este ámbito hemos adoptado un enfoque descriptivo y aspiracional; descriptivo al evaluar cómo funcionan los distintos comunes y aspiracional al intentar imaginar cómo las dinámicas de creación de procomún ya conocidas pueden extenderse y convertirse en un sector especializado de la cultura y economía política. Hacemos uso de las ciencias sociales para debatir importantes aspectos de los comunes, pero también nos basamos en nuestras propias experiencias con los comuneros y aprendemos de sus extraordinarias comunidades. Nuestro deseo es detallar un campo fértil y lleno de matices de creatividad humana y organización social que ha sido ignorado durante mucho tiempo, asegurando al lector que el procomún no es un terreno tan complicado y oscuro como para que solo los profesionales puedan comprenderlo. De hecho, los comunes surgen gracias a que personas normales hacen cosas bastante normales que tan solo parecen inusuales en sociedades orientadas al mercado.

En el transcurso de nuestros viajes nos ha asombrado el amplio abanico de circunstancias en las que prospera la creación de procomún y eso nos ha llevado a preguntarnos: ¿por qué tantas de las conversaciones sobre los comunes se centran en las categorías económicas del análisis (tipos de bienes, asignación de recursos, productividad o costes de transacción) cuando los comunes son principalmente sistemas sociales que satisfacen necesidades compartidas? Esta pregunta nos embarcó en un proceso de reconceptualización, en el más amplio sentido de la palabra, de lo que significa participar en la creación de procomún.

Creemos que esta perspectiva contribuye a dar un giro paradigmático más amplio. Nos ayuda a redefinir el propio concepto de economía y a ampliar el ámbito funcional de la acción democrática. Los comunes satisfacen necesidades reales al tiempo que modifican la cultura y la identidad. Influyen en nuestra ética, prácticas sociales y cosmovisión y, con ello, cambian el rumbo de la política. Para poder comprender estas corrientes tan profundas es necesario contar con un marco más amplio que nos ayude a encontrarle el sentido al procomún para así explicar mejor las dinámicas internas de la Gobernanza P2P y el Sustento Integral, así como los elementos que la creación de procomún comparte con la economía política y con nuestras propias vidas interiores. En resumen: debemos comprender que el procomún requiere una nueva visión del mundo.

Capítulo 1: Los comunes y la creación de procomún

 

¿Pueden las personas realmente aprender a cooperar entre sí a gran escala y de forma cotidiana? Hay muchas pruebas que sugieren que sí es posible. No existe ningún impedimento genético innato para la cooperación, sino más bien todo lo contrario. En un experimento memorable llevado a cabo por el psicólogo comparatista y evolutivo Michael Tomasello, un niño espabilado observa cómo un hombre cargado con muchos libros se choca repetidamente contra la puerta de un armario. El niño está preocupado porque parece que el adulto no puede abrir el armario, así que camina de forma espontánea hasta la puerta y la abre, invitando al adulto inepto a colocar los libros en el armario. En otro experimento, un adulto intenta poner una pieza azul sobre un montón de piezas ya colocadas pero fracasa una y otra vez. Un niño sentado frente al torpe adulto toma las piezas caídas y las coloca cuidadosamente una a una en la parte superior del montón. En otra prueba un adulto abandona la habitación tras haber estado grapando papeles y, al volver con más hojas, descubre que alguien ha cambiado la grapadora de lugar. En la habitación hay un niño de un año de edad que comprende inmediatamente el problema del adulto y le ayuda señalando la grapadora perdida, que ahora se encuentra en un estante.

Para Tomasello, de estos y otros experimentos se extrae un concepto clave: los seres humanos desean ayudar a los demás de manera instintiva. En sus meticulosos intentos por comprender los orígenes de la cooperación entre personas, Tomasello y su equipo han intentado aislar el funcionamiento de este impulso humano y diferenciarlo del comportamiento de otras especies, sobre todo de los primates. Tras años de investigación, ha llegado a la conclusión de que “desde los primeros años de edad, cuando los niños empiezan a caminar, hablar y convertirse en verdaderos seres culturales, ya cooperan y se ayudan unos a otros en muchas situaciones (aunque no en todas, obviamente). Y esto no lo aprenden de los adultos, es algo natural”.1 Incluso los bebés de 14 a 18 meses de edad muestran la capacidad de ir a buscar objetos fuera de su alcance, eliminar obstáculos que estorban a otras personas, corregir errores de los adultos y elegir los comportamientos adecuados para una tarea determinada.

Como es lógico, los problemas surgen y se multiplican cuando los niños crecen y aprenden que hay personas en las que no pueden confiar y que otras no corresponden a los gestos de bondad. Los niños aprenden a internalizar las normas sociales y las expectativas éticas, sobre todo las que proceden de instituciones sociales. A medida que maduran, los niños asocian la escolarización al éxito económico, aprenden a envolver su reputación personal en una marca comercializable y encuentran satisfacción en comprar y vender.

Mientras que el drama de la aculturación se desarrolla de muchas formas distintas, la gran historia de la especie humana se basa en su versátil capacidad de cooperación. Tenemos el potencial único de expresar y actuar según nuestros objetivos compartidos. “Lo que realmente nos diferencia [como seres humanos] es la capacidad de aunar nuestros esfuerzos y hacer cosas que ninguno de nosotros podría hacer por su cuenta, creando así nuevos recursos que no podríamos crear de forma individual”, dice Tomasello. “En realidad se trata de comunicar(se), colaborar y trabajar juntos”. Somos capaces de hacer todo esto porque comprendemos que otros seres humanos tienen vidas interiores, emociones e intenciones. Somos conscientes de que existe una condición compartida que va más allá de una identidad estrecha y autorreferencial. Además, todas las identidades individuales forman parte de identidades colectivas que modelan la forma en que una persona piensa, actúa y soluciona problemas. Todos nos hemos visto influenciados por las relaciones que mantenemos con nuestros pares y la sociedad, por el lenguaje, las ceremonias y las tradiciones que conforman nuestras culturas.

En otras palabras: la idea de que somos individuos exitosos por nuestra propia cuenta es un espejismo. El yo aislado no existe como tal. Como veremos más adelante, cada uno de nosotros es en realidad un Yo interdependiente. No solo estamos integrados en nuestras relaciones sino que nuestras propias identidades se crean mediante las relaciones. El concepto del Yo interdependiente nos ayuda a entender mucho mejor la realidad que abarca la identidad y el desarrollo humanos. Nosotros, los seres humanos, somos en efecto la “especie cooperativa”, tal y como han apuntado los economistas Samuel Bowles y Herbert Gintis.2 La pregunta es: ¿impulsaremos el desarrollo de este profundo instinto humano? Y, si se fomenta la cooperación, ¿atenderá a los intereses de todos o se canalizará para servir fines individualistas y estrechos de miras?

 

Los comunes están por todas partes pero se suelen malinterpretar

 

En nuestros libros anteriores, The Wealth of the Commons (La riqueza del procomún, 2012) y Patterns of Commoning (Patrones de creación de procomún, 2015), documentamos decenas de comunes destacados, lo que sugiere que el alcance e impacto reales de la creación de procomún en la actualidad es considerable. Nuestra capacidad de autogestión con el fin de satisfacer nuestras necesidades, de forma ajena al Estado y al Mercado, se ve reflejada en los bosques comunitarios, las granjas y pesquerías gestionadas de forma cooperativa, las comunidades globales de diseño y fabricación de código abierto, las monedas locales y regionales y en infinidad de ejemplos en todos los ámbitos de la vida. El impulso humano innato de ayudar a los demás y mejorar las prácticas existentes madura hasta alcanzar una forma social estable con innumerables variaciones, es decir, un común.

El impulso a crear procomún en general o comunes específicos se desarrolla en las más variadas circunstancias: barrios urbanos empobrecidos, entornos afectados por desastres naturales, granjas de subsistencia en el corazón de África, redes sociales que convergen en el ciberespacio, etc. Sin embargo, el paradigma de los comunes rara vez se considera como forma social omnipresente, acaso porque generalmente vive eclipsado por el poder del Estado y del Mercado. No es reconocido como una fuerza social poderosa y una forma institucional por derecho propio. Hablar de procomún para nosotros es hablar de una Libertad interdependiente, es decir, de un espacio social en el que podemos redescubrirnos y rehacernos como seres humanos completos y disfrutar de un grado considerable de autodeterminación. El discurso en torno a los comunes y a la creación de procomún nos permite ver que las personas que trabajan de manera conjunta pueden crear sociedades más humanas, éticas y ecológicamente responsables. Imaginar un orden poscapitalista estable y solidario es viable. El propio acto de creación de procomún cataliza nuevas posibilidades políticas y económicas a medida que se extiende y asienta en la cultura predominante.

Hablemos claro: el procomún no es una fantasía utópica. Es algo que está ocurriendo ahora mismo. Lo podemos ver en innumerables pueblos y ciudades, en el Sur global y en el Norte industrial, en comunidades de software de código abierto y en redes cibernéticas mundiales. Nuestro primer reto es designar los numerosos actos de creación de procomún a nuestro alrededor y hacerlos fáciles de comprender culturalmente. Debemos ser capaces de distinguirlos y entenderlos para luego poder apoyarlos, protegerlos y expandirlos. Ese será el objetivo de los siguientes capítulos y la razón por la que proponemos un nuevo marco general para comprender los comunes y la creación de procomún.

El procomún y los comunes no conllevan únicamente compartir, como ocurre en muchísimas áreas de la vida. Se trata de compartir y además crear sistemas sociales duraderos para producir objetos y actividades que sean compartibles. Lo mismo ocurre con la falsa idea de la “tragedia de los comunes”, expresión popularizada por el biólogo Garrett Hardin en su famoso ensayo del mismo título que apareció en la prestigiosa revista Science en el año 1968.3 Paul Ehrlich acababa de publicar The Population Bomb (La bomba demográfica), un relato maltusiano de un mundo abrumado por la elevadísima población. En este contexto, Hardin expuso una parábola ficticia acerca de una pradera compartida sobre la que ningún pastor cuenta con ningún incentivo racional para limitar el pastoreo de su ganado. El resultado inevitable según Hardin es que cada pastor utilizará egoístamente la mayor cantidad posible del recurso común, lo que forzosamente dará lugar a un uso excesivo y a la ruina del mismo: esa es la llamada tragedia de los comunes. Hardin razonó que las posibles soluciones a este dilema serían otorgar derechos de propiedad privada al recurso en cuestión o hacer que el Gobierno lo administre como propiedad pública por orden de llegada.

El artículo de Hardin llegó a convertirse en el más citado de la historia de la revista Science y la expresión tragedia de los comunes se convirtió en un concepto cultural de moda. Su extravagante historia, repetida una y otra vez por economistas, políticos e investigadores sociales, ha convencido a la mayoría de que el procomún es un régimen de gestión abocado al desastre. Sin embargo, el análisis de Hardin contiene fallos considerables. ¡Lo más relevante es que no estaba describiendo un común! Lo que él describió es la ley de la selva, en la que no hay nada en propiedad y cualquiera puede hacerse con todo, es decir, un “recurso de uso comunitario no administrado”, que dirían algunos. Aunque tal y como ha sugerido el académico del procomún Lewis Hyde, la “tesis de la tragedia” de Hardin debería llevar el pícaro título “La tragedia de los recursos de uso comunitario neoliberales, no administrados y de fácil acceso a individuos egoístas que no se comunican entre sí”.4

En un común de verdad las cosas son muy distintas. Una comunidad en particular gobierna un recurso compartido y su utilización. Los usuarios negocian sus propias normas, asignan responsabilidades y derechos y establecen sistemas de monitorización para identificar y sancionar a los oportunistas. Los recursos finitos pueden sobreexplotarse, claro está, pero ese resultado está más asociado a los mercados libres que a los comunes. No es casualidad que la época actual, en la que los mercados capitalistas y los derechos privados de propiedad prevalecen en casi todas partes, haya dado lugar a la sexta extinción masiva de la historia del planeta, una pérdida de suelo fértil sin precedentes, perturbaciones en el ciclo hidrológico y una atmósfera calentándose peligrosamente.

Como veremos en este libro, el procomún tiene tantas facetas valiosas que no es posible incluir todas ellas fácilmente en una única definición. Sin embargo, resulta muy útil esclarecer que ciertos términos asociados frecuentemente al procomún en realidad no se corresponden con el procomún.

 

Qué es y qué no es un común: algunas aclaraciones

 

Los comunes son sistemas sociales vivos a través de los cuales las personas abordan problemas comunes de forma autogestionada. Desafortunadamente, hay quien usa el término erróneamente para describir cosas sin dueño como los océanos, el espacio o la luna, o recursos de propiedad colectiva como el agua, los bosques y la tierra. Todo esto hace que el término procomún se confunda a menudo con conceptos económicos que expresan una visión del mundo muy distinta. Términos como bienes comunes, recursos de uso comunitario y propiedad común no representan el procomún adecuadamente porque enfatizan los objetos y los individuos en vez de las relaciones y los sistemas. Estos son varios de los términos equívocos asociados al procomún:

Bienes comunes: término utilizado por la economía neoclásica para distinguir entre ciertos tipos de bienes: bienes comunes, bienes club, bienes públicos y bienes privados. Se dice que los bienes comunes son difíciles de cercar (en la jerga económica, son “no excluibles”) y susceptibles de agotarse (“rivales”). En otras palabras: los bienes comunes tienden a agotarse cuando los compartimos. La economía convencional supone que la excluibilidad y el agotamiento de un bien común son inherentes al bien mismo, pero nada más lejos de la verdad. No se trata de si el bien es excluible o no, sino si las personas están siendo excluidas o no. Implica una decisión social. De igual forma, el agotamiento de un bien común tiene mucho menos que ver con el bien en sí que con el uso que hagamos del agua, la tierra, el espacio o los bosques. De hecho, al calificar la tierra, el agua o el bosque como un “bien” los economistas están haciendo un juicio social: están suponiendo que es un recurso adecuado para la valoración y comercio mercantiles y esa es una presunción que una cultura distinta puede rechazar.

Recursos de uso común (RUC): término usado por los académicos del procomún, sobre todo siguiendo la estela de Elinor Ostrom, para analizar cómo gestionar recursos compartidos como zonas pesqueras, aguas subterráneas o áreas de pastoreo. Los recursos de uso común se consideran bienes comunes y, de hecho, el uso de esos términos es muy similar. Sin embargo, el término recurso de uso común se utiliza generalmente para explorar la forma en que las personas pueden utilizar un recurso compartido sin abusar de él.

Propiedad común: Mientras que un RUC hace referencia al recurso como tal, la propiedad común se refiere al sistema de derecho que otorga derechos formales de uso o acceso al mismo. Los términos RUC y bien común señalan al recurso en sí mismo, mientras que la propiedad común apunta al sistema legal que regula la forma en que las personas pueden utilizarlo. Por lo tanto, hablar de regímenes de propiedad es un registro muy distinto de representación a cuando nos referimos al agua, la tierra, las zonas de pesca y el código de software. Todos ellos pueden gestionarse mediante múltiples regímenes jurídicos diferentes; los recursos y los regímenes jurídicos son cosas distintas. Los comuneros pueden decidir usar un régimen de propiedad común, pero ese régimen no constituye un común en sí mismo.

Común (sustantivo): Si bien algunos tradicionalistas utilizan el término “lo común/comunal” en vez de “procomún” para hacer referencia a la tierra o el agua compartida, los teóricos culturales Antonio Negri y Michael Hardt dieron un nuevo giro al término común en su libro de 2009 titulado Commonwealth. Utilizan lo común para enfatizar los procesos sociales en los que participan las personas cuando cooperan y para distinguir esta idea de los bienes comunes como recurso físico. Hardt y Negri señalan que lo común está conformado por “los lenguajes que creamos, las prácticas sociales que establecemos y las maneras de socializar entre nosotros que definen nuestras relaciones”. Para ellos, el común es una forma de “producción biopolítica”, que apunta a una esfera más allá de la propiedad que existe de forma paralela a lo privado y lo público pero que se desarrolla cuando participa nuestro yo afectivo. Aunque sea similar a nuestro uso del término comunizar (común o procomún como verbo), los usos del término común de Hardt y Negri parecen incluir todo tipo de cooperación, sin tener en cuenta su objetivo, así que también incluiría a las bandas y la mafia.

El bien común: este término, utilizado desde la Antigüedad griega, hace referencia a resultados positivos para todas las personas que conforman la sociedad. Es una generalidad brillante, pero sin un significado claro porque prácticamente todos los sistemas políticos y económicos afirman producir el mayor beneficio para todos.

 

Los comunes en la vida real

La mejor forma de familiarizarse con los comunes es conocer algunos ejemplos de la vida real, así que a continuación exponemos cinco breves descripciones para ofrecer una mejor comprensión de los contextos del procomún, sus realidades específicas y su gran diversidad. Los ejemplos nos ayudan a comprender el procomún, por un lado, como un paradigma general de gobernanza, sustento integral y práctica social (una cosmovisión y ética, podría decirse) y, por otro, como un fenómeno de lo más particular. Cada común es único. No existen modelos polivalentes o “mejores prácticas” que definan qué es un común o la práctica de creación de procomún, tan solo experiencias sugerentes y patrones instructivos.

 

El campo de refugiados Zaatari

El campo de refugiados Zaatari en Jordania es un asentamiento de más de 80 000 sirios desplazados que comenzaron a llegar en el año 2012. El campo puede parecer un ejemplo poco probable de las ideas de este libro, pero en medio de un entorno desolador las personas han diseñado enormes y muy elaborados sistemas de refugios vivienda, barrios, carreteras e incluso un sistema de domicilios. Según Kilian Kleinschmidt, un funcionario de Naciones Unidas que en el pasado estuvo a cargo del lugar, en el año 2015 el campamento de Zaatari contaba con “14 000 viviendas, 10 000 colectores de aguas residuales y baños privados, 3 000 lavadoras, 150 huertas privadas y 3 500 nuevos comercios y tiendas”. Un periodista que visitaba el campo señaló que algunas de las casas más elaboradas se han “improvisado con refugios, tiendas de campaña, bloques de hormigón y contenedores de transporte, y cuentan con patios interiores, inodoros privados y cloacas chapuceras”. El asentamiento tiene una barbería, una tienda de mascotas, una floristería y un negocio de helados caseros. Hay un servicio de entrega de pizzas y una agencia de viajes que ofrece servicio de transporte desde el aeropuerto. La vía principal de Zaatari se llama Campos Elíseos.5

Como es obvio, Zaatari sigue siendo un lugar problemático con muchos dilemas y el Estado jordano y Naciones Unidas siguen al cargo. Pero lo que hace que destaque como campo de refugiados es el importantísimo papel que ha desempeñado la participación horizontal en la construcción autogestionada de una ciudad improvisada pero estable. No se trata simplemente de un campamento de supervivencia provisional donde la precaria población hace cola para obtener comida, los administradores prestan servicios y se trata a las personas como víctimas indefensas. En cambio, es un lugar donde los refugiados han sido capaces de utilizar su propia energía e imaginación para construir el asentamiento. Han sido capaces de asumir cierta responsabilidad para gobernarse a sí mismos y ser dueños de sus propias vidas, ganándose de esta forma cierto grado de una muy necesitada dignidad. Se podría decir que los administradores y residentes de Zaatari han reconocido, aunque sea a medias, las virtudes del procomún. La experiencia de Zaatari demuestra el poder de la autogestión, un concepto central en los comunes.

 

Buurtzorg Nederland

En la ciudad neerlandesa de Almelo, al enfermero Jos de Block le preocupaba el declive constante de la asistencia domiciliaria: “La calidad era cada vez peor, la satisfacción de los clientes disminuía y los gastos aumentaban”, decía. De Block y un pequeño equipo de enfermeros profesionales decidieron crear una nueva organización de asistencia médicadomiciliaria llamada Buurtzorg Nederland.6 En vez de estructurar el cuidado de los pacientes como una cinta transportadora de fábrica, es decir, ofreciendo unidades de servicios de mercado con unas divisiones del trabajo estrictas, la empresa de atención domiciliaria cuenta con pequeños equipos de enfermeros altamente cualificados y autodirigidos que atienden a entre cincuenta y sesenta personas del mismo barrio (el nombre de la organización, Buurtzorg, significa cuidado del vecindario en neerlandés). El cuidado es holístico y se centra en las múltiples necesidades personales del paciente, sus circunstancias sociales y enfermedades crónicas.

Lo primero que hace una enfermera cuando visita a un nuevo paciente es sentarse y hablar tomando una taza de café. Tal y como dice de Block, “las personas no son bicicletas que se puedan organizar según un organigrama”. En este sentido, las enfermeras de Buurtzorg llevan a cabo la lógica de “pasar tiempo” (en un común) en vez de “ahorrar tiempo” para ser competidores más eficientes. Resulta curioso que enfatizar el pasar más tiempo con los pacientes se traduzca en una menor necesidad de tiempo de atención profesional. Si nos paramos a pensar en ello, tampoco es una sorpresa: los cuidadores simplemente tratan de hacer que su labor sea irrelevante en la vida de los pacientes cuanto antes, lo que anima a los pacientes a ser más independientes. Un estudio realizado en el año 2009 demostró que los pacientes de Buurtzorg son dados de alta el doble de rápido que los clientes de la competencia y terminan reclamando tan solo el 50 % de las horas de atención prescritas.7

Las enfermeras ofrecen una gama completa de asistencia a los pacientes, desde procedimientos médicos hasta servicios de apoyo en actividades como el baño. También identifican las redes de apoyo informal que el paciente tiene en su entorno, promueven su vida social y favorecen el autocuidado y la independencia.8 Buurtzorg está autogestionado por los (propios) enfermeros. El proceso se lleva a cabo mediante una estructura organizativa horizontal simple y tecnología de la información, incluyendo el uso de blogs inspiradores del mismo de Blok. Buurtzorg opera de manera eficaz a gran escala sin la necesidad de ninguna jerarquía ni consenso. En el año 2017 Buurtzorg empleaba a cerca de 9 000 enfermeras que cuidan de 100 000 pacientes en los Países Bajos y están llevando a cabo iniciativas internacionales en Estados Unidos y Europa.9

Resulta que la reconceptualización de la asistencia sanitaria a domicilio de Buurtzorg ofrece como resultado un trato humano de alta calidad a un coste relativamente bajo. Para el año 2015 la atención domiciliaria de Buurtzorg había reducido las visitas a urgencias en un 30 %, según un estudio de KPMG, y ha reducido los gastos de cuidados a domicilio de los contribuyentes.10 Además, según un estudio realizado por Ernst & Young, Buurtzoorg cuenta con la plantilla laboral más satisfecha de todas las empresas neerlandesas con más de mil empleados.11

 

WikiHouse

En el año 2011 Alastair Parvin y Nicholas Ierodiaconou, recién licenciados en arquitectura, se unieron a un estudio de diseño londinense llamado Zero Zero Architecture, donde pudieron experimentar con sus ideas sobre el diseño abierto. Se preguntaban: ¿y si los arquitectos, en vez de crear edificios para los que pueden permitirse su encargo, ayudaran a los ciudadanos de a pie a diseñar y construir sus propias casas? Esta idea tan sencilla es la piedra angular de un sorprendente kit de construcción de viviendas de código abierto. Parvin y Ierodiaconou se dieron cuenta de que la tecnología conocida como fabricación por control numérico computarizado (CNC por sus siglas en inglés, Computer Numerical Control) les permitiría realizar diseños digitales que podrían utilizarse para fabricar grandes tableros de madera contrachapada u otros materiales. Esto les llevó a desarrollar la idea de publicar archivos de código abierto para casas, con el fin de que la gente pudiera modificar y mejorar los diseños según sus circunstancias, y que mano de obra no cualificada pudiera levantar la estructura básica de una casa de forma rápida y barata. Este nuevo sistema de diseño y construcción recibió el nombre de WikiHouse.12

Desde sus modestos inicios, WikiHouse ha crecido hasta convertirse en una comunidad de diseño global. En el año 2017 contaba con once agencias en países de todo el mundo. Cada una de ellas trabaja independientemente de la WikiHouse original, que ahora es una fundación sin ánimo de lucro que comparte la misma misión. Dicho de otro modo: los participantes de WikiHouse quieren “ofrecer soluciones de diseño a todos los ciudadanos y empresas del planeta para la construcción de viviendas de bajo coste, de bajo consumo energético y de alto rendimiento”. Quieren animar a la gente a PRODUCIR COSMOLOCALMENTE, un patrón descrito en el Capítulo 6, y “fomentar una nueva industria inmobiliaria distribuida, formada por muchos ciudadanos, comunidades y pequeñas empresas que desarrollen casas y barrios para sí mismos, reduciendo de esta forma nuestra dependencia del sistema inmobiliario vertical sobreendeudado”.

Los estatutos de WikiHouse, compuestos por quince principios, establecen los pilares tecnológicos, económicos y metodológicos de la construcción de viviendas de código abierto, constituyendo uno de los muchos ejemplos de cómo los comuneros pueden CULTIVAR PROPÓSITOS Y VALORES COMPARTIDOS al desarrollar la Gobernanza P2P (ver Capítulo 5). Incluye ideas centrales tales como estándares de diseño para reducir los umbrales de tiempo, coste, habilidades y energía necesarios para construir una casa; estándares abiertos y licencias de código abierto ShareAlike para elementos de diseño y el empoderamiento de los usuarios para reparar y modificar las características de sus viviendas. El objetivo de WikiHouse al invitar a los usuarios a adaptar los diseños y las herramientas a sus propias necesidades es el de ofrecer un amplio conjunto de herramientas convivenciales, tal y como las describe el crítico social Ivan Illich. Las herramientas no deben intentar controlar a las personas al obligar a hacer las cosas de forma restringida. Los cifrados y obstáculos para su reparación no deben suponer una carga para el software. Las herramientas convivenciales están diseñadas para dar rienda suelta a la creatividad y autonomía personales.13

 

Agricultura sostenida por la comunidad (ASC)

Cualquier sábado por la mañana en Hadley, un tranquilo pueblo de Massachusetts (Estados Unidos), verás a familias que acuden a la granja Next Barn Over [El granero de al lado] para recoger alubias y fresas de los campos, cortar flores y hierbas aromáticas y recoger su participación semanal de patatas, col, cebollas, rábanos, tomates y otros productos. Next Barn Over es una granja sostenida por la comunidad, lo que significa que las personas compran participaciones de la cosecha estacional de la granja por adelantado y luego recogen productos frescos semanalmente de abril a noviembre. Es decir, los miembros de la granja reúnen el dinero antes de la producción y dividen la cosecha entre todos sus miembros. Esta práctica, utilizada en miles de granjas sostenidas por la comunidad en todo el mundo, nos inspiró para identificar el patrón AUNAR, LIMITAR Y REPARTIR como una característica esencial de la economía del procomún (ver Capítulo 6).

Una participación pequeña para dos personas en Next Barn Over cuesta 415 dólares y una participación grande para seis personas, 725 dólares. El hecho de que los miembros compren participaciones de la cosecha al principio de la temporada permite que los agricultores tengan el capital de trabajo que necesitan y de esta forma se comparten los riesgos de la producción como el mal tiempo, las enfermedades de los cultivos o los problemas con la maquinaria. Se podría decir que FINANCIAN EL SUSTENTO INTEGRAL DEL PROCOMÚN.

Sin embargo, una granja sostenida por la comunidad no es un modelo de negocio en sí mismo porque el objetivo no es obtener beneficios sino que las familias y los agricultores se apoyen mutuamente para cultivar alimentos saludables de forma ecológicamente responsable. Todas las cosechas de las trece hectáreas que conforman Next Barn Over son orgánicas/ecológicas. La fertilidad del suelo se mejora mediante el uso de cultivos de cobertura, fertilizantes orgánicos, compost y estiércol, además de realizar una rotación regular de cultivos para reducir plagas y enfermedades. La granja utiliza placas solares colocadas en el tejado del granero. Los sistemas de riego por goteo minimizan el gasto de agua. Además, Next Barn Over también organiza cenas periódicamente donde las familias pueden socializar, bailar al ritmo de la música de las bandas locales y aprender más sobre la realidad de cultivar en un ecosistema local.

Desde la fundación de la primera granja sostenida por la comunidad en el año 1986, el proyecto ha crecido hasta convertirse en un movimiento internacional de más de mil setecientas granjas únicamente en los Estados Unidos en el año 2018, y cientos más repartidas por todo el mundo. Aunque algunas de la granjas estadounidenses operen casi como negocios, la filosofía original del proyecto sigue siendo sólida: intentar desarrollar nuevas formas de cooperación entre agricultores, trabajadores y miembros que, básicamente, son consumidores. Algunos se han visto inspirados por el teikei, un modelo similar muy difundido en Japón desde los años 70. El término significa cooperación o negocio compartido y también se centra en la agricultura a pequeña escala, la agricultura orgánica y las relaciones directas entre agricultores y consumidores. Uno de los creadores del teikei, la Asociación Japonesa de Agricultura Orgánica, establecida en 1971, ha manifestado su deseo de “desarrollar un sistema de distribución alternativo que no dependa de los mercados convencionales”.14

En la actualidad la experiencia de la agricultura sostenida por la comunidad está inspirando a numerosos proyectos regionales de agricultura y distribución de alimentos en todo el mundo con un mismo objetivo: empoderar a los agricultores y a los ciudadanos de a pie, fomentar las economías locales y evitar los problemas causados por la agricultura corporativa (pesticidas, transgénicos, aditivos, alimentos procesados, costes de transporte, etc.). El modelo socioeconómico de la agricultura sostenida por la comunidad es tan sólido que el Schumacher Center for a New Economy (Centro Schumacher para una nueva economía), que ayudó a incubar la primera granja sostenida por la comunidad, está ahora desarrollando la idea de una “industria sostenida por la comunidad” (CSI por sus siglas en ingés, Community-Supported Industry) que produzca a nivel local. La idea es utilizar los principios de la mutualización comunitaria para emprender negocios locales y apoyarlos (una fábrica de muebles, una fábrica de conservas de compota de manzana, un matadero más humanitario) con el fin de aumentar la autosuficiencia a nivel local. ¿Por qué no apostar también por una reciprocidad sostenida por la comunidad para producir casas, bicicletas o herramientas?

 

Las granjas SoLaWi de Alemania también están inspiradas en la agricultura sostenida por la comunidad. Desde el establecimiento de la primera ASC en los Estados Unidos en 1986, un movimiento internacional ha ido tomando forma. La red SoLaWi de Alemania es un buen ejemplo de ello.

 

Todos los jueves los miembros de Heilbronn SoLaWi15 (Agricultura Solidaria de Heilbronn, Solidarischen Landwirtschaft en alemán) se dirigen al cercano almacén de verduras. El lugar de recogida de la autora se encuentra en el sótano de una casa privada. El acceso es fácil y provoca curiosidad todas las semanas. Cestas repletas de patatas, pimientos rojos, tomates, cebollas, col china, cebollino, judías verdes, alcachofas, achicoria roja y otros productos frescos de temporada esperan allí a que vengan a recogerlos una vez a la semana durante el verano y una semana sí y otra no durante el invierno. Al lado hay una lista con las cantidades que recibe cada hogar. Llenar la cesta propia con sorpresas es todo un placer. Durante el verano, los coloridos productos irradian energía vital, mientras que en el invierno dominan los tonos tierra. Empaqueto todo, tacho mi nombre de la lista para que todo el mundo sepa lo que ya se ha repartido y me llevo mi provisión de verduras de cultivo biodinámico a casa. Si no me gusta algo, lo pongo en la caja de intercambio y me llevo algo diferente. La cantidad que cargo en mi cesta no tiene nada que ver con el dinero a la hora de la recogida. Depende de la cosecha. A su vez, la cosecha depende de muchos factores: la calidad de las semillas y el terreno, las condiciones climáticas y meteorológicas, el emplazamiento, la pericia e incluso el ambiente de la granja. La cesta contiene mi participación en la cosecha, de acuerdo con el lema de SoLaWi: ¡Comparte la cosecha! Huelga decir que únicamente se puede compartir lo que está allí, lo que se ha sembrado, cuidado, cosechado y traído hasta los almacenes. También cuesta dinero, claro. Y ese es uno de los aspectos clave del modelo: antes de cultivar, todos los participantes se comprometen a hacer una contribución mensual, válida para un año, generalmente. Estos pagos aseguran el sueldo de los que trabajan en las granjas, así como la financiación de cualquier cosa que se necesite para los cultivos. Esta aportación normalmente se traduce en una ronda de subastas anónima. En primer lugar, se calcula el presupuesto necesario para financiar todo un año de producción y se explica a todos los miembros. Después empieza la primera, segunda y tercera ronda. Todos calculan cuánto pueden y quieren contribuir mensualmente y hacen su oferta. En mi SoLaWi utilizamos nuestros teléfonos: todos miramos las pantallas de nuestros teléfonos por un momento y después la pantalla de la pared, donde se muestran las contribuciones que se van añadiendo a tiempo real. Si la cantidad necesaria se consigue en una primera ronda, el proceso puede concluir. No obstante, normalmente se necesitan dos y a veces tres rondas. Tampoco es raro que se establezca una contribución mínima que sea significativamente menor a la contribución media.

 

En contraposición a los precios fijos, las rondas de subastas facilitan la solidaridad, no solo para con los productores sino también entre los miembros. Dado que básicamente uno mismo elige su propia cuota, las personas con ingresos bajos también pueden participar. Quien menos tiene, ofrece menos. Quienes más tienen, ofrecen más. Es así de simple. Y funciona a las mil maravillas. Todos saben a cuánto asciende la contribución media al principio del proceso. En nuestro SoLaWi, la contribución media fue de 85 € por entidad y mes durante el año fiscal 2019. Este tipo de información sobre el propio proceso no solo arroja transparencia sobre los costes de producción, sino que también crea conciencia en aquellos que no tienen una relación directa con la agricultura, ya que se enteran si el invernadero está dañado, si el tractor necesita una reparación o de lo cara que será la factura del agua cuando hay sequía. En términos económicos, lo curioso de SoLaWi es que las personas se reúnen antes de la producción y comparten el rendimiento de la cosecha, independientemente de cómo esta sea más adelante. Así es como funciona la agricultura sostenida por la comunidad en Alemania, pero también en miles de casos por todo el mundo. Esta práctica nos inspiró para formular AUNAR, LIMITAR Y DIVIDIR como patrón de Sustento Integral (Capítulo 6). Cuando los miembros hacen sus ofertas, ofrecen a los granjeros y agricultores el capital de trabajo necesario, lo que significa que asumen los riesgos de producción de forma conjunta y financian la producción del procomún (Capítulo 5). Cuando estoy en el almacén de recogida, no me llevo ningún producto16 con un precio.17 Esta es una diferencia importante de la manera en la que funciona la actividad económica tal y como la conocemos. Una similitud es que también producimos según la división del trabajo. Al final no se trata de que todos hagamos nuestro propio pan y cortemos nuestra propia leña, sino de que compartamos los riesgos de producción e implementemos los modelos adicionales que se explican en el Capítulo 6. Esta dinámica cambia la relación entre todos los participantes y el proceso económico al completo. Ningún agricultor de SoLaWi tiene que solicitar ayudas al Gobierno por las malas cosechas. Los riesgos (mal tiempo, plagas, defectos en la maquinaria) se asumen de forma conjunta por personas que al principio ni siquiera se conocían. Hay muchas oportunidades de socializar y conocer al resto de las personas del colectivo: fiestas en la granja, asambleas generales anuales o simplemente ayudando en el propio colectivo. Como en cualquier otro común, el RITUALIZAR LAS DINÁMICAS SOCIALES (Capítulo 4) siempre es una buena idea. Las granjas SoLaWi no son solo “otro modelo de negocio agrícola”, sino un ejemplo para otras formas de producción que pueden derivar en la regionalización y la medioambientalización de la producción alimentaria. Desde hace más de dos décadas, “nuestro agricultor” ha ido mejorado la fertilidad de la tierra y durante los últimos años lo hace como “agricultor SoLaWi”. Es algo que podemos saborear y ver en los propios campos. El compost se hace con malas hierbas. El terreno es fértil. La vegetación circundante es más diversa. Alrededor de la granja resulta muy fácil distinguir qué campos pertenecen a SoLaWi y cuáles no.

 

La red de Agricultura Solidaria se actualiza de forma constante en un mapa que muestra todas las SoLaWi existentes y todas las nuevas iniciativas se difunden mediante un boletín informativo.18

 

Desarrollo de la agricultura solidaria en Alemania de 1988 a 2018 (compilación propia)

Año Número de SoLaWi
1988-2003 1
1998-2003 3
2007 9
2013 39
2015 (Abril) 79
2016 >100
2018 (Diciembre) aprox. 200

 

 

Guifi.net
La mayoría de las personas suponen que solo una gran empresa de cable y fibra óptica o telecomunicaciones con contactos políticos y mucho capital puede construir la infraestructura necesaria para ofrecer servicio Wi-Fi. Sin embargo, la rudimentaria cooperativa Guifi.net de Cataluña es prueba fehaciente de que esto no es así. La empresa ha demostrado que los comuneros son totalmente capaces de construir y mantener conexiones a Internet de gran calidad y asequibles para todos. Comprometida con los principios de propiedad mutua, neutralidad de la red y control comunitario, Guifi.net ha pasado de ser un único nodo de Wi-Fi en el año 2004 a más de 35 000 nodos y 63 000 kilómetros de conexión inalámbrica en julio de 2018, especialmente en la Cataluña rural.

Guifi.net comenzó cuando Ramón Roca, un ingeniero español de la compañía Oracle, pirateó algunos routers disponibles para que operasen como nodos en un sistema de red en malla mientras estaban conectados a una sola línea DSL propiedad de la compañía Telefónica que daba servicio al ayuntamiento. Este sistema amañado permitía que las personas enviaran y recibieran datos de Internet utilizando otros routers pirateados de forma similar. A medida que se corrió la voz, el invento de Roca para hacer frente al escaso acceso a Internet se impuso rápidamente. Tal y como relata la revista Wired, Guifi.net amplió su sistema mediante un micromecenazgo improvisado: “Se trataba de anunciar un plan, explicar sus costes y pedir ayuda/contribuciones”, dice Roca. Los pagos no iban dirigidos a Guifi.net sino a los suministradores de equipo y servicios de red del proveedor de servicios de Internet (ISP por sus siglas en inglés, Internet Service Provider). Todas estas iniciativas sentaron las bases no solo para la construcción de una red general sino también para la creación de una serie de proveedores de servicios de Internet. Lo que Guifi.net hizo fue Aunar y compartir (ver Capítulo 6) ya que aunó los recursos y compartió el acceso a Internet.

En el año 2008 Guifi.net estableció una fundación asociada para ayudar a coordinar a los voluntarios, las operaciones de la red y la gestión de todo el sistema. En palabras de Wired, la fundación “controlaba el tráfico de la red hacia los proveedores y entre ellos, se conectaba al “intercambiador” principal de datos ofreciendo un volumen enorme de ancho de banda entre España y el resto del mundo, planificaba la implantación de fibra óptica y, lo que es más importante, desarrollaba sistemas para garantizar que los proveedores de servicios de Internet pagaran la parte que les correspondía de los costes totales de gestión de red y datos”.21

El proyecto al completo se rige por un Acuerdo para una red libre, abierta y neutral, una carta que enumera los principios clave en los que se basa el común de Guifi.net y los derechos y libertades de sus usuarios:

* Tienes la libertad de usar la red para cualquier fin siempre y cuando no perjudique el funcionamiento de la propia red, los derechos de otros usuarios o los principios de neutralidad que permiten que los contenidos y servicios fluyan sin interferencias deliberadas.
* Tienes derecho a comprender la red y sus componentes y compartir el conocimiento de sus mecanismos y principios.

* Tienes derecho a ofrecer servicios y contenido a la red según tus propias condiciones.
* Tienes derecho a unirte a la red y la obligación de compartir este conjunto de derechos con cualquier persona según estos mismos términos.

 

Todo usuario de la infraestructura de Guifi.net en Cataluña, ya sea un usuario a nivel individual, un pequeño comercio, el Gobierno o pequeños proveedores de servicios de Internet, está comprometido con el “desarrollo de una red de telecomunicaciones neutral, libre y abierta basada en el procomún”. Como resultado, Guifi.net ofrece un servicio de banda ancha mucho mejor y más barato que el que reciben los estadounidenses, por ejemplo, quienes pagan un precio muy alto al oligopolio de banda ancha (un promedio de 70 euros mensuales el año 2017) por una conexión más lenta y un servicio al cliente deficiente, mientras que los proveedores de servicios de Internet que usaba Guifi.net en el año 2016 cobraban de 18 a 35 euros al mes por conexiones de fibra de un gigabyte y precios mucho más bajos por Wi-Fi. Los comunes son increíblemente eficientes en términos de dinero, como señaló una vez Wolfgang Sachs. Nos permiten depender menos del dinero y, por lo tanto, ser más libres ante la coerción estructural de los mercados.

Además, tal y como explicó el defensor de la tecnología abierta Sascha Meinrath, la experiencia de Guifi.net demuestra que es totalmente posible construir “una infraestructura de banda ancha a gran escala y de propiedad local en más lugares que los operadores actuales de telecomunicaciones”.22 La mutualización de los costes y beneficios en un régimen de procomún cumple un papel importante en este éxito.

 

Comprender el procomún holísticamente

¿Cómo encontrarles sentido a estos comunes tan dispares? A menudo las personas nuevas en la materia se echan las manos a la cabeza confundidas porque no pueden discernir fácilmente los patrones esenciales que conforman un común. Encuentran desconcertante que tantos fenómenos distintos puedan describirse con el mismo término. Es cuestión de entrenar la percepción propia de cada uno. Todos estamos familiarizados con el término libre mercado aunque sus múltiples variaciones (mercado bursátil, tiendas de comestibles, cine, minería, servicios personales, mano de obra) sean tan eclécticas como las del procomún. No obstante, desde un punto de vista cultural, la diversidad de los mercados nos resulta algo normal mientras que la diversidad de los comunes es casi invisible.

La raro es que casi no existe un lenguaje popular que nos ayude a comprender los comunes contemporáneos. El estudio de las ciencias sociales sobre este tema a menudo es desconocido y altamente especializado y la literatura económica suele considerar los comunes como recursos físicos y no como sistemas sociales. Sin embargo, es más sensato centrarse en las similitudes que comparten que centrarse en el recurso del que depende cada común. Todos los comunes dependen de procesos sociales, del intercambio de conocimientos y de recursos físicos. Todos ellos comparten los mismos desafíos al aunar la esfera social, política (gobernanza) y económica (sustento integral) en un todo integrado.

 

Todos los comunes se basan en recursos naturales.

Todos los comunes son comunes de conocimiento.

Todos los comunes dependen de un proceso social.

 

Por lo tanto, gran parte de nuestro reto consiste en recuperar la olvidada historia social de los comunes y entender cómo se aplica a las circunstancias actuales. Esto requiere un marco conceptual, un nuevo lenguaje e historias que todos podamos comprender. Explicar el procomún con el vocabulario del capital, los negocios y la economía estándar no funciona. Es como usar metáforas de relojería y maquinaria para explicar sistemas vivos complejos. Para aprender cómo funcionan los comunes en realidad, necesitamos escapar de los hábitos de pensamiento profundamente arraigados y cultivar perspectivas nuevas.

Esta tarea se hace más fácil cuando nos percatamos de que no existe un modelo o patrón universal único para evaluar un común. Cada uno lleva las marcas distintivas de sus propios orígenes, cultura, población y contexto. Sin embargo, existen muchos patrones de creación de procomún esenciales y recurrentes que nos permiten hacer algunas generalizaciones prudentes. Comunes que en apariencia son muy dispares a menudo tienen muchas similitudes en la forma en que se gobiernan a sí mismos, dividen los recursos, se protegen contra los cercamientos y cultivan el propósito compartido. Dicho de otro modo, los comunes no son máquinas estandarizadas que puedan construirse a partir de un mismo prototipo sino que son sistemas vivos que evolucionan, se adaptan con el tiempo y nos sorprenden con su creatividad y alcance.

El término que utilizamos en este contexto, patrones, merece una breve explicación. Nuestro uso deriva de las ideas desarrolladas por el arquitecto y filósofo Christopher Alexander en su famoso libro de 1977 A Pattern Language (Un lenguaje de patrones, 1980). Estas ideas se desarrollan aún más en su obra maestra de cuatro volúmenes titulada The Nature of Order (La naturaleza del orden, 2003) que es el resultado de 27 años de investigación e ideas revolucionarias. Alexander y sus coautores entremezclan de forma brillante una perspectiva científica empírica con ideas sobre el papel formativo de la belleza y la elegancia en la vida cotidiana y el diseño, dando como resultado lo que para los comunes podríamos llamar vidalización.23

Según Alexander, un patrón describe “un problema que sucede una y otra vez en nuestro entorno e identifica el núcleo de la solución a dicho problema de forma que se pueda utilizar miles de veces sin tener que repetirla una sola vez”.24 Es decir, ni el pensamiento basado en patrones ni sus soluciones se encuentran descontextualizados ni desconectados de lo que pensamos y sentimos. Sugerimos estudiar con detenimiento los patrones subyacentes a los procesos sociales que han tenido éxito para así inspirarnos, teniendo en cuenta que un común exitoso no es algo que se pueda copiar y pegar. Cada uno debe desarrollar soluciones adecuadas, localizadas y específicas para cada contexto y satisfacer necesidades prácticas así como aspiraciones e intereses humanos más profundos.

En este libro intentamos identificar los patrones que actualmente conforman una creciente constelación de comunes en todo el mundo: el llamado Comuniverso. A la hora de describir este ámbito hemos adoptado un enfoque descriptivo y aspiracional; descriptivo al evaluar cómo funcionan los distintos comunes y aspiracional al intentar imaginar cómo las dinámicas de creación de procomún ya conocidas pueden extenderse y convertirse en un sector especializado de la cultura y economía política. Hacemos uso de las ciencias sociales para debatir importantes aspectos de los comunes, pero también nos basamos en nuestras propias experiencias con los comuneros y aprendemos de sus extraordinarias comunidades. Nuestro deseo es detallar un campo fértil y lleno de matices de creatividad humana y organización social que ha sido ignorado durante mucho tiempo, asegurando al lector que el procomún no es un terreno tan complicado y oscuro como para que solo los profesionales puedan comprenderlo. De hecho, los comunes surgen gracias a que personas normales hacen cosas bastante normales que tan solo parecen inusuales en sociedades orientadas al mercado.

En el transcurso de nuestros viajes nos ha asombrado el amplio abanico de circunstancias en las que prospera la creación de procomún y eso nos ha llevado a preguntarnos: ¿por qué tantas de las conversaciones sobre los comunes se centran en las categorías económicas del análisis (tipos de bienes, asignación de recursos, productividad o costes de transacción) cuando los comunes son principalmente sistemas sociales que satisfacen necesidades compartidas? Esta pregunta nos embarcó en un proceso de reconceptualización, en el más amplio sentido de la palabra, de lo que significa participar en la creación de procomún.

Creemos que esta perspectiva contribuye a dar un giro paradigmático más amplio. Nos ayuda a redefinir el propio concepto de economía y a ampliar el ámbito funcional de la acción democrática. Los comunes satisfacen necesidades reales al tiempo que modifican la cultura y la identidad. Influyen en nuestra ética, prácticas sociales y cosmovisión y, con ello, cambian el rumbo de la política. Para poder comprender estas corrientes tan profundas es necesario contar con un marco más amplio que nos ayude a encontrarle el sentido al procomún para así explicar mejor las dinámicas internas de la Gobernanza P2P y el Sustento Integral, así como los elementos que la creación de procomún comparte con la economía política y con nuestras propias vidas interiores. En resumen: debemos comprender que el procomún requiere una nueva visión del mundo.

Capítulo 2: el OntoGiro hacia el procomún

 

Si la creación de procomún ha desempeñado un papel tan importante en la larga historia de la especie humana, ¿por qué se tiende a ignorar su labor actual en la vida moderna? ¿Por qué sigue siendo una terra incognita habitualmente malinterpretada e incomprendida? A lo largo de los años, a medida que hablábamos con comuneros en múltiples contextos, nos fuimos dando cuenta de que el problema no es la creación de procomún sino las deficientes categorías de pensamiento empleadas por las corrientes convencionales de la economía, el derecho y la política. Sus léxicos y lógicas conciben un mundo basado en el individualismo, el crecimiento económico y el dominio humano de la naturaleza, un término que implica una clara separación de la humanidad del mundo no humano. Dan por sentado la omnipotencia del Mercado/Estado para rehacer el universo en torno a estas ideas mitopoéticas. ¡Por eso no es de extrañar que los comunes exitosos parezcan extrañas criaturas venidas de otro planeta!

Un día, después de reflexionar sobre este curioso desajuste entre el pensamiento convencional y las realidades de las que hemos sido testigos en nuestros viajes e investigaciones, decidimos tomarnos un descanso y dar un paseo por el cercano Museo Beneski de Historia Natural, en la Universidad de Amherst. Resultó ser un desvío de lo más afortunado. Mientras examinábamos imponentes exposiciones de esqueletos de dinosaurios y huellas fosilizadas, compartimos la misma epifanía: en ocasiones solo somos capaces de entender una verdad nueva al dar un giro a nuestra perspectiva ontológica (sobre la naturaleza de la realidad), algo que hemos denominado OntoGiro. Explicaremos este concepto más adelante pero, ahora, volvamos a nuestra experiencia en el museo.

Si bien la mayoría de los museos de historia natural de las grandes ciudades tienden a apostar por lo majestuoso y lo espectacular, el modesto pero bien equipado museo Beneski en el oeste de Massachusetts es un lugar de trabajo para enseñar a los estudiantes universitarios a comprender los misterios geológicos. Muchas de las exposiciones muestran la investigación de Edward Hitchcock, un destacado geólogo de la década de 1830 que descubrió miles de marcas extrañas en las rocas de las granjas y canteras locales. En el museo vimos numerosos esqueletos y huesos de dinosaurios, incluso la terrorífica cabeza de un Tyrannosaurus Rex, y decenas de losas de roca sedimentaria ingeniosamente expuestas en las paredes. Todos los conjuntos de marcas apuntaban a un misterio de doscientos setenta millones de años de antigüedad. ¿Eran “huellas de pavo”, tal y como muchos de los vecinos las llamaban en el pasado? ¿O quizás se trataba de las huellas del “Cuervo de Noé”, un pájaro gigantesco del Arca de Noé? Especular no era tarea fácil porque todavía no se habían encontrado huesos fosilizados por aquel entonces.1

Para Hitchcock, un científico riguroso y cristiano devoto, el marco de referencia para teorizar sobre este misterio lo constituían sus propios ojos y la Biblia. Cuando encontró depósitos de grava, arcilla marga, arena y cantos rodados en Cape Cod, le pareció totalmente lógico llamarlos Diluvium, haciendo referencia a la gran inundación descrita en la Biblia. Sin embargo, tal y como los científicos concluyeron más adelante, los depósitos eran en realidad morrena, los detritos rocosos que los glaciares habían dejado tras de sí durante la Edad de Hielo. A pesar de que Hitchcock mantuvo correspondencia con grandes como Robert Owen, Charles Darwin y Charles Lyell, seguía convencido de que las huellas (como él las llamaba) ahora preservadas en roca sedimentaria, habían sido creadas por enormes pájaros primitivos.

Y… ¿por qué no? Por aquel entonces el mundo prehistórico estaba empezando a ser descubierto. La palabra dinosaurio no fue acuñada hasta el año 1841 por el geólogo británico Robert Owen y los primeros fósiles de dinosaurios en Estados Unidos no se descubrieron hasta 1858. El libro El origen de las especies de Charles Darwin no se publicó hasta el año 1859 y varios de los descubrimientos fósiles más importantes no tuvieron lugar hasta la década de 1890. Para Hitchcock, creyente ferviente de la Biblia, la idea de que una especie de lagartos enormes hubieran vagado por un mundo muy distinto hacía 273 millones de años era completamente impensable.

La escritora científica Nancy Pick profesó su admiración por los logros científicos de Hitchcock en un libro que escribió sobre él en el 2006, pero en una carta dirigida a él concluyó con pesar: “Debo decirle que la mayoría de sus convicciones más férreas resultaron ser erróneas. Se equivocó al dudar de la existencia de una Edad de Hielo. Se equivocó al negar la teoría de la evolución y, lo que es más doloroso, se equivocó sobre los animales que dejaron tras de sí sus queridas huellas fósiles. Después de todo, no se trataba de enormes pájaros arcaicos sino de dinosaurios.”

Resulta tentador actuar de forma condescendiente con las generaciones anteriores por algo que no sabían o no podían saber en aquel momento. Ese no es nuestro objetivo. Lo que nos interesa en realidad es la forma en que una visión del mundo encuadra y limita lo que vemos. No somos capaces de ver el mundo tal y como es porque nuestras mentes están demasiado ocupadas creándolo y construyéndolo. Como es obvio, creemos que la realidad que percibimos es lógica y universal (de sentido común) pero, en realidad, cualquier visión de la realidad se basa en premisas subyacentes sobre la naturaleza del mundo. Nuestras creencias están formadas por presuposiciones invisibles establecidas por la cultura, historia y experiencia personal.

El lenguaje también desempeña un papel crucial en la formación de nuestra conciencia. El lenguaje utilizado por la economía y la cultura políticas da nombre a ciertos fenómenos que considera importantes y les confiere un contenido moral, al tiempo que ignora otros y ni los designa. Esto establece una imagen mental, un marco de percepción y olvido que los políticos han encontrado muy útil. Por ejemplo, a los conservadores les gusta hablar de “desgravaciones fiscales”, dando a entender que los impuestos son una desgracia injusta y enmascarando la verdad de que “los impuestos son el precio que pagamos por vivir en una sociedad civilizada”.2 En su clásico estudio The Folklore of Capitalism, Thurman Arnold detalló cómo las corporaciones se consideran erróneamente como personas y se les confiere libertades civiles que, de no ser así, les serían negadas. Las empresas y otras organizaciones se describen “en el lenguaje de la propiedad privada particular, cuando en realidad las cosas que se describían no eran ni propiedad, ni privadas, ni de propiedad particular”.3 Los científicos cognitivos a menudo destacan el “carácter ideológicamente selectivo” de los marcos y su destacada eficacia como filtro de la percepción.4

Todo esto explica por qué las nuevas verdades a menudo se esconden a plena vista. Cuando John Maynard Keynes luchaba por reinventar la economía en la década de 1930, escribió: “Las ideas aquí expresadas de forma tan laboriosa son extremadamente simples y deberían ser obvias. La dificultad no radica en las nuevas ideas sino en escapar de las antiguas, que se ramifican en cada rincón de las mentes de todos aquellos que fueron educados como nosotros.”5 Hitchcock lo intentó, pero no pudo escapar a la forma de ver el mundo que había heredado. Owen, Darwin y Lyell también lo intentaron (con cierto temor a las explosivas implicaciones teológicas que sus teorías suponían) y lo lograron en gran parte. Ese es el poder de una cosmovisión dominante: organiza de forma invisible los fenómenos según un marco mental ordenado que suprime otras formas potencialmente relevantes de observar y comprender el mundo.

El gran problema actual no es únicamente el colapso del capitalismo y de las instituciones del Estado liberal sino también el fracaso de nuestras formas de percibir y representar el mundo, es decir, las historias fundacionales que contamos sobre el capitalismo. Ambos problemas se encuentran íntimamente relacionados, por supuesto. A veces, cuando los sistemas políticos no funcionan es porque se basan en narrativas anticuadas sobre la existencia que ya no funcionan o no infunden respeto. Las historias y categorías de pensamiento que se mantienen no reconocen que nuestra realidad ha cambiado. Por lo general, los guardianes del orden vigente no quieren reconocer otras posibilidades, por lo que se aferran al lenguaje arcaico como forma de validar sus puntos de vista. En ocasiones las nuevas realidades no son reconocidas porque simplemente no existe un vocabulario ni una lógica que las haga culturalmente accesibles. Pensemos en cómo la palabra dinosaurio y la teoría de la evolución de Darwin abrieron nuevos caminos, desafiando las perspectivas del mundo basadas en la Biblia.

Cuando quisimos explicar el fenómeno de la creación de procomún experimentamos una frustración similar por lo deficiente que nos resultaba el discurso. Nos dimos cuenta de que el lenguaje de la política y de la economía convencionales no puede expresar adecuadamente lo que habíamos presenciado. Existe una laguna en el vocabulario contemporáneo que hace que ciertas realidades e ideas permanezcan en la oscuridad. En palabras del historiador E.P. Thompson, “siempre resultaba problemático explicar los comunes con las categorías capitalistas. Había algo que no encajaba. La propia existencia del procomún hacía que uno se cuestionara el origen de la propiedad y de los derechos históricos a la tierra.”6

La cuestión es que los registros más profundos de la percepción importan tanto como la polémica política diaria. O incluso más. El filósofo alemán Hans-Georg Gadamer señaló una vez que es un error creer que para cambiar la política haya que hablar de política. Y estaba en lo cierto: primero tenemos que hablar de nuestras presuposiciones más profundas sobre la naturaleza del mundo.

 

 

La ventana por la que contemplamos el mundo

 

La ontología es el estudio de la naturaleza de la realidad y de cómo está estructurada (las ventanas por las que contemplamos el mundo). A pesar de que no tengamos mucho interés en sumergirnos en estas aguas metafísicas tan profundas (el tema puede tornarse demasiado complicado y abstruso), es obligatorio que nos demos un chapuzón. Las suposiciones básicas de cada uno sobre la realidad determinan lo que se considera como normal y deseable, lo que es bueno o malo y lo que está bien o está mal. Constituyen el “marco constitucional” de cualquier sistema de creencias, un sistema que da forma a nuestras ideas sobre qué tipos de estructuras de gobernanza y economía política son posibles. Por ejemplo, es probable que una visión de la realidad que considere a todas las personas como individuos desconectados conduzca hacia un orden social que favorezca la libertad individual en detrimento de las instituciones colaborativas. Sin embargo, una visión de la realidad que perciba a todas las personas como individuos interconectados e interdependientes entre sí y con la Tierra abre posibilidades muy distintas. Pero esta visión también precisa de diferentes categorías de análisis y diferentes metáforas y términos para describir el mundo.

Se podría decir que las premisas ontológicas de cada uno crean diferentes posibilidades, es decir, capacidades y potencialidades con implicaciones políticas mayores. Una bicicleta crea ciertas posibilidades para el transporte personal (ejercicio intenso, movilidad barata), que son diferentes de las que crea un automóvil (más rápido, más seguro, más suave). El bolígrafo y el papel ofrecen posibilidades de comunicación (barata, fácil de usar) distintas a las de los smartphones (interactivos, versátiles). Lo mismo ocurre con las ontologías: ofrecen distintas posibilidades para el tipo de mundo que se quiera construir. Cuando hablamos de una visión de la realidad, siempre debemos preguntarnos: ¿qué dice de la forma en que los individuos se relacionan entre sí y con otros grupos? ¿Precisa que las cosas y fenómenos representen esencias fijas? El carácter de una persona, ¿es algo fijo e innato o cambia con las relaciones? ¿Cómo ocurre el cambio: mediante agentes individuales que provocan un cambio como si de una máquina se tratara o mediante interacciones complicadas, sutiles y a largo plazo entre varios agentes en un entorno más amplio? ¿Es alguno de los fenómenos que observamos invariable histórica y culturalmente (es decir, es universal) o es variable y depende del contexto?

Por lo general, este tipo de preguntas sobre la realidad no se consideran relevantes para el turbulento mundo de la política y la gobernanza. No obstante, dada la inestabilidad institucional de nuestros tiempos, creemos que no existe nada más estratégico que reconsiderar las formas fundamentales a través de las que percibimos la realidad. Podemos decir que esta investigación es ontopolítica ya que nuestras diferentes premisas sobre la realidad tienen implicaciones enormes en la forma en que concebimos el orden político y social. Si creemos que Dios existe como una fuerza omnipotente y como fuente de verdad y significado de todos los asuntos humanos, construiremos un orden social diferente a aquel en el que los humanos se ven a sí mismos como individuos independientes, sin orientación ni protección divinas. Dado que las perspectivas de la realidad tienen un impacto en la forma en que establecemos instituciones sociales y políticas, no podemos simplemente contemplar el mundo por una ventana, como si esa fuera la única forma evidente de percibir la realidad, sino que debemos pararnos y contemplar la propia ventana.7 Margaret Stout, téorica de la administración, lo explica de una manera muy sencilla: “La ontología es importante para la teoría política porque enmarca las presuposiciones sobre todos los ámbitos de la vida y señala lo que está bien y lo que es correcto (énfasis en el original).8

 

El OntoRelato del Occidente moderno

 

Ha llegado el momento de que aquellos que nos encontramos en el Occidente laico reflexionemos sobre el sistema general de creencias desarrollado durante el Renacimiento y ampliado durante los siglos XVIII y XIX por las sociedades capitalistas que surgieron a partir de él. Nosotros los modernos vivimos en un macrorrelato de libertad individual, propiedad y Estado desarrollado por filósofos como René Descartes, Thomas Hobbes y John Locke. El OntoRelato que nos contamos a nosotros mismos considera a los individuos como agentes primarios de un mundo lleno de objetos inertes que tienen cualidades esenciales fijas. (Y, lo que es más curioso, solemos referirnos a la naturaleza y a la humanidad como si ambos conceptos fueran entidades totalmente separadas la una de la otra). Esta narrativa occidental secular sostiene que los seres humanos nacemos con una libertad ilimitada en un “estado natural” prepolítico. No obstante, nuestros antepasados imaginarios (¿quiénes exactamente? ¿cuándo? ¿dónde?) supuestamente se preocuparon por proteger nuestra libertad y propiedad individuales, y esa fue la supuesta razón por la que se reunieron (a pesar de su radical individualismo) para forjar un “contrato social” unos con otros.9 Según la historia, todos acordaron el establecimiento de un Estado para que este se convirtiera en el garante de la libertad y propiedad individuales de todos.10

Hoy en día somos los herederos de este mito de la creación que explica los orígenes del Estado laico liberal. La historia transfiere nociones teológicas sobre la omnipotencia (Dios, monarcas) al estado soberano (presidentes, parlamentos, tribunales).11 El imponente Estado actúa con poder soberano para favorecer la libertad individual sobre todas las afiliaciones sociales o identidades basadas en la historia, etnicidad, cultura, religión, procedencia geográfica, etc. Los elementos primarios de la sociedad son el individuo y el Estado. Como señala un comentarista, el liberalismo presupone una naturaleza humana “que hace que los individuos, egoístas y desunidos y con preferencias independientes y estáticas, compitan entre sí con el fin de maximizar el beneficio propio con poca o nula consideración por las implicaciones que supone para los demás. En esta manera de hacer política, la representación se obtiene mediante la competencia entre individuos soberanos y el gobierno de la mayoría.”12

Esta historia también es la base del capitalismo, que asume un orden social basado en la autonomía y realización individuales para explicar la existencia de la competición y jerarquías mercantiles. James Buchanan, economista ganador de un premio Nobel, identificó la autonomía, la elección racional y la coordinación espontánea de las personas en el mercado libre como los principios fundamentales de esta disciplina.13 En nuestra época estas presunciones se han convertido en los principios fundacionales de gran parte de nuestra vida cotidiana. Se elogia la libertad individual de elección (el poder elegir nuestros canales de televisión favoritos, marcas de cerveza o partidos políticos), pero rara vez reparamos en las formas en que ese abanico de opciones se nos ofrece en primer lugar.

Indagar en nuestras presuposiciones sobre el mundo no es un simple ejercicio académico. Es algo tremendamente significativo en la práctica. Cada presuposición afecta de manera diferente cómo percibimos el mundo y, por lo tanto, los tipos de sistemas políticos que consideramos realistas y deseables. En una metáfora utilizada a menudo por el físico alemán Hans-Peter Dürr, los pescadores que utilizan redes con una malla de cinco centímetros pueden llegar a la lógica conclusión de que no hay peces en el mar de menos de 5 centímetros, ya que ningún pez de tres centímetros aparece en sus redes. Si nos empeñamos en valernos de ciertas presuposiciones acerca de la realidad, nos resultará difícil escapar a las ramificaciones más amplias de nuestras redes de percepción. Es posible que el vínculo entre la ontología, la política gubernamental y la economía política en general no sea muy claro para los ciudadanos de a pie y los legisladores, pero la idea no es tan complicada. Imagina que construyes una casa y sientas unos cimientos pequeños y débiles. ¿Cómo va a aguantar su estructura? O digamos que instalas un determinado número de pilares que pueden soportar diez toneladas de peso. Si unos años después quieres añadir una nueva planta de quince toneladas, la casa se derrumbaría. Así que, ¿de verdad tiene sentido invertir en añadir algo tan pesado a la estructura si los cimientos ya son defectuosos de por sí?

Este escenario muestra el problema que presenta el capitalismo moderno. Se basa en premisas erróneas sobre los seres humanos y, por lo tanto, ya no puede soportar el gran edificio del Estado/Mercado moderno global. Sus estructuras institucionales son cada vez más ineficaces y dañinas y generan desconfianza, algo que se observa en la alienación y la ira en aumento de los votantes en Estados Unidos y en muchos países europeos. No debería sorprendernos que un sistema económico sea altamente disruptivo y literalmente letal para el planeta cuando fusiona nuestro empeño por la libertad individual con la personalidad legal de las multinacionales, y cuando las inversiones de capital que desencadenan la crisis climática se consideran propiedad privada. Los críticos convencionales pueden atacar al capitalismo y al Estado, pero están menos dispuestos a investigar las premisas ontopolíticas que sustentan su visión de la realidad. Y esto se debe a que la mayoría de nosotros hemos interiorizado esas normas. Según el crítico social griego Andreas Karitzis, el problema vital del capitalismo moderno y del Estado liberal es que:

 

promueve la idea de que una vida buena es esencialmente un logro individual. La sociedad y la naturaleza son solo el telón de fondo, un fondo de pantalla para nuestros egos, el contexto contingente en el que nuestro yo solitario evolucionará en pos de objetivos individuales. El individuo no le debe nada a nadie, carece de respeto por las generaciones anteriores y de responsabilidad por las futuras, y la indiferencia es la actitud idónea que debemos tomar frente a los problemas y condiciones sociales actuales.14

 

Las patologías visibles del capitalismo (destrucción ecológica, precariedad social, desigualdad, exclusión, etc.) no provienen únicamente de corporaciones desalmadas y de políticos cínicos. Derivan de un problema más profundo y esencial: una comprensión falaz de la realidad propiamente dicha. Hacer frente a este problema puede parecer demasiado. Si ya es difícil ver con claridad los fundamentos ontológicos de nuestro orden político y socioeconómico, hacer algo significativo para cambiarlos lo es todavía más. Nuestras normas culturales son sutiles, subliminales y no suelen ser reconocidas.

No obstante, hay una forma de salir del paso: podemos empezar a cultivar una idea distinta y más profunda de la realidad observando muy de cerca el lenguaje y metáforas que usamos y las historias que contamos. La conciencia que eso suscita, junto con nuestras experiencias y prácticas reales de creación de procomún, nos pueden guiar hacia un nuevo orden ontopolítico basado en presuposiciones distintas. El primer paso es reconocer las creencias encubiertas que dan forma a nuestras percepciones y cultura política. Debemos comprender que todo está interrelacionado y que nuestro bienestar individual depende del bienestar colectivo. Nuestro sistema político debe estar “en sintonía con la dimensión relacional de la vida”, tal y como señala Arturo Escobar.15

 

 

Los OntoRelatos como una dimensión oculta y profunda de la política

 

Muchos de los debates públicos que en apariencia discrepan sobre normativas o procesos son, de hecho, discrepancias sobre la naturaleza de la realidad y cómo esta debería ser, dado que asumen ciertos tipos humanos ideales y realidades existenciales que encuadran el discurso dominante. Tomemos por ejemplo el concepto de la persona hecha a sí misma de las sociedades capitalistas, una idea que expresa la fantasía cultural de que los individuos pueden genuinamente alcanzar el éxito por sí mismos, sin la ayuda de los demás. Así es como esa historia se convierte entonces en un marco para el debate público. Nuestra suposición de que la Tierra es una cosa separada y no viva que existe al margen de la humanidad nos lleva a considerar la tierra y el agua como recursos que pueden ser apropiados y mercantilizados.

Las propias categorías de pensamiento inauguradas por los primeros filósofos modernos establecieron unas formas de pensamiento estándar que las sociedades modernas ahora consideran evidentes. Tal y como articularon por primera vez Francis Bacon, Thomas Hobbes, René Descartes y John Locke, el mundo supuestamente constituye una lucha entre dualidades tales como el individuo y el colectivo, la humanidad y la naturaleza, y la materia y el espíritu. La esfera pública se considera independiente de la esfera privada. Lo objetivo se enfrenta a lo subjetivo. Este hábito de pensamiento dualista como forma de registrar la realidad nos lleva a creer que algunos ámbitos de la vida están total y completamente separados de otros y que, de hecho, se encuentran diametralmente opuestos. Las sociedades capitalistas modernas han construido culturas enteras en torno a estas suposiciones y reflejan lo que los estudiosos denominan un OntoRelato de la realidad.

Un OntoRelato puede tener innumerables formas y expresarse de muchas maneras, pero en última instancia se puede clasificar según ciertos rasgos. Hay relatos basados en la idea de que «la existencia simplemente es» (estáticos) y relatos en los que “la existencia es un constante devenir” (dinámicos). En un mundo estático, el presente se experimenta como una realidad que es y será siempre igual, de la misma forma que los miembros del sistema de castas de la India consideran su mundo tal y como es porque “así son las cosas”. Es habitual encontrar esta visión estática de la realidad reflejada políticamente en la teocracia, la monarquía o gobiernos autoritarios similares. Por el contrario, en un mundo dinámico la realidad del presente está siempre en continuo movimiento y renovación constante.

Hay OntoRelatos que se basan en la idea de una fuente única y unitaria de existencia, que probablemente quede reflejada en formas políticas como el socialismo y el colectivismo. Y, a la inversa, los relatos que contemplan múltiples fuentes de existencia tienen más probabilidades de apoyar órdenes políticos como el liberalismo moderno o el anarquismo social. En algunos OntoRelatos la verdad y el significado provienen de una fuente trascendental (Dios, un rey, un papa) y en otros derivan de un espacio inmanente de experiencia vivida (lo divino dentro de cada ser humano o todos los seres).16

En cualquier caso, los OntoRelatos siempre reflejan una visión del mundo y establecen las potencialidades del sistema: sus campos estructurados de posibilidad. Las narrativas confieren respetabilidad a ciertos arquetipos de existencia y esfuerzo humano. Las energías de las personas se canalizan de formas culturalmente aceptables. Por ejemplo, el omnipresente mundo de la publicidad y el marketing no trata únicamente de vender productos sino de reforzar un ideal de satisfacción humana mediante el consumo individual. Refleja un OntoRelato sobre cómo es y cómo debería ser el mundo. Nuestra identidad en el mundo se ve definida por lo que compramos o deberíamos comprar. En la actualidad, las grandes corporaciones idean OntoRelatos cada vez más elaborados para definir la realidad y de esta forma fomentar sus intereses políticos y económicos. Basándose en enormes cantidades de datos de usuarios, Twitter ha diseñado un sistema de clasificación de la humanidad (personas que compran artículos de cocina, personas que viven a menos de ocho kilómetros de un supermercado, etc.) con el fin de vender conjuntos de datos a los publicistas.17 La industria de seguros ha desarrollado clasificaciones muy complejas de enfermedades y lesiones para determinar qué gastos médicos habrá que reembolsar. Muchos juzgados se basan en los análisis de datos sobre delincuentes (raza, edad, barrio, ingresos) para predecir su probabilidad de cometer otro delito y, de esta forma, establecer condenas apropiadas.18 Estas categorías de pensamiento reflejan una visión específica de la existencia humana, el comportamiento social y la causalidad.

De hecho, las agencias de seguridad nacional de los Estados Unidos han elaborado un OntoRelato para hacer progresar sus intereses políticos, tal y como Brian Massumi describe con escalofriante detalle en su libro Ontopower (ontopoder).19 En lugar de intentar disuadir o prevenir ataques terroristas basándose en hechos conocidos y demostrables (el estándar histórico para la intervención militar), el Gobierno de los Estados Unidos proclama hoy por hoy su propia versión del tiempo y de la causalidad. La posibilidad declarada de una amenaza terrorista, determinada de forma unilateral por expertos en seguridad, se utiliza para justificar una agresión estatal mortal contra los “terroristas” antes de que ocurra nada. Las amenazas ficticias se consideran provocaciones. Las posibilidades futuras se declaran como hechos procesables en el aquí y ahora. Es una forma sutil de redefinir el tiempo y la causalidad. Al tejer una narrativa generadora de amenazas, escribe Massumi, el ejército estadounidense redefine la realidad con el objetivo de legitimar la violencia de Estado y la vigilancia masiva posteriores.

Estos relatos nos ayudan a comprender el papel que desempeñan las ontologías como fuerza subyacente en la lucha política. En cuanto aceptamos la idea del yo como unidad indivisible y limitada de poder autónomo, todo lo demás sigue de forma natural: la manera en que concebimos el mundo, los marcos mentales que los científicos utilizan para analizar los fenómenos (“individualismo metodológico”), la forma en que actuamos para con el mundo y pensamos en el liderazgo, el modo en que establecemos instituciones y elaboramos políticas. Se podría argumentar que el campo de debate político más relevante en la actualidad no tiene lugar en las asambleas legislativas ni en los juzgados sino a este nivel de definición de la realidad. Después de todo, ¿qué mejor forma de hacer progresar objetivos políticos a largo plazo que propagar una versión egoísta de la realidad? De esta forma se marginaliza preventivamente cualquier visión alternativa del futuro a la vez que se fortalece el orden político y económico existente.

Pero hay un problema: no hay ninguna ontología, por muy ampliamente aceptada que esté, cuyo funcionamiento o respeto esté garantizado. Una ontología puede no persuadir o no estar a la altura de lo que de ella se espera. La teoría de Hitchcock según la cual las huellas fosilizadas evidenciaban la existencia de aves antediluvianas no podía explicar de forma creíble el descubrimiento de fósiles de dinosaurios, pero la nueva narrativa de Darwin sobre la evolución sí lo hizo. De igual forma, los cimientos ontológicos que sostienen el capitalismo hoy en día parecen más anticuados que nunca. La idea de que los individuos nacen libres y soberanos (la piedra angular del Estado liberal y de los mercados libres) siempre ha sido algo fantasiosa. Pero en la actualidad la credibilidad de esta historia está empezando a resquebrajarse a medida que las personas se dan cuenta de que viven en un mundo sumamente interconectado. El colapso a cámara lenta de diversos ecosistemas también desacredita la idea de que la humanidad está separada de la naturaleza y de que somos individuos completamente autónomos.

Si bien innumerables confrontaciones políticas airadas en todo el mundo se basan en gran parte en legislación y políticas estatales, muchas de estas batallas son en realidad OntoBatallas pues reflejan profundos desacuerdos sobre la naturaleza de la realidad. Los enfrentamientos entre pueblos indígenas y el poder estatal son quizás el ejemplo más frecuente. Por regla general, el Estado nación trata algún elemento natural como recurso mercantil a explotar, una idea que muchas comunidades indígenas consideran una violación flagrante de su cosmovisión. En Nueva Zelanda, por ejemplo, el pueblo maorí ha luchado contra la aprobación por parte del Gobierno de la extracción de petróleo en aguas de pesca ancestrales, en violación del Tratado de Waitangi con la Reina Victoria firmado en el año 1840. La antropóloga Anne Salmon señaló en sus estudios sobre este conflicto que el Estado y el pueblo maorí tienen “ontologías radicalmente distintas sobre las relaciones humanas con los océanos”.20 El Estado concibe el océano como un recurso no vivo y, como tal, divisible en unidades cuantificables, limitadas y explotables según una lógica mercantil abstracta. La extracción de petróleo es algo totalmente lógico para el Estado neozelandés, cuyo sistema legal está diseñado para favorecer dicha actividad. Por el contrario, los maoríes perciben el océano como un ser vivo que mantiene intensos vínculos intergeneracionales con el pueblo maorí. El océano está impregnado de maná, el poder ancestral, que debe honrarse con rituales espirituales y prácticas consuetudinarias (si esto te parece absurdo, piensa que esta visión del mundo ha funcionado muy pero que muy bien para proteger tanto los océanos como las sociedades humanas).

Las OntoBatallas entre el Estado nación y los comuneros no están confinadas a las culturas premodernas, como es de esperar. La geógrafa Andrea Nightingale ha investigado los pescadores escoceses que se oponen a las políticas y prácticas de pesca “racionales” que los reguladores intentan imponer.21 Al elaborar políticas de pesca, por ejemplo, el Estado presume que los pescadores son individuos competitivos que buscan maximizar su captura personal, pero no es capaz de contemplar las múltiples subjetividades no racionales que definen las vidas de los pescadores escoceses. Dado que trabajar en barcos de pesca pequeños en el océano es difícil y peligroso, los pescadores han aprendido la importancia de la cooperación y la interdependencia. Las vidas de los pescadores están profundamente entrelazadas con “las obligaciones de la comunidad, la necesidad de preservar las relaciones y alianzas [con sus cofrades], y su vínculo emocional con el mar”, escribe Nightingale. Las políticas estatales conciben una realidad vital y una lógica muy diferente a la de los pescadores.

A pesar de la prevalencia de estas OntoBatallas, el capitalismo moderno y los Estados nación liberales siguen comprometidos de forma obsesiva con su visión de la realidad. Esto constituye una especie de “cauce”22 del sistema de gobierno por el que todo fluye. No obstante, los OntoRelatos del Estado se consideran cada vez más como reliquias de un período distinto de la historia de la humanidad, como si fueran un traje deshilachado y mal ajustado que ya no es funcional ni bello. Es hora de preguntarnos: ¿cómo idear y diseñar un traje distinto?

 

El Yo interdependiente y la Lógica Ubuntu: la ontología relacional del procomún

 

El mundo del procomún representa un desafío gigantesco para el capitalismo porque se basa en una ontología muy distinta. Esto no se aprecia de forma generalizada porque mucha gente sigue percibiendo los comunes desde perspectivas ontológicas arcaicas, en otras palabras, mediante la lente normativa de la cultura occidental moderna. Han interiorizado el lenguaje de la separación y del individualismo metodológico, dotando a los objetos de atributos fijos y esenciales y pensando que están desconectados de sus orígenes y contexto. La práctica de creación de procomún piensa el mundo de manera diferente porque sus acciones se basan en la profunda relacionalidad de todas las cosas. Es un mundo de abundantes interdependencias y conexiones interpersonales. Las acciones no son simplemente cuestiones de causa y efecto directo entre los agentes más visibles y cercanos sino que surgen de una red cultural vibrante de infinidad de relaciones gracias a las cuales emergen cosas nuevas.

A los que estamos aculturados por las culturas europea y norteamericana no nos resulta tan fácil reconocer la ontología que subyace al procomún. Nuestro propio lenguaje contiene todo tipo de prejuicios ocultos que apuntan en diferentes direcciones y que no consiguen dar nombre a las redes de relacionalidad. Es por eso que, para poder percibir de verdad los comunes, necesitamos desechar los conceptos antiguos e inapropiados e inventar unos nuevos. El propio inglés como lengua dominante mundial filtra muchas de las percepciones de la creación de procomún que a menudo se expresan mejor en otros idiomas y experiencias culturales.23

Trataremos este tema con mayor detalle en el próximo capítulo, pero por ahora queremos ilustrar la forma en que las presuposiciones básicas de la realidad son tan poderosamente determinantes. Al intentar comunicar las realidades del procomún nos tropezamos una y otra vez con la dualidad de los conceptos yo y nosotros en la lengua castellana. Las propias palabras afirman una oposición que el procomún trasciende. Pero ver el mundo a través de una opción binaria de yo o nosotros inhibe una comprensión real del procomún. El lenguaje en sí mismo es un problema a la hora de comunicar un OntoRelato distinto. Mientras considerábamos esta cuestión, un día se nos ocurrió la solución: el término Yo interdependiente. Es una expresión que nos ayuda a describir las prácticas e identidad de un comunero y que supera las suposiciones tan profundamente arraigadas sobre la identidad y voluntad individuales en oposición a los objetivos colectivos. El Yo interdependiente es un intento de visibilizar las relaciones sociales sutiles y contextuales que combinan el yo y el nosotros. El que nuestra mentalidad occidental no acepte fácilmente este concepto, no quiere decir que no esté por todas partes.

Nested-I concept Concepto del Yo-interdependiente

A pesar del vacío en nuestro lenguaje, la antropología confirma que los humanos somos, sin lugar a dudas, seres interdependientes. En muchas culturas no occidentales, según la profesora británica de antropología Marilyn Strather, “el individuo puede imaginarse como un microcosmos social … De hecho, las personas a menudo se construyen como el lugar plural y compuesto de las relaciones que las produjeron.”24 Para Strathern, un individuo no logra la autonomía al contraponer sus propios intereses a los de la sociedad, sino por “celebrar su socialidad autónoma”.25 Las identidades de las personas están “constituidas por multiplicidades” mediante un “encadenamiento de relaciones”.26 O, tal y como describió el poeta Walt Whitman, “Yo soy inmenso, contengo multitudes.” Johann Wolfgang Goethe, el famoso erudito de la cultura de la Ilustración, consideraba su vida como una síntesis de un sinfín de relaciones:

 

Todo lo que he visto, oído y observado lo he recogido y aprovechado. Mis obras se han visto nutridas por innumerables personas distintas, por inocentes y sabios, personas de gran inteligencia y zoquetes. La infancia, la madurez y la vejez han traído consigo sus pensamientos … sus perspectivas sobre la vida. A menudo he cosechado lo que otros han sembrado. Mi trabajo es el trabajo de un ser colectivo que se llama Goethe.27

 

Una de las grandes perogrulladas no examinadas de nuestro tiempo (y en claro contraste con Goethe) es que una persona puede amasar una fortuna a través de su esfuerzo personal y convertirse en una persona hecha a sí misma. Pensar que alguien pueda realmente existir o desarrollarse al margen de sus amigos, familia, compañeros o sociedad es absurdo, es un “mito acomodaticio, pernicioso e irreprimible”, como alguien señaló.28 Los psicólogos evolutivos te dirán que un individuo solo puede existir mediante su relación con los demás. “Se necesita todo un pueblo para educar a un niño”, tal y como dice el dicho. Y viceversa: el colectivo únicamente puede existir mediante las contribuciones y la cooperación voluntaria entre los individuos. El antropólogo Thomas Widlok sugiere que quizás deberíamos hablar de todos nosotros como “identidades enmarañadas”, “vidas conjuntas” y un “yo extendido”.29 En otras palabras, los individuos y los colectivos no son entidades opuestas e incompatibles como el agua y el aceite. Son piezas unidas e interdependientes. De la misma forma que los términos yo y nosotros solo tienen significado cuando se relacionan entre sí, los propios términos individual y colectivo son relacionales, es decir, cada uno de ellos solo puede transmitir significado a través del otro. Utilizar el término Yo interdependiente nos ayuda a ir más allá de la idea de que el individuo es una categoría evidente de pensamiento (noción que prevalece en las esferas intelectuales más respetables de la economía, la ciencia evolutiva, la biología y varias ciencias sociales más).30

Otro término que se nos ocurrió para expresar la relacionalidad de la creación de procomún es la Lógica Ubuntu. En varias lenguas bantúes de Sudáfrica la relación entre el yo y el otro se expresa mediante la palabra Ubuntu.31 Utilizamos Lógica Ubuntu para referirnos a la forma de pensar que busca alinear el bienestar individual y el colectivo. El filósofo religioso y escritor cristiano keniano John Mbiti tradujo la palabra Ubuntu de la siguiente manera: “Yo soy porque nosotros somos y, como nosotros somos, yo soy”.32 El individuo es parte de un nosotros –y, de hecho, de un sinnúmero de nosotros–. Ambos conceptos se encuentran profundamente entrelazados.33

En las lenguas occidentales no tenemos un sinónimo para Ubuntu pero sí tenemos prácticas sociales que reflejan ese espíritu. Como es obvio, existen ciertas tensiones entre el individuo y el colectivo, pero, si nos esforzamos por desarrollar relaciones honestas y genuinas y entablar un diálogo continuo, dichas tensiones se minimizarán y la supuesta dualidad disminuirá. Y tenemos muchas razones para hacerlo: si reflexionamos sobre la realidad social, veremos que Ubuntu es una fuente de identidad y una red de seguridad social. El individuo alcanza el significado y la identidad mediante el contexto social conformado por las comunidades y la sociedad, y la sociedad se constituye a sí misma con la prosperidad del individuo.

Estas ideas han sido desarrolladas en diferentes contextos por teóricos políticos feministas, ecofilósofos, pueblos indígenas, culturas tradicionales, teólogos y videntes religiosos. El poeta y filósofo indio Rabindranath Tagore escribió que “la relación es la verdad fundamental de este mundo de apariencias”.34 El tema central del clásico de filosofía existencial Yo y tú, de Martin Buber, es que la vida es relacional. Encontramos significado en el encuentro directo con otras presencias vivas, ya sea con otros humanos, la naturaleza o Dios, y afrontamos separación cuando consideramos a los demás como objetos, tal y como refleja la actitud del “Yo-Eso”.35 Otros visionarios han expresado ideas similares a su manera. Martin Luther King Jr. sostuvo que “estamos atrapados en una red ineludible de mutualidad, ligados a un mismo destino”.36 Rachel Carson describió la vida como una red profundamente entrelazada en su primer ensayo importante titulado “Undersea” (Bajo el mar, 1937) y, más adelante, en Silent Spring de 1962 (Primavera silenciosa, 1964).37

En capítulos posteriores introduciremos otros términos que designan los fenómenos relacionales de la creación de procomún con mayor precisión. Por ahora es suficiente con destacar que los filósofos llamarían a nuestra perspectiva una ontología relacional. En una ontología relacional la idea es que las relaciones entre las entidades son más importantes que las entidades en sí mismas. Reflexionemos sobre ello. Significa que los organismos vivos se desarrollan y prosperan mediante sus interacciones con otros organismos. Esa es la base de su identidad y su supervivencia biológica. Esa es la base de su existencia. Como organismo social vivo, un común encarna una ontología relacional que se expresa a través de patrones de comportamiento recurrentes como la ritualización de las dinámicas sociales y la valoración y confianza en el valor situado. Los comuneros se esfuerzan en velar por las relaciones al abordar conflictos y reflexionando sobre su gobernanza P2P.

A pesar de que los académicos hayan teorizado sobre diferentes tipos de ontologías relacionales, discrepan sobre la verdadera importancia y significado de las relaciones específicas entre las entidades. En general, se considera que las relaciones transmiten un significado o expresan un valor, por ejemplo, la relación entre las personas y un símbolo compartido como una bandera suele asociarse a una identidad y orgullo colectivos. Pero existen tantos tipos de relaciones posibles que es inviable proponer una enumeración filosófica unificada de las ontologías relacionales. Las personas pueden tener una relación con la tierra que cultivan, relaciones subjetivas o espirituales, relaciones biológicas con los padres o familiares lejanos, relaciones circunstanciales con amigos y compañeros de trabajo y conexiones transitorias con personas por Internet, entre muchas otras.

Podríamos explorar muchos tipos de ontologías relacionales, pero preferimos centrarnos en dos tipos generales y destacar sus diferencias. Todas nos transmiten historias incompatibles sobre la naturaleza del ser y cada una tiene diferentes ramificaciones políticas. Una de ellas se llama ontología relacional indiferenciada y, según ella, el origen de la existencia radica en el interior de todos los seres vivos como una fuerza trascendental. Podemos imaginarnos una matrioska, la muñeca rusa, en la que la muñeca más grande contiene y engloba todas las muñecas pequeñas en su interior. Cuando el todo incorpora todo lo que se encuentra dentro de él, podríamos decir que sus piezas son indiferenciadas en el sentido de que todas las partes están definidas por el todo. Ningún elemento contenido por el todo tiene necesariamente su propia agencia individual o carácter diferenciado. Todos los elementos son más o menos iguales y así son considerados. Desde un punto de vista político, esta ontología implica un colectivismo forzado o una monocultura centralizada porque todos los individuos y cosas se perciben como partes indiferenciadas del todo.

 

 

Difference btw. Differentiated and undifferentiated relational ontology

Ontología relacional diferenciada e indiferenciada.

Todo

Individuo

DIFERENCIADO

INDIFERENCIADO

 

En cambio, las realidades de la creación de procomún y de una sociedad basada en los comunes solo pueden expresarse mediante una ontología diferente que reconozca la diversidad y la diferenciación inherentes a los sistemas vivos dentro del todo. Esta ontología debe permitir que cada individuo desarrolle su identidad singular. Las personas nacen con talentos y deseos distintos en diferentes circunstancias, se les educa de manera diferente y cada persona se enfrenta a unas circunstancias únicas. Una ontología realista no debería intentar nivelar las diferencias reales individuales y reducirlas a un estándar universal.

Por lo tanto, el tipo de ontología que mejor describe las realidades del procomún es la relacional diferenciada, en la que el origen de la existencia proviene de todos los individuos vivos y se manifiesta de formas situacionales muy diversas. Al mismo tiempo, cada ser vivo se encuentra conectado al resto y comparte ciertos aspectos básicos de la vida y de la conciencia, de la misma forma que la sangre fluye en todos los cuerpos humanos y, sin embargo, cada ser humano es único. En una ontología diferenciada, los individuos son identificables pero están relacionados entre sí y a la vez forman parte de un todo mayor. Cada ser vivo se encuentra “en un estado constante de devenir mutuo”, tal y como Margaret Stout expuso, en una relación dinámica para con el todo. Dado que cada elemento vivo se encuentra en continua evolución y se ve influenciado por múltiples factores, el mundo no tiene una definición o representación única. No vivimos en un “mundo hecho por un solo mundo”, como lo define Arturo Escobar, sino en un pluriverso en el que una multitud de formas de vida están unidas gracias a nuestra humanidad común y a nuestro compromiso con la vida en la Tierra.

 

La ciencia de la complejidad y la creación de procomún

 

Es tentador considerar todo este debate como una distracción abstracta de poco valor práctico, pero un cambio hacia una ontología relacional es capaz de crear un nuevo paradigma de descubrimiento, dentro de la ciencia de la complejidad, que está revolucionando la biología, la química, las ciencias evolutivas, la física, la economía y las ciencias sociales, entre otros campos. La ciencia de la complejidad también tiene mucho que decir sobre el procomún porque contempla el mundo como un conjunto dinámico y cambiante de sistemas vivos integrados.38 Aunque los organismos individuales pueden tener grados importantes de agencia, se entienden únicamente en el contexto de sus innumerables relaciones y restricciones por estructuras mayores. El riñón del cuerpo humano no es una unidad autónoma, por ejemplo, sino que se encuentra anidado en un conjunto más amplio de sistemas fisiológicos en los que se debe adaptar, y el cuerpo humano a su vez debe coexistir dinámicamente en un ambiente aún mayor.

Al observar el mundo a través de esta ventana (una ontología relacional que vaya más allá de las metáforas mecánicas y del individualismo) pueden explicarse mucho mejor todo tipo de fenómenos ecológicos y humanos. Podemos empezar a comprender los comunes como formas de vida y no como recursos, y como sistemas orgánicos integrados y no como un conjunto de partes separadas. La ventana de la realidad expresada por los comunes es mucho más incluyente y real (¡o al menos eso creemos!) que las ontologías que consignan las dinámicas relacionales a un segundo plano como “variables exógenas”.39

La ciencia de la complejidad ofrece una forma más coherente de explicar cómo el diseño funcional puede surgir sin un diseñador. El diseño tiene lugar cuando los agentes adaptativos (como son los comuneros) interaccionan unos con otros. La autogestión de los agentes (lo que llamamos organización P2P o entre pares en un común) da paso gradualmente a sistemas organizativos complejos.40 No existe un plan maestro ni un conocimiento jerárquico, dirigido por expertos, implícito en este proceso, sino que surge de la respuesta de los agentes a sus propias circunstancias locales y limitadas.41 A medida que las personas experimentan, regularizan y perfeccionan las formas en las que se relacionan entre sí, van encontrando soluciones a sus problemas. El núcleo de las soluciones que funcionan bien puede describirse como patrón. Un patrón no es un plano; es una plantilla que incluye muchas variaciones similares pero no idénticas. Esto se debe a que cada variación refleja un momento particular, en un contexto específico, con un determinado grupo de actores, etc.

Podemos observar los principios de sistemas adaptativos complejos en la autogestión de los microbios cuando se adaptan a los organismos anfitriones, en las hormigas cuando construyen sus hormigueros y en otros seres vivos que de alguna forma se autocoordinan con el fin de establecer un orden general en su colectivo. El biólogo Stuart Kauffman, un teórico pionero de la ciencia de la complejidad, ha identificado los principios clave de la autocatálisis que puede ocurrir cuando un tipo de materia entra en contacto con otra.42 Basándose en ideas experimentales, Kauffman propone una teoría sobre los orígenes de la reproducción molecular, una dinámica que otros han confirmado en los metabolismos biológicos, los enlaces químicos y la física, entre otras disciplinas. El surgimiento de un       orden espontáneo, tal y como se denomina a veces, ocurre mediante las interacciones de los agentes locales sin ninguna supervisión ni control externos; y suele verse impulsado por los bucles de retroalimentación positiva dentro de un sistema que refuerza los comportamientos constructivos y organizativos. Las propiedades de autoordenación y autosanación se incorporan en los sistemas y sus elementos básicos a un nivel muy profundo, haciéndolos inusualmente resistentes frente a cualquier incidente.

Como es natural, esta es una historia más complicada de lo que podemos tratar aquí. No obstante, para nuestro objetivo basta con subrayar que las dinámicas de autogestión43 pueden dar pie a un orden vivo estable dentro de una entropía caótica y aleatoria. El segundo principio de la termodinámica postula que el universo se encuentra en un estado de entropía creciente y constante que tiende siempre al desorden. Sin embargo, según algunas nuevas teorías científicas, los organismos vivos (células, plantas, animales… ¿y los comunes?) son capaces de capturar y estructurar temporalmente el uso de los flujos de energía entrópica para sostener la vida. De esta forma, la vida y el orden surgen de forma espontánea a partir del desorden caótico. Un organismo vivo depende de las membranas semipermeables que le permitan acceder a todo aquello que le resulta útil de su entorno y filtrar lo que le es nocivo, todo ello de forma coherente en su contexto particular.44 “Por lo tanto, la identidad y el entorno se definen y determinan mutuamente”, escribe el antropólogo biológico Terrence Deacon, autor de Naturaleza incompleta: cómo la mente emergió de la materia (2011).45 No existe ningún relojero divino ni fuerza externa que imponga ningún orden, sino que este emerge a través de los sistemas internos del organismo que metabolizan la energía y hacen que se adapte creativamente a su entorno. Los paralelismos entre este proceso biológico y la creación de procomún son verdaderamente indicativos y dignos de ser estudiados.

Como es obvio, los científicos convencionales se han burlado de muchas de estas ideas, pero numerosos biólogos, químicos, físicos y científicos evolucionistas han adoptado la teoría de la complejidad precisamente porque explica cosas que la ciencia estándar no puede aclarar al operar en un marco más mecánico, individualista y basado en agentes. Una ontología relacional permite a los científicos ver el mundo en términos más dinámicos y holísticos. Nos permite ser más conscientes del hecho de que vivimos inmersos en fenómenos vivos. Aunque los economistas en general se han resistido a esta idea (¡porque haría añicos demasiados principios fundamentales de la economía estándar!), Kate Raworth ha propuesto en su brillante libro de 2017 Doughnut Economics (La economía del dónut o de la rosquilla) un marco económico basado en el mundo real que reconoce una nueva ontología: las personas son seres relacionales y sociales (y no racionales e individualistas), el mundo es dinámicamente complejo (y no mecánico y con tendencia al equilibrio) y nuestros sistemas económicos deben ser intencionalmente regenerativos.46 En abril de 2020, Ámsterdam fue la primera ciudad del mundo en adoptar oficialmente el modelo económico propuesto por Raworth, como plantilla para la formulación de políticas municipales.

El filósofo y biólogo Andreas Weber expresa el concepto de “ser” del que nos valemos en este libro: “El mundo no está poblado por seres singulares, autónomos y soberanos. Está compuesto por una red en constante movimiento de interacciones dinámicas en la que una cosa cambia con la transformación de otra. Lo importante es el vínculo, no la sustancia.”47 El libro de Weber titulado Matter and Desire: An Erotic Ecology (Materia y deseo: una ecología erótica, 2017) es una reflexión ampliada sobre esta idea: que la vida en la Tierra se basa en la “ ‘especificación recíproca’, un acto de generación mutua. Nuestro carácter individual únicamente se realiza de forma plena mediante los encuentros. El mundo no es una suma de cosas sino una sinfonía de relaciones …”48

 

 

El OntoGiro hacia el procomún

 

Si el mundo es efectivamente relacional, la razón por la que Garrett Hardin no pudo considerar el procomún como un sistema social viable en su famoso ensayo “Tragedia de los comunes” es más que clara: únicamente contemplaba el mundo a través de la lente de una ontología individualista. Partiendo de ese marco, sencillamente no podía comprender la creación de procomún ni concebir un conjunto de potencialidades políticas basadas en relaciones dinámicas.

Por lo tanto, para comprender del todo las dinámicas del procomún debemos en primer lugar huir del marco ontopolítico occidental moderno. Debemos realizar lo que hemos denominado OntoGiro, es decir, el reconocimiento de que las categorías relacionales de pensamiento y experiencia son primordiales. No se trata simplemente de observar las interacciones entre individuos independientes. Se trata de las intra-acciones, término utilizado por la física y filósofa Karen Barad para describir cómo las relaciones mismas son una fuerza de cambio, transformación y surgimiento. Como expone un comentarista de la obra de Barad, “cuando los cuerpos intra-actúan, lo hacen de forma co-constitutiva. Los individuos se materializan mediante las intra-acciones y la capacidad de actuar surge desde el interior de la propia relación y no desde fuera de ella.»49 Desde esta perspectiva, las categorías relacionales no son meras interacciones de causa y efecto entre objetos independientes, como bolas de billar rebotando en una mesa, sino que son interacciones que involucran las dimensiones internas de los organismos vivos y, de esta forma, generan cambio y valor. Es más, no existe un individuo único y esencialista, sino más bien muchos “yoes” dinámicos, cada uno de los cuales se encuentra implicado en numerosas comunidades y por lo tanto forma parte de “muchos nosotros”.

Sería justo describir los comunes como un gran sistema de intra-acción: como fenómenos sociales que generan significado y valor, que se hacen realidad cuando las personas se unen para solucionar problemas de forma conjunta o para crear algo nuevo mediante la negociación de normas, el abordaje de conflictos y el desarrollo de una cultura de autogestión consciente. Un común nace cuando los patrones se hacen realidad, patrones que son por sí mismos una expresión de las distintas comprensiones del ser que se describen en este capítulo.

Quizás ahora te preguntes: “pero… ¿cómo pueden funcionar verdaderamente todas estas ideas?” Contemplar el mundo de forma relacional es todo un desafío para las personas que están acostumbradas a pensar desde una ontología individualista y fundamentada en dualidades. Requiere desarrollar una conciencia diferente de realidad. Una nueva perspectiva no se adopta sin más ni más, es necesario practicar y aprender una nueva orientación. Decir adiós a los antiguos hábitos de pensamiento requiere práctica. Al igual que dejar de fumar, requiere fuerza de voluntad, atención y el aprendizaje deliberado de nuevas costumbres; y ese es precisamente el objetivo de los próximos capítulos para todos aquellos que quieran “pensar como un comunero” y realizar el OntoGiro.

 

OntoSeed at center of galaxy of commoning practices

La OntoSemilla en el centro de la galaxia de las prácticas de creación de procomún.

NIVEL MACRO Panorama general

NIVEL MESO Infraestructura del procomún y el intercomún

NIVEL MICRO Relaciones en el interior de un común e intercambio


Tríada del Procomún

Cooperativas de plataforma

Producción cosmolocal

Propiedad relacionalizada

Wiki federada

Herencia común de la humanidad

Alianzas público-comunes

Doctrina de public trust

 

 

 

Hasta ahora hemos sentado las bases para una comprensión distinta de la realidad. En el resto del libro ofrecemos los materiales para la construcción de la casa. Esta nueva estructura puede ayudarnos a concebir diferentes tipos de comunidad, prácticas sociales e instituciones económicas y, sobre todo, una nueva cultura que valore la cooperación y el compartir.

El primer paso de este viaje es el lenguaje. Debemos reflexionar sobre cómo las palabras y la lógica de nuestro lenguaje cotidiano transmiten las antiguas formas de pensar y limitan nuestra percepción de lo que es posible. Así que entrenémonos para contemplar el mundo de otra forma mediante palabras, relaciones y prácticas sociales nuevas.

3. El lenguaje y la creación de procomún

Pencil, nail and paper Lápiz, clavo y papel

 

Si le preguntas a un angloparlante qué dos objetos de los tres que se encuentran sobre estas líneas están relacionados, la mayoría dirá que el lápiz y el papel. Pero si preguntas a alguien que hable bora, una lengua del noroeste del Amazonas, obtendrás una respuesta distinta. Los hablantes de bora tienen “alrededor de setenta términos para designar la forma de los objetos: uno para las cosas alargadas y finas, otro para las cosas redondas, otro para las cosas planas con un borde recto, etc.»1 Cuando el etnolingüista Frank Seifart realizó una prueba empírica de “relación de elementos” con hablantes de bora y comparó los resultados con los de los hablantes de inglés y castellano, descubrió que el 100 % de los hablantes de bora respondieron que “lápiz y clavo” estaban relacionados. Para ellos el vínculo entre los objetos que comparten una forma similar era más que evidente.

Tal y como demostró este pequeño experimento, el lenguaje tiene una gran influencia en nuestra percepción. Las palabras, los términos y las categorías de pensamiento aíslan y enfatizan solamente algunos aspectos de la realidad, establecen lo que advertimos sobre un fenómeno u objeto particular y marginan otras características. Los términos y especialmente las categorías analíticas nos indican qué es lo que verdaderamente importa según una perspectiva o teoría cultural concreta, y así dirigen de forma sutil la forma en que percibimos el mundo. Si las palabras de un determinado idioma se centran más en las formas que en la función, no es de extrañar que los hablantes de ese idioma prefieran agrupar objetos según su forma y no su función.

Por lo tanto, aunque creamos que nuestro lenguaje cotidiano designa fielmente la realidad que vivimos, no es así. No solo vivimos en mundos distintos y los describimos mediante expresiones diferentes: ya sea de forma consciente o inconsciente, vivimos y creamos distintas visiones del mundo mediante el lenguaje. Es posible que “lápiz y papel” tengan una relación aparente y automática, pero como cualquier antropólogo puede afirmar, el orden social que heredamos o construimos para nosotros mismos es muy artificial.

Palabras, términos y categorías

Una palabra es un símbolo determinado (normalmente un sonido del habla o una combinación de caracteres) que nos permite transmitir un significado concreto. La combinación de palabras en innumerables permutaciones mediante la sintaxis convierte la comunicación humana en un fenómeno sorprendentemente versátil.

Un término es una palabra o una frase utilizada para expresar una noción o concepto más abstractos. Dado que se origina en un contexto histórico y cultural específico, un término es un significante de la historia de las ideas y de la cultura, de la misma forma en que “carro sin caballos” refleja la cultura previa al automóvil y los “cuatro elementos” (aire, agua, tierra y fuego) señalan la era precientífica de la antigua Grecia.

Una categoría es un término analítico básico que visibiliza cierta dimensión de un fenómeno. Una categoría se genera mediante una metodología explícita y sistemática, y determina lo que llegamos a ver. El alcance de nuestra cognición es muy distinto, por ejemplo, si utilizamos el término homo economicus como categoría analítica en vez del Yo interdependiente.

Una categoría relacional es una categoría basada en una comprensión relacional del mundo, tal y como se explica en el Capítulo 2. En las sociedades modernas la economía, las enfermedades y el Estado se consideran cosas, cuando en realidad son fenómenos relacionales. Una persona no tiene tuberculosis o cáncer sino que forma parte de un vector dinámico de células vivas, virus, bacterias, etc. De la misma forma, los términos economía y Estado cosifican un amplio conjunto de relaciones sociales y políticas.

Nuestras palabras, términos y expresiones idiomáticas determinan sutilmente lo que consideramos razonable y cuáles son las relaciones lógicas que importan. La ausencia de palabras y términos indica de forma indirecta lo que no consideramos como importante; después de todo, hemos optado por no nombrarlo. En resumen, quizás pensemos que el significado de nuestras palabras es evidente y que nuestra forma de vida es normal, pero en realidad ambos conceptos son tremendamente circunstanciales y dependen del contexto. Tomemos como ejemplo cómo un sencillo gesto de la mano con la palma hacia arriba y las puntas de los dedos unidas significa distintas cosas en culturas diferentes: los egipcios utilizan ese gesto para decir: “¡Ten paciencia!”, los italianos para preguntar: “¿Pero qué estás diciendo?” y los griegos para exclamar: “¡Perfecto!”2 Una vez más, la realidad en la que vivimos puede parecer obvia y sólida, pero en realidad los símbolos que utilizamos para transmitir significado (ya sean gestos o palabras) son, en última instancia, un tanto arbitrarios.

Three gesturing handsTres gestos manuales

 

Finalizamos el capítulo anterior señalando que para poder percibir el procomún como paradigma general es necesario emprender una nueva orientación hacia la realidad y realizar un OntoGiro. En este capítulo queremos explicar por qué esta orientación solo puede expresarse mediante un nuevo tipo de lenguaje.

A lo largo del proceso de escritura de este libro a menudo nos encontramos con la urgente necesidad de disponer de términos que describieran las realidades de los comunes de forma más exacta. Por ejemplo, nos dimos cuenta de que el término recurso, tal y como lo utilizan los economistas y los políticos, implica cierto tipo de relación social (impersonal, instrumental y orientada hacia el mercado) que no es realmente válida en un común. Nos percatamos de que la dualidad entre privado y público, además de implicar un mundo dividido en mercados y Estado, no consigue reconocer las realidades específicas de los comunes. En innumerables ocasiones nos vimos aprisionados por el lenguaje de la cultura convencional y nos sentimos frustrados por la ausencia de palabras, términos y categorías relacionales que pudieran dar voz a los comunes. Llegamos a la conclusión de que si aspiramos a una transformación social y política pero tratamos de hacerlo utilizando el lenguaje de la economía mercantil, del poder estatal y del liberalismo político, fracasaremos estrepitosamente. ¡Teníamos que escapar de alguna forma a la poderosa atracción gravitatoria del lenguaje del antiguo paradigma y encontrar palabras que designasen un orden diferente de realidad social! Las relaciones y las formas de ser y hacer que apenas son visibles en la cultura general deben hacerse explícitas a través del lenguaje.

 

 

La perseverancia de los sistemas de opinión: la armonía de las ilusiones

 

A lo largo de la historia, siempre han surgido problemas cuando el lenguaje usado para representar la realidad no consigue satisfacer las necesidades y aspiraciones de las personas. Un marco de pensamiento anticuado fracasa cuando no puede nombrar adecuadamente los fenómenos que las personas necesitan contemplar para gestionar de forma colectiva sus asuntos. No se trata únicamente de una cuestión de análisis y representación precisos, sino también de transmisión de valores, sentimientos y relaciones. En el Capítulo 2 vimos cómo Edward Hitchcock fue incapaz de formular y afirmar nuevos hechos porque se encontraba profundamente inmerso en una visión del mundo bíblica y tampoco contaba con la terminología para imaginar e interpretar un mundo prehistórico de dinosaurios. En cambio, personas como Darwin y Lyell sí pudieron hacerlo al reinterpretar la realidad por medio de nuevas terminologías y un andamiaje cognitivo duradero paras las generaciones futuras. Esta es una experiencia recurrente en la historia de la ciencia: el inconoclasta que rompe el candado del marco de comprensión convencional al ofrecer uno distinto que, a pesar de su novedad, es reconocido por suficientes personas como más explicativo y verdadero.

En su libro La estructura de las revoluciones científicas (1962), Thomas Kuhn expuso a la perfección la forma en que los antiguos marcos de pensamiento se derrumban ante las nuevas interpretaciones e ideas. Kuhn sostenía que los descubrimientos científicos suelen ocurrir cuando los inoportunos desafían un marco subyacente de normas y suposiciones, suplantando una constelación de compromisos grupales sobre cómo interpretar el mundo y ofreciendo nuevos supuestos, normas y explicaciones. Esto allana el camino hacia un futuro cambio de paradigma.3 A pesar de que la idea de un cambio de paradigma esté abierta a interpretaciones y se haya convertido en un cliché, nosotros lo hemos tomado en el sentido que hemos descrito en el Capítulo 2 como OntoGiro. Un cambio de paradigma verdadero se produce cuando nuestras presunciones fundamentales sobre la realidad cambian. El desafío que los agentes de cambio políticos rara vez abordan es cómo salir de las visiones del mundo tan arraigadas y cuestionar las suposiciones que no se han analizado y que conforman nuestra cognición.

Ludwik Fleck, un microbiólogo y filósofo científico polaco que prefiguró a Kuhn en el año 1935 con un enfoque aún más radical, señaló el conservadurismo inherente a los “colectivos de pensamiento”. En sus propias palabras: “Cuando una concepción cala lo bastante profundo en un colectivo de pensamiento de forma que llega a penetrar en la vida y lenguaje cotidianos y se convierte en un punto de vista en el sentido literal de la palabra, cualquier contradicción parece impensable e inimaginable.”4 Fleck recordaba que la idea de Colón de que el mundo era redondo resultaba demasiado alocada como para que la gente pudiera imaginarlo. ¿Quién podía creer que las personas al otro lado del mundo caminaban sobre sus cabezas y con los pies en el aire?

Un colectivo de pensamiento actúa como el sistema inmunológico de un cuerpo: recorre el organismo sin cesar en busca de virus y otras amenazas a la sabiduría recibida, al tiempo que permite el acceso a las entidades consideradas como “extranjeros amistosos”. “Lo que no encaja en el sistema permanece invisible”, escribió Fleck. “De lo contrario, si es visto, o bien se mantiene en secreto o se lleva a cabo una ajetreada labor para explicar la excepción de forma que no contradiga al sistema”.5 Como es obvio, algunos colectivos de pensamientos son más cerrados y temerosos que otros. Algunos cuentan con diseños y metodologías que son herméticas y hostiles al cambio, mientras que otros están estructuralmente más abiertos a una opinión heterodoxa, a la discrepancia, al cambio evolutivo y a otras metodologías que permiten la integración de diferentes saberes. Galileo se enfrentó a una oposición de rechazo religioso cuando cuestionó la visión geocéntrica del cosmos de Copérnico. Sin embargo, con el paso del tiempo el nuevo paradigma superó las refutaciones de los “epiciclos” orbitales cuyo objetivo era mantener el sistema copernicano. La tendencia a interpretar fenómenos de forma que confirmen nuestras propias prioridades (sesgo de confirmación) forma parte de lo que Fleck denominó “la perseverancia de los sistemas de opinión y la armonía de las ilusiones”.6 El orden dominante debe ser defendido, los puntos de vista insurgentes, rebatidos y los disidentes, denigrados o incluso perseguidos.

La llegada de un nuevo paradigma suele anunciarse mediante la aparición de nuevas categorías de pensamiento, nuevos términos y nuevas palabras que iluminan dimensiones de la realidad olvidadas o inimaginables, poniéndolas a disposición de la cultura. La idea de que incluso los hechos empíricos son relativos y de que las cosmovisiones y marcos culturales son contingentes es un hueso duro de roer para los modernos ilustrados. Y es por eso que un análisis más detallado de nuestro lenguaje revela cómo nuestro sentido de la realidad, tan influenciado por el lenguaje, está repleto de marcadores artificiales de significado. Recordemos el ejemplo del lápiz, papel y clavo.

Es probable que todas las sociedades dispongan de un marco dominante de percepción y significado. Sin duda, esa es una de las razones por las que la humanidad ha prosperado tanto como especie. Mientras que un individuo tan solo puede abarcar fragmentos diminutos del amplio almacén de conocimientos de una cultura, los marcos de consenso pueden ofrecer un acceso indirecto al conocimiento colectivo de una sociedad. El marco cognitivo equivale a una especie de sistema operativo del cuerpo/mente, con sus fortalezas y limitaciones, que predetermina únicamente ciertas posibilidades específicas de percepción y pensamiento permisibles, algunas de las cuales se ven reforzadas agresivamente por instituciones y líderes poderosos. Cuando las metodologías y las convicciones de un colectivo de pensamiento se tornan sofocantes o dañinas, surge la pregunta: ¿cómo se puede introducir un “estilo de pensamiento” que desafíe y suplante al antiguo? Creemos que una estrategia vital (aunque no es ni mucho menos la única) es el uso de un nuevo lenguaje con unas potencialidades pioneras y más amplias.

 

 

El lenguaje y su capacidad para crear mundos

 

Hemos visto que el lenguaje es una fuerza indispensable para imaginar el mundo y construir socialmente lo que se considera un hecho. Pero es mucho más: el lenguaje es un medio de creación conjunta del mundo. Por ejemplo, la tierra y ciertos tipos de trabajo humano llevan considerándose como capital7 –un término de bastante importancia para la historia contemporánea– tan solo durante los últimos dos siglos. Un amplio léxico económico ha convertido las relaciones sociales del capitalismo en algo mucho más real y normativo que la experiencia primaria. A medida que los capitalistas han buscado obtener una mayor productividad a partir de su propiedad, se han adoptado términos como capital humano y capital natural para expresar las relaciones para con las personas y la naturaleza. De la misma forma, Internet y la cultura digital han dado lugar a vocablos totalmente nuevos que describen las realidades más destacadas de la vida online: spam o “correo basura”, phishing o “ciberestafas”, difamaciones o guerras de insultos (flame wars), emoticonos y acrónimos como LOL (por sus siglas en inglés, laughing out loud o reírse a carcajadas). Como hemos visto, los hablantes de bora en el noroeste del Amazonas han desarrollado sus propios términos específicos para denominar lo que les importa y para navegar a través de su terreno social y físico. Lo mismo ocurre con el pueblo jahai de las selvas vírgenes del norte de Malasia, que tiene una docena de palabras distintas para designar los olores que impregnan su entorno: una para el olor a cebollas hervidas, otra para el aroma de la carne, para el caucho quemado y para la “sangre que atrae a los tigres”.8 Los hablantes de inglés, alemán o castellano no necesitan estos conceptos, por lo que debemos recurrir a una analogía elaborada (“olor a cebollas hervidas”) simplemente para conseguir una traducción aproximada.

En su libro Landmarks (Monumentos, 2015), el escritor sobre la naturaleza Robert Macfarlane recogió cientos de palabras que las comunidades han creado para denominar distintos aspectos de sus entornos locales. En la isla irlandesa de Lewis, por ejemplo, la palabra èit designa la “práctica de colocar piedras de cuarzo en los arroyos de los páramos para que brillen a la luz de la luna y atraigan a los salmones a finales de verano y otoño”.9 En Hertfordshire (Inglaterra), las puntas de flechas prehistóricas se conocen como “dardos de hadas” y en los Cotswolds, la madera en descomposición se llama droxy, una palabra que no tiene ningún otro significado.10 Las innumerables palabras utilizadas por las poblaciones hiperlocales tienen una “precisión compresiva” y la capacidad de “discriminar ultradetalladamente”, escribe Macfarlane.11 Durante siglos estos vocabularios “han vertido su poesía en la vida cotidiana. Han recopilado los cuentos, anécdotas y mitos locales, enlazando la historia con el lugar. Han sido funcionales, operando como marcadores territoriales y designadores de propiedad”, ayudando a las personas a nombrar puntos de referencia, a recorrer el terreno y a conectar con la historia de sus antepasados. Las palabras operan como “mapas de la memoria”. Según Alec Finlay, el mundo está “iluminado por la mnemotecnia de las palabras”.12

Keith Basso, un célebre etnógrafo del entorno y del lenguaje, señaló que el pueblo apache del oeste de Arizona considera que sus palabras especiales son mucho más que referentes: son formas de expresarse estética, ética y musicalmente. Además, conectan intensamente a las personas con sus propias geografías, culturas e historias. En nuestra época, los profesionales del marketing utilizan el poder expresivo de las palabras para impulsar sus ventas y sus identidades de marca hasta el punto de comprar los “derechos de denominación” comercial para, por ejemplo, estadios deportivos y monumentos urbanos.13 Cuando los comuneros reemplazan los nombres de lugares mercantilizados y la cultura de las marcas con sus propias nomenclaturas, restauran el poder expresivo del lenguaje y animan a entusiasmarse por el procomún. La cultura en sí misma se convierte en un común porque las palabras resuenan en los corazones y experiencias de las personas, no son meros símbolos de mercadotecnia pagados por una empresa adinerada.

Considerando este papel del lenguaje, la extinción acelerada de las lenguas es verdaderamente preocupante a medida que la monocultura del capitalismo global se intensifica. La diversidad biolingüística ha permitido a los seres humanos comprender el mundo no humano de manera perspicaz y esclarecedora, pero ese elemento clave de la cultura humana se está perdiendo en la actualidad. La mayoría de las doscientas cincuenta lenguas aborígenes de Australia se han evaporado, privando a la humanidad de parte de nuestra capacidad para imaginar y nombrar distintas relaciones humanas posibles con la naturaleza.14 “Si no creamos un nombre en nuestra boca, un animal o un lugar lucharán por encontrar un hueco en nuestras mentes y en nuestros corazones”, tal y como expuso un etnógrafo.15

 

 

Marcos, metáforas y los términos de nuestra cognición

 

Tal y como sugieren estos ejemplos, algunas de las formas más importantes de creación del mundo pasan por el lenguaje. El lenguaje no es poderoso únicamente como herramienta de comunicación y coordinación entre nosotros, sino que organiza nuestra cognición y autoconciencia. El lenguaje es nuestro vehículo más importante a la hora de expresar conceptos comunes y de reafirmar lo que consideramos relevante. Es, por lo tanto, esencial para la creación de cultura. La pregunta es: ¿qué conceptos, hechos y perspectivas podemos declarar como relevantes? ¿Qué tipo de conocimiento y cultura comunes queremos extender?

Esta pregunta nos lleva a la importancia de los marcos y las metáforas. Como el sociolingüista George Lakoff ha explicado en sus numerosos libros, los marcos inherentes a nuestro lenguaje literalmente representan nuestra cognición.16 Los agentes del mundo corporativo se refieren a sí mismos con gran autocomplacencia como creadores de empleos, celebrando su poder al mismo tiempo que marginan el verdadero trabajo que en realidad hacen las personas. Los minoristas prefieren enmarcar el acto de gastar dinero en artículos a la venta como ahorrar dinero porque supuestamente se está pagando un precio menor al habitual. El objetivo de los marcos y las metáforas es preprogramar nuestro campo de visión e infundir sutilmente significados y valores emocionales a nuestra percepción y pensamiento. En primer lugar, los marcos predeterminan las respuestas posibles al suponer qué es importante y permisible preguntar. Dado que los marcos transmiten de forma poderosa las ontologías en las que se basan, rara vez nos percatamos de cómo se infiltran silenciosamente en nuestras mentes. Incluso aunque rechacemos el discurso convencional (“el capitalismo es una mierda”), seguimos promulgándolo de manera inconsciente mediante sus estructuras y términos semánticos. Así modelan los marcos las políticas. De hecho, en realidad son políticas en sí mismos.

Los marcos funcionan en gran medida mediante metáforas que operan a nivel neuronal. Como algo normal, acabamos internalizando las ideas de los marcos en nuestras mentes. Resulta muy diferente imaginarnos y hablar de nosotros mismos como “invitados respetuosos de la naturaleza” (como en la tradición taoísta) o como “conquistadores de la naturaleza” (como en la tradición occidental contemporánea).17 A menudo las metáforas cuentan con asociaciones morales potentes que influyen en la forma en que nos posicionamos ante un tema en particular. Por ejemplo, la metáfora del economista Joseph Schumpeter sobre el capitalismo como fuerza de “destrucción creativa” se ha utilizado para valorar la “innovación” como algo original, moderno y progresista en vez de algo denso y retrógrado.18 La palabra conlleva un juicio implícito y una consideración moral. De manera conjunta, las metáforas y marcos de nuestro lenguaje tejen una red de asociaciones y actitudes culturales. Por lo tanto, ¡no es de extrañar que en una cultura de mercado los marcos y metáforas convencionales no logren captar la esencia y realidad de los comunes y la creación de procomún!

Los paradigmas y sus presunciones, las metáforas y los marcos que crean, las categorías y los términos que las explican… Todos estos ingredientes se aúnan para expresar un “estilo de pensamiento”, tal y como lo denomina Fleck. Un enfoque estándar de percepción del mundo produce “una disposición para la acción y percepción estilizadas (es decir, dirigidas y restringidas) hasta que una respuesta se preforma en gran medida en la propia pregunta y la decisión queda confinada a un simple ‘sí’ o ‘no’, o quizás a una determinación numérica, hasta que los métodos y aparatos realizan de forma automática la mayor parte de nuestro trabajo mental por nosotros” (énfasis en el original).19 Las respuestas son correctas siempre y cuando el colectivo de pensamiento considere que el discurso es permisible y verdadero. Para permanecer dentro de los confines del colectivo de pensamiento, la mayoría de los comentarios e investigaciones se basan en elaborar premisas fundamentales. Las ideas que desafían el colectivo de pensamiento predominante (tales como los comunes y la creación de procomún) no cuentan. Se evitan, rechazan y deniegan, mientras que sus defensores son ignorados y a veces incluso perseguidos.

Se pueden hacer muchas cosas para superar los marcos de pensamiento restrictivos e inaugurar unos nuevos que puedan reemplazarlos. En primer lugar, debemos deconstruir los marcos y metáforas dominantes del discurso convencional, así como su lógica, valores y asociaciones emocionales implícitas. Toda la cadena de ontología, marco y términos debe ser eliminada de raíz y reemplazarse por otros elementos –una labor que, como es obvio, ocurre con el tiempo y no de un solo golpe–. Todo esto es esencial porque si utilizamos los mismos marcos, conceptos y metáforas que hemos utilizado hasta ahora simplemente reviviremos la antigua visión del mundo que estamos intentando trascender. Por ejemplo, el lenguaje normativo sobre el trabajo como algo que se hace en un puesto de trabajo (pagado) evoca la visión totalizadora de que las personas deben ganar dinero a través de su trabajo mercantilizado para así poder sobrevivir y desarrollarse en el mundo. Existe toda una cosmovisión y sistema social incrustados en nuestro lenguaje cotidiano e interiorizados en la forma en que interpretamos la realidad social.

Por lo tanto, no solo tenemos que ser más conscientes de los términos y conceptos que consolidan el orden de pensamiento existente sino que también necesitamos enseñarnos a nosotros mismos nuevos vocabularios que apunten a formas de ser más liberadoras. Debemos aprender un lenguaje que nos ayude a realizar un OntoGiro y a pensar en términos relacionales sobre ese nuevo mundo que es posible. Para sensibilizarnos con respecto a las palabras tendenciosas en nuestro léxico diario, a continuación ofrecemos un conjunto de “Palabras clave de una época que se desvanece”, así como una selección de «Oposiciones binarias engañosas». Con el fin de aprender a nombrar, ver y comprender mejor el procomún, también hemos recopilado un «Glosario de términos afines al procomún». Quizás quieras hojear estos glosarios ahora y volver a repasarlos más adelante.

 

 

El lenguaje como evocación y sustento de una cosmovisión

 

Este es nuestro intento por identificar los términos cuyos significados inherentes apuntan en la dirección incorrecta, pues dirigen sutilmente nuestra atención a las antiguas formas y paradigmas de percepción y pensamiento a la par que bloquean otros tipos de cognición y comunicación más constructivos. Muchos términos que nos resultan totalmente familiares en las sociedades modernas evocan realidades que en la actualidad están desmoronándose y descomponiéndose. Podríamos decir que son “palabras clave de una época que se desvanece”, ya que fueron relevantes en el pasado pero cada vez resultan más arcaicas y desfasadas.

¿Por qué necesitamos tal glosario? John Patrick Leary, historiador cultural del capitalismo y de su lenguaje, explica que las palabras clave que utilizamos revelan mucho sobre la lógica, los valores y las sensibilidades de un pueblo, puesto que “vinculan las formas en que percibimos la cultura y la sociedad”. Citando el clásico libro de Raymond Williams de 1976,20 sobre las palabras clave, Leary afirma que los términos que hoy día atraen nuestra atención “están relacionados con la afinidad por la jerarquía y celebran las virtudes de la competencia, el ‘mercado’ y las tecnologías virtuales de nuestra época”.21

Eso es precisamente lo que experimentábamos al escribir estas páginas. Nos enfrentábamos a un reto particular: intentar comunicar las realidades sutiles de los comunes y de la creación del procomún con palabras cuyos significados están profundamente arraigados en una cultura distinta y centrada en el mercado. ¡No había manera! El problema no radicaba en las palabras en sí mismas, pero teníamos la sensación constante de que no eran capaces de expresar fielmente algunas verdades sobre el procomún. Muchos términos son astutamente engañosos porque insinúan ideas confiables y sólidas, pese a que en realidad los referentes son realidades que están desapareciendo. Las palabras se están convirtiendo en cáscaras vacías. Pensemos por ejemplo en la voz sostenibilidad. Hoy en día se utiliza más para describir modelos de negocio que para el uso consciente de la riqueza natural compartida que permita su capacidad de regeneración. Determinados términos apuntan hacia las creencias de una visión del mundo que es problemática. Cuando hablamos de capital humano, respaldamos un mundo en el que el papel principal del ser humano es ser un recurso para el mercado laboral. Cuando hablamos de crecimiento económico, invitamos a los oyentes a creer en la falsa narrativa igualitaria de que el crecimiento es beneficioso para todos aunque la realidad sea muy distinta.

En este sentido, el vocabulario es un universo vivo de significado transmitido mediante palabras diferenciadas, no es un simple sistema de clasificación como la taxonomía. A menudo el vocabulario se describe como un “campo de palabras con explicaciones” (vocabularium en latín). En cambio, si echamos un vistazo a la forma en que los vocabularios operan en realidad, veremos que son más bien conjuntos abiertos y cambiantes de palabras y términos que reflejan una red oculta de cierta lógica y relaciones. Un vocabulario coherente y compartido ilumina las múltiples relaciones entre las palabras y nos ayuda a compartir experiencias y conocimientos con los demás. (¡He ahí la importancia de estos glosarios!)

 

Palabras clave de una época que se desvanece

 

Ciudadano identifica a una persona en relación con el Estado nación e implica que este es el principal papel político de la persona. El término ciudadano se utiliza normalmente para insinuar que los no ciudadanos son, de alguna forma, menos que sus iguales o incluso ilegales.22 Un término más universal es Comunera/Comunero.

 

Desarrollo es un término de la economía política –utilizado por algunas naciones europeas, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Japón, etc.– para incitar a los países subdesarrollados a aceptar el comercio global, el extractivismo de recursos y el consumismo, así como mejoras en su infraestructura, educación y sanidad. Los efectos secundarios perjudiciales del desarrollo suelen incluir la destrucción ecológica, la desigualdad, la represión política y el desahucio cultural. El ecologista alemán Wolfgang Sachs ha denominado el desarrollo como una mentalidad que alinea las economías políticas de todas las naciones en un mismo pensamiento: “Los líderes muestran el camino, se encuentran en primera línea de la evolución social e indican un destino común incluso para países con trayectorias muy diversas en el pasado. Distintas historias se fusionan en una ‘historia maestra’, diversas escalas de tiempo se fusionan en una escala de tiempo maestra. El tiempo imaginado es lineal, de manera que solo se puede avanzar o retroceder.”23

 

Gobernanza hace referencia a múltiples acuerdos de gestión y control del comportamiento humano. Al igual que el término gobierno, “gobernanza” deriva en última instancia del vocablo griego kubernáo [κυβερνάω] que, literalmente, significa dirigir. La pregunta es: ¿quién dirige a quién y por qué medios? Reacuñado por economistas y politólogos, desde principios de la década de 1990 el término implica que una clase, un grupo de poder o aparato institucional separado se sitúa por encima de los demás y los gobierna. En otras palabras: el Gobierno y los gobernados son dos entes distintos. El término gobernanza en su uso convencional no incluye la idea de la coordinación y control colectivo por parte del propio pueblo. Nuestra alternativa provisional al término gobernanza es Gobernanza P2P (P2P viene del inglés peer to peer, entre iguales o entre pares).

 

Los incentivos describen el uso de algo, generalmente dinero, para motivar a las personas y dirigir sus acciones de una determinada manera. En el contexto de un sistema de recompensas, los incentivos suelen utilizarse para motivar un trabajo más arduo. (De hecho, no es de extrañar que su uso se popularizara en 1943, en el contexto de la economía de guerra de Estados Unidos). A pesar de que los incentivos externos seguramente desempeñen un papel decisivo, los estudios han demostrado que el dinero y otros incentivos a menudo nublan nuestras motivaciones instintivas de creación y contribución. La introducción del dinero en un escenario indica que los protocolos sociales egoístas e impersonales son la norma, lo que a su vez disuade a las personas de Aportar sin coerciones. Como escribe Miki Kashtan, “el dinero es extremadamente incapaz de abordar las necesidades con Cuidado”.24

 

Innovación hace referencia a las ideas, herramientas o dispositivos que son nuevos y, por ende, más originales, beneficiosos, avanzados y eficaces que los ya existentes. La llamada fuerza disruptiva de la innovación en la sociedad y los mercados se celebra a pesar de que el cambio tenga a menudo un valor ínfimo, antisocial o nocivo para el medio ambiente. A fin de cuentas, la “innovación” se considera como un motor para la ventaja competitiva de mercado y el rendimiento de la inversión de capital. De ahí el aura positiva de la palabra, especialmente cuando se enfrenta a su opuesto binario, estático, tradicional y antiguo, que implica falta de imaginación. Sin embargo, la alternativa a innovación no es este opuesto binario sino la adaptación creativa (de forma compartida y convivencial) a las siempre cambiantes necesidades.

 

Liderazgo es un término que implica un único líder (audaz, valiente, perspicaz) que moviliza a sus seguidores con el fin de conseguir objetivos colectivos que, de lo contrario, serían imposibles de alcanzar. No hay duda de que algunas personas son inspiradoras y catalizadoras, pero interpretar liderazgo como se hace en la mayoría de los contextos organizativos activa una estructura jerárquica en nuestras mentes y la valida. El liderazgo se asocia por tanto a la obtención de poder sobre los procesos y las personas. Es más, oculta el potencial de la Creación de procomún para materializar el cambio y organizar nuestras vidas o, como Miki Kashtan afirma, “para encarnar una intencionalidad de liderazgo sin ejercer el poder».25 Se puede alcanzar el cambio catalítico mediante procesos de poder distribuido y objetivos compartidos, tal y como se observa en la Sociocracia,26 el enfoque de la holocracia,27 la teoría U28 y las prácticas de Gobernanza P2P.

 

Sin ánimo de lucro implica que una organización es ética y tiene una mentalidad social, presumiblemente todo lo contrario a una empresa con fines de lucro e intereses propios. Sin embargo, una entidad sin ánimo de lucro es principalmente un estatus legal que otorga ciertas exenciones fiscales. El término sin ánimo de lucro es algo engañoso porque sugiere que existe una forma de participar en una economía capitalista con una mentalidad social y sin obtener un beneficio. Es más acertado decir que las organizaciones sin ánimo de lucro reinvierten sus beneficios en fines sociales. En última instancia, dependen de forma directa o indirecta de la obtención de beneficios de una economía mayor y no ofrecen una emancipación estructural de los imperativos del propio capitalismo.

 

Organización se refiere generalmente a una institución o asociación cuyos miembros se coordinan entre sí para alcanzar objetivos comunes y hablar con una sola voz. Este significado está siendo subvertido en la actualidad por el poder de las redes abiertas, haciendo que la idea de una organización estable con participantes y límites identificables resulte arcaica. Las organizaciones convencionales como el Gobierno y las corporaciones están descubriendo que a medida que los límites entre las organizaciones se vuelven más permeables, las colaboraciones con los forasteros son cada vez más sistemáticas y las interacciones son más fluidas y dinámicas. Resulta interesante destacar que el término organización proviene del griego órganon [ὄργανον], que se traduce como herramienta para “formar un todo viable y vital”, al igual que los órganos de nuestro cuerpo. En vez de centrarnos en las organizaciones como forma, nos parece más útil enfocarnos en la calidad de la organización dentro de una institución, es decir, la autogestión consciente, el trabajo en red y la Gobernanza P2P.

 

Las corporaciones son formas de Organización que el académico empresarial Ronald Coase explicó como una solución más eficaz para los altos costes operativos. Este análisis está siendo socavado hoy en día por la participación inherente a las plataformas abiertas y los Comunes, lo que permite a las personas minimizar los costes operativos mediante la colaboración en el seno de las comunidades de confianza. La improvisación flexible a través de la Creación de procomún puede comenzar a competir con las estructuras corporativas y los mercados, aunque este enfoque suele tener una infraestructura y financiación inadecuadas.

 

La participación es un término utilizado frecuentemente para describir la implicación ciudadana en el Gobierno, la vida comunitaria y las organizaciones. Hoy en día, se suele apelar a este término de forma positiva para implicar que la participación ciudadana (en las audiencias, la toma de decisiones o en los programas de presupuestos participativos) cumple con los ideales democráticos y confiere legitimidad popular a los resultados. Sin embargo, esta es precisamente la deficiencia del término participación, y es que a menudo se encuentra confinada dentro de un conjunto predeterminado y vertical de opciones políticas y de estrategias de implementación. Es decir, en realidad el público no inicia ni muestra una capacidad política soberana en el sentido más amplio de la palabra, sino que simplemente participa en los debates y procesos públicos en los términos que los políticos, los legisladores y otros funcionarios estatales consideran aceptables, otorgando a las decisiones finales cierto barniz de legitimidad. Por el contrario, la Creación de procomún es un acto de competencia política más sólido e independiente.

 

A escala: Preguntarse cómo ampliar o reducir una idea a escala es otra forma de plantearse cómo hacerla más relevante o consecuente. El término implica cierto tipo de verticalidad (de abajo hacia arriba y viceversa) como si las jerarquías centralizadas fueran necesarias para ampliar la operatividad de una idea o práctica. No obstante, como explicaremos en nuestro término Emular y después federarse (pp. 202-203), los proyectos locales pueden expandirse mediante la participación voluntaria, la organización entre pares y la federación, sin la ayuda de sistemas centralizados de control. Facilitar una infraestructura es útil por lo general, pero los proyectos llevados a una escala mayor generan invariablemente nuevas complicaciones y gastos generales fijos, a la vez que reducen la posibilidad de alcanzar soluciones elegantes, flexibilidad local y criterio humano.29 Llegados a cierto punto, los sistemas a gran escala requieren un suministro de energía y un volumen de trabajo cada vez mayores para seguir funcionando (unas “necesidades lamentables”, como las denomina David Fleming) que pueden desviar los recursos para satisfacer las necesidades reales. Hacer algo a gran escala es fundamentalmente desalentador. “Es como una ola: puedes dejarte llevar por ella, pero no dirigirla”, añade Fleming.30 La sabiduría del diseñador Thomas Lommée es de lo más acertada: “La próxima gran cosa será la suma de un montón de cosas pequeñas.”31

 

La escasez en su sentido más conocido señala una insuficiencia que puede resolverse por la economía de mercado a través de la invención, la innovación y el crecimiento económico. La escasez de petróleo, tierra y agua puede parecer obvia pero, en realidad, el término no refleja ninguna propiedad inherente a un recurso. El petróleo, la tierra y el agua son simplemente finitos. El término escasez refleja la visión del mundo de un sistema social que utiliza un recurso. Algo se considera escaso cuando no hay suficiente oferta para satisfacer la demanda real o potencial. En un contexto capitalista, la escasez se crea incluso cuando existe suficiente oferta, como es en el caso del conocimiento, el código de software y la información. Ese es el objetivo preciso de los derechos de autor y de las leyes de patentes: impedir que se comparta el conocimiento y las obras creativas. “Si experimentamos escasez”, escribe Alan Roseblith, “el problema radica en nuestros sistemas, no en el universo.”32 Los bosquimanos del Kalahari (África) experimentan una “riqueza sin abundancia”, tal y como describe el título de un libro sobre ellos.33 Gestionar recursos limitados es uno de los desafíos clave a los que se enfrenta un común. En el caso de los recursos finitos como la tierra, este desafío se suele abordar mediante un enfoque de limitación, es decir, estableciendo unos límites al uso de la riqueza compartida. La escasez inventada de código de software se aborda mediante las comunidades de software libre y de código abierto (también llamadas FLOSS por sus siglas en inglés, Free/Libre and Open Source Software).

 

A menudo se considera el pluralismo como una virtud social por sus pretensiones de tolerancia y aceptación de las diferentes razas, etnias, géneros, religiones, etc. Pero en el marco de un estado mercantil liberal, el pluralismo tiene expectativas normativas sobre las aspiraciones y actitudes sociales hacia el capitalismo y la Gobernanza. Por ejemplo, cuando las personas ascienden en el mundo corporativo se toma como una demostración de emancipación racial y feminista. Esto es algo muy diferente a aceptar un Pluriverso, que implica el reconocimiento de las múltiples formas de concebir el mundo. El pluralismo es importante en sí mismo, pero por lo general significa que la diversidad debe aceptar fundamentalmente la idea de “un mundo de un solo mundo”, como lo ha acuñado el antropólogo Arturo Escobar.34

 

 

Oposiciones binarias engañosas

 

Cuando utilizamos oposiciones binarias o conceptos opuestos, sugerimos que cada uno de los extremos muestra una lógica muy diferente al otro y que ambos son esencialmente incompatibles. Pero la experiencia de la Creación de procomún en una situación particular hace desaparecer o trasciende muchas de estas supuestas oposiciones binarias. Por ejemplo, las personas que participan en una labor o un gesto colaborativos como la donación de sangre o una disciplina académica pueden experimentar el ser un Yo interdependiente, que trasciende la polaridad del individuo y el colectivo. Por lo tanto, a medida que nos vamos adentrando en el mundo del procomún, comenzaremos a dejar atrás el mundo de las “oposiciones binarias engañosas”. He aquí algunas de ellas.

 

Colectivo/Individuo. Esta oposición binaria se utiliza a menudo para sugerir que el interés de un individuo es contrario a los intereses de un cuerpo colectivo. Dicho conflicto puede existir, claro está, y se puede abordar en sus propios contextos. Sin embargo, surgen los problemas cuando la idea del yo se opone a la del nosotros (o cuando el yo alega la negación del nosotros). El individuo se considera totalmente separado y distinto del resto, como muestra el ejemplo de la “persona hecha a sí misma”. Esto es una ilusión, ya que el individuo puede desarrollar talentos y una identidad propia únicamente mediante su participación en un colectivo mayor. Y viceversa: el colectivo únicamente puede existir a través de los individuos. En resumen, ambos están entrelazados y son interdependientes, no son polos opuestos y separados. Intentamos subrayar esta idea mediante el concepto del Yo interdependiente y de la Lógica Ubuntu.

 

Cooperación/Competición. Estos dos términos se plantean a menudo como opuestos, pero los científicos y los antropólogos evolucionistas señalan que con frecuencia se encuentran bastante interrelacionados: las especies tienden a mantener relaciones simbióticas que implican tanto la competición como la cooperación, dependiendo de las circunstancias. Incluso los economistas han reflejado dichas dinámicas en distintos contextos mercantiles en los que las personas y las empresas compiten y cooperan de forma simultánea. En las líneas de montaje, los trabajadores comparten sus herramientas y se ayudan entre sí rutinariamente. Por lo tanto, es engañoso afirmar o insinuar que la “competición es mala y la cooperación es buena”. Ambas tienen lugar en todas partes a todas horas. La verdadera pregunta es si los frutos de la cooperación pueden llegar a los cooperantes o si se verán capturados principalmente por los inversores y las corporaciones, tal y como sucede en la supuesta economía “colaborativa”.

 

Consumidor/Productor. Por lo general, la economía convencional concibe la relación entre consumidores y productores como dual: un negocio produce mientras que un individuo consume. Pero a medida que los comunes y las redes abiertas empoderan a las personas para autoabastecerse (individual y colectivamente), la dualidad de estas dos funciones se desvanece. Algunos observadores han intentado reconocer este hecho hablando de prosumidores, fusionando la producción y consumo en un único proceso. Este término tiene su valor, pero sigue centrando la discusión en un plano materialista y económico, es decir, en la producción y el consumo de bienes mediante la extracción, modificación y distribución de recursos.

 

Objetivo/Subjetivo. En la vida moderna estas dos modalidades de percepción y comprensión se consideran opuestas. Lo objetivo se percibe como algo físico, verificable y medible, mientras que a lo subjetivo se le confiere un estatus más bajo, como ocurre con los sentimientos, el estado de ánimo y la intuición de una persona, que se consideran menos imparciales y verdaderos. La objetividad apunta a hechos contundentes e inmutables, y por ende científicos, mientras que la subjetividad se percibe como algo pasajero y poco fiable. Sin embargo, los neurólogos, los científicos del comportamiento y los economistas han demostrado que la separación entre lo objetivo y lo subjetivo es en gran medida una ficción, ya que asume que la lógica o racionalidad es únicamente cognitiva y consciente y que la subjetividad es, por definición, irracional. En realidad, lo objetivo y lo subjetivo están integrados por completo. Las percepciones y sentimientos no cognitivos y personificados también pueden ser perfectamente fiables y verdaderos.

 

Racional/Irracional. Es una variante del binario anterior, objetivo frente a subjetivo. Se supone que lo lógico o racional es lo objetivo, mientras que lo irracional es simplemente personal y subjetivo. La presunción es que no se puede confiar en las formas de comprensión no racionales (es decir, cualitativas, emocionales, espirituales, intuitivas). De hecho, lo irracional se asocia a las mujeres y niñas, y se considera más apropiado para los contextos privados de la vida (familia, relaciones personales) mientras que lo racional se asocia a la vida pública (y a los hombres y niños). Esta distinción básica es a menudo la razón por la que las instituciones afirman estar tomando decisiones racionales cuando ignoran los factores y sentimientos no científicos y no cuantificables.

 

Público/Privado. Este binario tan conocido refleja la premisa de las sociedades industriales modernas por la que el Gobierno y los mercados son entes separados y, de alguna manera, opuestos. El Gobierno es supuestamente la fuerza que aboga por los objetivos colectivos y públicos, y el Mercado, un ámbito de elecciones y libertades personales (aunque los defensores del libremercado reposicionan hábilmente las elecciones personales como si promovieran objetivos públicos: la llamada mano invisible del mercado). Este enfoque es mayormente una ficción. La política contemporánea ha demostrado lo estrechamente entrelazados que se encuentran el poder estatal y los mercados capitalistas. Cualquier desacuerdo entre los sectores público y privado palidece en comparación con sus férreos compromisos mutuos, su lealtad hacia una visión del mundo basada en el capitalismo de mercado y la dependencia estructural de la economía de mercado en la financiación pública, las infraestructuras civiles, la supervisión regulatoria, etc. Los debates políticos que giran en torno a la oposición entre lo público y lo privado se basan en un marco superficial y engañoso que no reconoce los comunes y otras formas de orden no capitalista.

 

Interés propio/Altruismo. La suposición de que el comportamiento de una persona es egoísta o altruista refleja otro aspecto de la idea tan profundamente arraigada de que la persona es esencialmente un yo aislado, separada de los colectivos sociales más amplios. En un mundo de personas aisladas, resulta funcional hasta cierto punto tomar decisiones racionales y calculadas. Pero el binario de interés propio y altruismo es engañoso cuando se considera que cuidarse a sí mismo es un prerrequisito para cuidar a los demás y viceversa. De hecho, el interés propio y el altruismo están fusionados. Mostrar una gran preocupación por los demás es también una forma de hacer progresar los intereses propios y cuidar de uno mismo hace que desarrollemos una identidad que a su vez nos permite cuidar de los demás. De esta forma, el binario de interés propio y altruismo se desvanece.

Cómo el procomún va más allá de la dualidad abierto/cerrado

 

Cuando Internet abrió un nuevo mundo de intercambio instantáneo de información, rápidamente apareció un binario muy conocido: abierto vs. cerrado. Este enfoque tiende a ser tranquilizador porque simplifica las elecciones a las que aparentemente nos enfrentamos. Se cita a menudo en debates sobre las fronteras territoriales y los derechos de propiedad, argumentando que algo debe ser abierto (accesible) o cerrado (restringido). Una de dos, o blanco o negro. Pero, en realidad, abierto y cerrado son simplemente dos extremos de un amplio espectro de posibles normas de acceso.

En los espacios digitales, la dualidad abierto vs. cerrado hace referencia al estatus legal general o a la accesibilidad práctica de la información y de las obras creativas. Una obra está cerrada si su propietario ha restringido su acceso apelando a la ley de derechos de autor o usando un cifrado o un acceso de pago en una página web. Por norma general, una obra cerrada es propiedad de alguien porque su propietario la ha hecho exclusiva y escasa de manera artificial, un requisito previo para venderla después como producto en el mercado.

Por el contrario, una obra abierta es aquella a la que cualquiera puede acceder y utilizar libremente, como el software de código abierto, los textos y fotos con licencias Creative Commons (CC) o las obras definidas por la ley de derechos de autor como “de dominio público» (no son propiedad de nadie). Las denominadas plataformas abiertas se utilizan de forma rutinaria para que las personas compartan sus obras. Los científicos a menudo utilizan bases de datos abiertas para compartir información y los profesores utilizan en ocasiones libros de texto abiertos para que el contenido educativo esté disponible de forma gratuita para los estudiantes. En los últimos diez años han surgido más de 12 800 revistas académicas de acceso abierto,35 que utilizan licencias (CC) con el fin de que la investigación académica esté a disposición de todos sin coste alguno y para siempre.

El término abierto sugiere un opuesto binario de abierto contra cerrado, que generalmente se utiliza para designar lo patentado, privado o no compartido libremente. Este enfoque es problemático de forma muy sutil. Cuando hablamos de una base de datos abierta o cerrada, por ejemplo, el foco de atención se centra en la base de datos únicamente, como si fuera una característica intrínseca. Este enfoque no nos permite tratar los intereses de las personas que en realidad crearon esa base de datos. Quizás esa comunidad quiera permitir el uso limitado de los datos a colegas de confianza, por ejemplo, o quizás quiera compartir la base de datos con determinados fines pero exija un pago cuando la utilicen personas ajenas a la comunidad.

Desafortunadamente, estas posibilidades no pueden ni siquiera plantearse cuando la conversación trata sobre la dualidad abierto vs. cerrado. Las únicas opciones son las propias al trabajo mismo (la base de datos) y son totalmente binarias. Se mire por donde se mire, el enfoque abierto/cerrado invisibiliza la capacidad de la comunidad creativa. El trabajo se encuentra conceptualmente separado de la comunidad que de hecho lo creó.

El lenguaje de lo abierto vs. lo cerrado también ignora las dinámicas sociales a partir de las que una comunidad genera una obra (el proceso colaborativo, la lógica creativa, el papel social del dinero en la producción, etc.). Este marco hace que todos estos factores sean irrelevantes y, por lo tanto, no podamos percibir todo el ecosistema social de creatividad e intercambio. No vemos la comunidad de científicos-ciudadanos que crean una base de datos compartida, a los escritores que contribuyen a una wiki o a los apasionados de la fotografía que comparten sus imágenes en línea, y cómo todos ellos desean controlar y gestionar el acceso a sus obras como comuneros. Compartir en un común puede ser algo situacional, puntual y relacionado con las personas concretas con las que los comuneros quieren compartir sus obras. Esto es algo que el enfoque abierto/cerrado no puede expresar. No ofrece ninguna forma de reconocer la gobernanza P2P mediante la creación de procomún ni de articular formas intermedias de intercambio de obras que vayan más allá de lo puramente abierto o cerrado.

En la práctica, existen muchas formas posibles de abordar los derechos de uso y acceso. Las licencias Creative Commons, utilizadas hoy en día en más de mil cien millones de obras (incluido este libro),36 representan un intento ingenioso de lidiar con este problema. Este tipo de licencias ofrecen a los titulares de los derechos de autor opciones sencillas y estandarizadas para permitir por adelantado el intercambio y uso de sus obras creativas, además de permitir a otros crear sus propias obras derivadas, como traducciones o resúmenes de libros de texto. Estas licencias pueden permitir a otros copiar, distribuir, mostrar y ejecutar sus obras siempre y cuando esto no se haga con fines comerciales, la obra no se altere al reutilizarla o la copia también esté disponible para que otros la compartan.

De esta forma, las licencias Creative Commons permiten una mayor libertad que los contenidos cerrados. Sin embargo, el problema en sí es que son individuos los que toman todas estas decisiones, y esto refleja la visión convencional por la que se supone que creamos cosas como seres individuales, separados de todo, como si estuviéramos en celdas aisladas, sin hacer uso de nada del procomún ni compartir intereses más amplios. También implica que debemos expresar nuestros intereses personales mediante reclamaciones de propiedad. A pesar de ser una artimaña legal en torno a la ley de derechos de autor, las licencias CC aceptan de forma implícita estas premisas. Legalmente no se reconoce que la creatividad pueda surgir de un grupo indivisible (un común) y de que los comuneros deban tener poder legal para tomar dichas decisiones como grupo. Esa es precisamente la queja que tantas comunidades indígenas tienen para con la ley occidental de derechos de autor y patentes, impuesta a menudo por los regímenes de comercio internacional. La ley no reconoce que todo contenido se ve siempre influenciado, en mayor o menor medida, por los colectivos sociales, tanto actuales como pasados (Propiedad relacionalizada). El binario abierto/cerrado únicamente ofrece dos opciones: o regalar la propiedad privada o conservarla (normalmente para ganar dinero).

Teniendo en cuenta este binario no es de extrañar que muchas personas asocien el término apertura con el procomún y concluyan que su característica definitoria general es que cualquiera puede utilizar cualquier cosa sin coste alguno. Y nada más lejos de la verdad. El objetivo de un común es maximizar el control y los beneficios compartidos, un objetivo que requiere normas elegidas cuidadosamente para su acceso y uso. La apertura solo puede funcionar cuando los recursos utilizados son no rivales, es decir, no se agotan al usarse y compartirse, como por ejemplo la información digital (e incluso estos recursos deben gestionarse de manera que sigan estando disponibles de forma gratuita). No obstante, solo los comunes prósperos establecen límites al uso de los recursos naturales rivales que pueden agotarse, restringen su acceso en determinadas épocas o para ciertas personas, etc.

El objetivo de trascender esta oposición binaria es reconocer el papel clave que puede desempeñar un grupo a la hora de generar un valor (código, información u obras creativas compartidas) y ejercer algún tipo de medida de control y comisariado. El discurso del procomún nos permite reconocer la capacidad colectiva y el ethos de un grupo.37 Realizar este giro en nuestra perspectiva es algo crucial ya que, en un mundo definido por lo abierto frente a lo cerrado, el acto de ofrecer tu trabajo se considera algo altruista, ridículo o ambas cosas. Solo un imbécil o un idealista regala un descubrimiento científico o un libro escrito maravillosamente que podrían venderse por dinero. En el contexto económico y cultural del capitalismo, hasta nos resulta difícil imaginar que un libro pueda compartirse de forma gratuita y venderse al mismo tiempo.38

Pero eso es precisamente lo que tenemos que entender: ¡sí se puede! Sin embargo, debemos resolver algunas complicaciones, entre ellas el dinero (tal y como exploramos en una sección sobre la financiación del procomún, pp. 159-161). Si el acceso a una obra es regulado por el mercado (¡Paga por ello!) entonces las personas con dinero tendrán un mayor acceso y control de forma automática, a pesar de que el conocimiento, la información y el código tiendan a ser más valiosos cuando se comparten. Los comuneros han sabido resolver este problema al elegir Transmitir saberes desinteresadamente y después desarrollar otras formas de pago por cualquier gasto asociado (como, por ejemplo, Aunar, limitar y repartir, apoyo en especie, ventas selectivas en el mercado, subvenciones cruzadas, etc.). Los comuneros apuestan por estas estrategias precisamente porque benefician a largo plazo tanto a los individuos como al grupo (más lectores y usuarios, entre otras cosas). Trascender el binario abierto/cerrado nos abre estas posibilidades.

Pero esta orientación requiere un nuevo vocabulario, un léxico que reconozca la capacidad colectiva de la creación de procomún y los valores por los que vela. Proponemos Compartir y custodiar. Este término supera la limitada visión del propio trabajo impuesta por el enfoque abierto/cerrado. También trasciende la idea de que hacer que las obras se puedan compartir es una opción estúpida de regalar las cosas, como si eso disminuyera su valor. Pero la creación de procomún tiene todo el sentido del mundo: si un grupo ha creado ciertas formas de valor (software de código abierto, contribuciones a una wiki, redes de diseño cosmolocal, etc.) entonces, como es lógico, debería ser capaz de proteger dicho valor y mejorarlo con el tiempo. Compartir y custodiar nos ayuda a expresar el hecho de que la creación de procomún genera nuevo valor y posibilidades al hacer que las obras sean más útiles y accesibles para todas las personas. El binario abierto o cerrado es ajeno a todas estas posibilidades.

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Glosario de términos afines al procomún

 

Transitar y defender el territorio describe el proceso por el cual los Comuneros recorren los límites de sus comunes para protegerlos contra los Cercamientos al mismo tiempo que celebran su identidad como comunidad. El término deriva de una antigua costumbre inglesa en la que los miembros de una comunidad, tanto jóvenes como mayores, caminaban por las lindes de sus Comunes para familiarizarse con su terreno y destruir cualquier seto o valla que lo cercase. El recorrido a menudo venía acompañado por un festín.

 

Limitar supone establecer un límite absoluto que determine cuánto pueden tomar las personas de una riqueza finita y agotable como la tierra, la madera y el agua. Establecer un límite alerta a las personas de que no pueden disponer de cuanto quieran, lo que ayuda a evitar cualquier daño a la riqueza natural de la que el grupo depende. La limitación se utilizaba en los comunes ingleses medievales (Stints) y se emplea también en la gobernanza global contemporánea (la propuesta de «limitar y compartir», tal y como se describe en Sky Trust).39

 

Los Cuidados suponen una disposición y un compromiso empático que se manifiestan en la forma en que alguien realiza una tarea, incluso las económicas. Los Cuidados también describen las actividades humanas básicas que expresan una sensibilización sobre la interdependencia, la necesidad y la relacionalidad como condiciones humanas básicas (véase Yo interdependiente y Lógica Ubuntu). Pueden verse en la crianza de los niños, en los cuidados de miembros de la familia y amigos, en la Gobernanza P2P y el Sustento Integral, en la custodia de la naturaleza y en los trabajos por el bien común, entre otros. El término, que tiene un largo recorrido en los estudios feministas, reconoce la importancia del trabajo desmercantilizado y del valor intrínseco, conceptos generalmente ignorados o infravalorados por la cultura de mercado. Los cuidados a menudo se asocian erróneamente a los “empleos de cuidados”, que en los contextos mercantiles enfatizan la productividad sobre el verdadero cuidado humano. De hecho, los cuidados suponen una generosa inversión de tiempo mientras que los empleos de cuidados suelen aplicar una lógica de ahorro de tiempo por razones económicas.

 

Prosperidad desde los cuidados. Cuando las personas cuidan los bosques, los cultivos, el agua o los espacios urbanos, estos pasan a formar parte de su memoria, cultura, vida social e identidad común. De esta forma, cuando los Comuneros se sustentan a sí mismos de manera integral e interactúan con el mundo con todo su ser, están ejerciendo una cosmovisión distinta. No producen bienes o mercancías como los individuos racionales descritos por los economistas, sino que se convierten en administradores de todo lo que necesita de nuestro cuidado: los objetos, sistemas vivos y relaciones que precisan de nuestro cariño, cuidado, experiencias comunes y vínculos emocionales. El término recurso nos invita a considerar la riqueza compartida como algo que puede usarse, extraerse y convertirse en un elemento de cálculo económico. La Prosperidad desde los cuidados abarca las relaciones afectivas con la vida cotidiana y la cultura de cada uno.

 

La Financiación colaborativa describe las formas de financiar los comunes y ofrecer un apoyo estructural para la Creación de procomún al tiempo que se protegen estas actividades de las influencias perjudiciales del dinero y de la deuda. Uno de los objetivos primordiales es desmercantilizar las relaciones entre las personas y con el mundo no humano. La Financiación colaborativa utiliza el dinero y el crédito de forma que las instituciones del procomún se vean reforzadas y las personas se sientan seguras y libres a medida que se independizan de los mercados. Podemos destacar aspectos importantes de la financiación colaborativa como la Frugalidad monetaria en los comunes, los créditos P2P, la Reciprocidad empática en el uso del dinero y nuevos circuitos financieros publiprocomunes. Históricamente la Financiación colaborativa ha incluido modelos tales como las sociedades de crédito mutuo y los fondos comunes de seguros, la financiación cooperativa, las microfinanzas controladas por la comunidad y las monedas locales [ver Micromecenazgo].

 

Comunes – Crear procomún – Comunero. Analicemos brevemente la etimología de estos términos: cada palabra enlaza las palabras latinas cum y munus. Cum (con, en castellano) expresa la unión de elementos y munus (que también lo encontramos en la palabra municipio) significa servicio, deber, obligación y, en ocasiones, regalo. Todos los términos que incluyen cum y munus (tales como comunión, comunidad, comunismo y, como es obvio, comunicación) señalan una obligación común, un vínculo entre los derechos de uso, los beneficios y los deberes. En palabras de Pierre Dardot y Christian Laval, los comunes “no solo designan aquello que se pone en común”, sino también a los comuneros mismos, “aquellos que tienen ‘deberes en común’”.40

 

Los Comunes son una forma de vida social omnipresente y generativa, pero desatendida. Son procesos vivos complejos y adaptables que generan riqueza (tanto tangible como intangible), mediante los que las personas abordan sus necesidades compartidas con escasa o nula dependencia de los mercados o de los Estados. Un común surge cuando las personas se involucran en prácticas sociales de Creación de procomún, participan en la Gobernanza P2P y desarrollan formas colaborativas de Sustento Integral a la hora de aprovechar un recurso o practicar la Prosperidad desde los cuidados. A pesar de que todos los comunes sean diferentes, todos dependen en última instancia de los regalos físicos de la naturaleza y del intercambio, la colaboración, el respeto mutuo y la Reciprocidad empática. Un común se encuentra en un constante proceso de cambio.

 

Todos los comunes surgen mediante la creación de procomún, que consta de tres elementos simbióticos: la Vida Social cotidiana, la Gobernanza P2P y el Sustento Integral. Esta es la Tríada del Procomún.

 

Ser Comunero es un papel social, una identidad que las personas adquieren al practicar la Creación de procomún. Está asociado con hechos o acciones reales, no es un título asignado social ni legalmente. Cualquier persona es un comunero potencial. Cuanto más se ajuste a la práctica y visión del mundo del procomún, más comunera será.

 

La Creación de procomún es el proceso exploratorio por el que las personas diseñan y ejercen sistemas de Sustento Integral y Gobernanza P2P específicos a su contexto como parte de un proceso más amplio de desarrollo de nuestra humanidad. Tiene lugar cuando las personas normales deciden por sí mismas cómo identificar y satisfacer sus necesidades compartidas, gestionar la riqueza común y relacionarse unas con otras. A medida que las personas recurren a su Conocimiento situado para evaluar sus problemas, se ven empoderadas para mostrar su creatividad al desarrollar soluciones que les parezcan justas y eficaces. También aprenden a vivir con ambigüedades e incertidumbres y a respetar los misterios de la condición humana. Crear procomún es la única forma de convertirse en Comunero. El poder de la creación de procomún no se limita a las relaciones interpersonales que tienen lugar en los grupos sino que también se extiende a la organización de la sociedad en general.


Los Comunes no existen si no hay Creación de procomún y no hay Creación de procomún sin Gobernanza P2P.

 

Alianza público-comunes (APC): un acuerdo de cooperación a largo plazo entre los comuneros y las instituciones del Gobierno para satisfacer determinadas necesidades. Cualquiera de las dos partes puede iniciar una APC, pero los comuneros mantienen el control sobre el proceso. Las instituciones gubernamentales ofrecen un apoyo legal, financiero y/o administrativo esencial a los comuneros, mientras que estos se ofrecen servicios entre sí y al público en general. Ejemplos de estas alianzas son los sistemas de Wi-Fi dirigidos por comunidades, servicios de cuidados como enfermería y cuidado de ancianos, y proyectos gestionados por vecindades que se implementan con apoyo institucional. Una APC permite a los comuneros la creación de estructuras organizativas sociables que los empoderan para tomar sus propias decisiones y plantear soluciones personalizadas.

 

El Comuniverso describe el mundo indirectamente conectado de diferentes tipos de comunes que pueden considerarse como un Pluriverso federado de comunes. A diferencia del capitalismo (la economía) y de la democracia liberal (la política), el comuniverso integra la economía con los ámbitos político y social.

 

La Comunión es el proceso mediante el cual los Comuneros participan en relaciones interdependientes con el mundo más que humano o mundo natural. La Comunión desvincula nuestra noción economicista de la relación entre el ser humano y la naturaleza (como, por ejemplo, la idea de la administración de recursos o la mercantilización y financiarización de los servicios de la naturaleza) y nos acerca hacia un marco que respeta el valor intrínseco del mundo no humano. Esta autoconsciencia tan necesaria desemboca en sentimientos de gratitud, respeto y veneración por las dimensiones sagradas de la vida, implícitos en las formas en que se organiza el Sustento Integral humano.

 

Los Sistemas adaptativos complejos son sistemas vivos autogestionados y autorreparadores, como son el cerebro, las células, las colonias de hormigas, la biosfera, los sistemas socioecológicos y muchos comunes. El término se usa en las ciencias complejas y se trata de un enfoque científico heterodoxo empleado a menudo en la ciencia evolutiva, la química, la biología y la física. Los conocimientos de las ciencias de los sistemas complejos nos ayudan a pasar de una visión newtoniana de causa y efecto a una visión holística, no lineal e interactiva. La libre interacción de los agentes que siguen unos principios simples y operan a nivel local puede, sin un conocimiento situacional total ni objetivos finales, autoorganizarse en sistemas más grandes y complejos (o, como describió la bióloga Lynn Margulis, producir la creación mutua de sistemas vivos conocida como “simbiogénesis”).41

 

Herramientas convivenciales es un término inspirado por el libro de Ivan Illich titulado La convivencialidad (1975) y hace referencia a las herramientas, tecnologías e infraestructuras que impulsan creatividad y autodeterminación, como por ejemplo las herramientas cotidianas de uso general, los patrones de Creación de procomún que sugerimos en este libro o las herramientas basadas en el software de código abierto como OpenStreetMap.42 Las herramientas convivenciales son importantes porque “nosotros damos forma a nuestras herramientas y, más adelante, nuestras herramientas nos dan forma a nosotros”, como nos recuerda Marshall McLuhan.43 Una herramienta es convivencial si las personas tienen acceso al diseño y conocimiento necesarios para su creación, si permite la adaptación creativa a las circunstancias de cada uno y si es apropiada en el contexto local específico. (¿Se dispone de los materiales y conocimientos adecuados? ¿Es compatible con el entorno y cultura locales?) Las herramientas convivenciales son empoderadoras en esencia, dado que ayudan a las personas a descubrir y desarrollar sus propias prioridades, capacidades de aprendizaje y habilidades. Nos emancipan de las herramientas cerradas privativas que interfieren con nuestro aprendizaje, intercambio, modificación y reutilización personales. Sin embargo, el uso de las herramientas convivenciales puede ser poco práctico en algunas circunstancias por el tiempo que requieren.

 

La Producción cosmolocal es un sistema de abastecimiento por Internet en el que las personas comparten entre ellas conocimientos y diseños ligeros, en tanto que construyen localmente objetos físicos pesados como máquinas, coches, viviendas, muebles y aparatos electrónicos.44 Producir cosmolocalmente nos permite evitar los costes del diseño privativo basado en patentes o marcas. También nos permite reducir los costes de producción mediante el uso de materiales de origen local menos costosos y diseños de módulos que facilitan la Interoperabilidad, lo que a su vez promueve el Aunar y compartir.

 

El Micromecenazgo es una práctica de Financiación colaborativa basada en las plataformas digitales. En vez de actuar como miembros individuales de un grupo, las personas se asocian en grandes grupos y aúnan pequeñas cantidades de dinero para financiar iniciativas que producirán beneficios colectivos, actuando así como mecenas a pequeña escala. El Micromecenazgo no siempre favorece al procomún, dado que el objetivo de muchas campañas es proporcionar capital inicial gratuito a empresas emergentes sin capital compartido ni Gobernanza P2P. Sin embargo, muchas iniciativas de Micromecenazgo como las recogidas por la plataforma Goteo (basada en Barcelona y Mallorca), utilizan de forma deliberada esta técnica de financiación para propulsar la Creación de procomún.

 

DIT son las siglas de do it together en inglés y significa “hagámoslo juntas”. Es una expresión derivada de DIY (do it yourself, hazlo tú misma) si bien en la práctica esto a menudo implica hacerlo con otras personas, de ahí “juntas”. DIT denomina una forma de hacer algo uno mismo basándose en el procomún. Ambos términos tratan de evitar la dependencia del dinero y de los mercados y contribuyen a la Frugalidad monetaria en los comunes.

 

Repartir, a diferencia de Compartir, se refiere a la distribución no recíproca de los objetos (ya sea comida, dinero, cosas, tierras, bicicletas, herramientas, etc.) entre los miembros de un grupo (familiares, desconocidos, grupos pequeños, redes grandes, etc.) sin calcular el beneficio individual de cada persona en unidades concretas. En ocasiones el hecho de Repartir tiene lugar como respuesta a requerimientos formales o tácitos.

 

El Surgimiento o comportamiento emergente es el proceso por el cual la interacción entre los agentes vivos produce inesperadamente una organización a gran escala totalmente nueva y más compleja. Las propiedades sistémicas resultantes o emergentes no están contenidas en ningún elemento individual ni en la suma de dichos elementos, sino que surgen de forma espontánea sin ninguna causa ni efecto aparentes. Las numerosas interacciones locales e individuales dan lugar a unas estructuras lingüísticas y culturales complejas. Asimismo, las interacciones entre pares de las comunidades en red a favor del software de código abierto, investigación científica y Producción cosmolocal muestran igualmente unos comportamientos emergentes.

 

El Cercamiento es el acto de confinar terrenos, bosques o tierras de pastoreo para convertir en propiedad privada la riqueza compartida de la que los comuneros dependen para satisfacer sus necesidades. Históricamente, los cercamientos eran iniciativas políticas promovidas por los señores feudales y, más adelante, por los primeros capitalistas y parlamentos. Hoy en día los cercamientos suelen verse impulsados por los inversores y las empresas, a menudo en connivencia con el Estado nación, para privatizar y mercantilizar todo tipo de riqueza compartida (tierras, agua, información digital, obras creativas, material genético), despojando así a los Comuneros de todo ello. Los Cercamientos se pueden lograr mediante recursos técnicos como la gestión de derechos digitales y barreras de pago, recursos políticos como la privatización, los tratados comerciales y la financiarización, y recursos sociales como el consumismo, la publicidad y la aculturación forzada de la población al capitalismo occidental. El Cercamiento es lo opuesto a la Creación de procomún en el sentido de que separa lo que la creación de procomún une: las personas y la tierra, tú y yo, las generaciones presentes y futuras, las infraestructuras técnicas y su gobernanza, los gobernantes y los gobernados, los espacios naturales y los pueblos que los han cuidado durante generaciones. Aunque sea un acto hostil, el término Cercamiento está incluido aquí como un término afín al procomún porque nos permite nombrar la apropiación privada de la riqueza compartida.

 

El término Vidalización describe la vida y la vivacidad como categorías fundamentales para pensar el mundo y la creación de alternativas. Esto significa que los sentimientos, la subjetividad y la creación de significado son dimensiones empíricas de los seres vivos que la ciencia debe reconocer como fuerzas trascendentales en evolución. La Vidalización es una idea clave de la ecofilosofía (Andreas Weber), la filosofía de patrones (Christopher Alexander) y las teorías sobre los Comunes. Es el resultado de ejercer la Lógica Ubuntu, los Cuidados y el uso de Herramientas convivenciales, entre muchas otras actividades.

 

Un Exónimo hace referencia a los nombres o términos utilizados por personas ajenas que malinterpretan los fenómenos que son vividos de forma muy distinta por las personas que se encuentran dentro. En el discurso económico, por ejemplo, se suelen utilizar términos que son ontológicamente incorrectos a la hora de intentar describir la creación de procomún. Lo que los economistas consideran recursos (cosas fungibles y funcionales) son, para los comuneros, parte de la riqueza biológica y de cuidados que tienen un significado establecido en su comunidad. La racionalidad económica supone un ideal de humanidad que los comuneros no reconocen. El politólogo y antropólogo James Scott fue el primero en destacar este término en su libro Against the Grain (A contracorriente).45

 

Los Pseudocomunes es un término que se utiliza para describir las actividades cooperativas que se asemejan a la creación de procomún pero que en realidad están recogidas o regidas por agentes ajenos al procomún como son las empresas, las entidades estatales o los grupos de inversión. Un ejemplo destacado es Facebook, una plataforma de red cerrada y registrada para compartir información, que saca provecho de los datos de los usuarios con fines comerciales privados. Las plataformas digitales como Airbnb y Uber afirman fomentar el intercambio, pero en realidad son empresas promovidas por el capital y basadas en las transacciones y no en los comunes. Las alianzas contractuales que suponen beneficios recíprocos como los grupos de patentes mancomunados entre laboratorios farmacéuticos también son otro ejemplo de Pseudocomunes. Se encuentran fundamentalmente organizadas por motivos mercantiles específicos y no como pactos a largo plazo entre los participantes con el fin de compartir las responsabilidades de gestión y los beneficios a largo plazo. Estas diferencias son importantes porque las empresas comerciales a menudo pretenden disfrazar sus intereses mercantiles y reivindicar su legitimidad democrática fingiendo tener una esencia de intercambio, comunidad y bien común, es decir, haciendo un «lavado de imagen con miras al procomún”.

 

La Federación hace alusión a un grupo de participantes, equipos u organizaciones comprometidas que eligen coordinarse y colaborar entre sí basándose en unos objetivos acordados, unos valores éticos o una historia común. A pesar de que el término federación esté generalmente asociado al Estado nación o a otros organismos estatales que se agrupan de alguna forma (y, por lo tanto, asociado al término federal), los colectivos y organizaciones sociales también pueden federarse con el fin de obtener protección, colaboración y apoyo mutuos. Una Federación se diferencia de una red en que los participantes de una red no necesariamente comparten unos mismos objetivos o compromisos serios, mientras que los participantes de una Federación se dedican activamente a esa misión compartida. Otra diferencia es que una red distribuida es completamente horizontal y cuenta con una estructura P2P de pleno derecho, mientras que una federación puede ser heterárquica. [Véase Heterarquía]

 

El Software libre y de código abierto (FLOSS) es el software cuyo código fuente puede Compartirse libremente y además cuya licencia permite que cualquiera pueda usarlo, copiarlo, estudiarlo y modificarlo. Estas libertades (autorizadas por diversas licencias que revierten el funcionamiento normal de la ley de derechos de autor) animan a los usuarios a arreglar errores y a mejorar y desarrollar el software. Por el contrario, el software patentado utiliza la ley de derechos de autor para prohibir que los usuarios vean o modifiquen el código fuente, creando una Escasez artificial (el acceso al código está restringido aunque pueda compartirse a un coste bajo o nulo). El software libre y de código abierto aumenta la transparencia del código y, por ende, su seguridad y estabilidad porque un mayor número de personas puede examinarlo. Este software también empodera a las personas permitiéndoles adaptar el código a sus propios fines y diseñar protecciones de privacidad de software más seguras. El sistema operativo GNU/Linux, que opera en millones de servidores, ordenadores y otros dispositivos, es quizás el programa de software libre de código abierto más conocido.

 

La Libertad interdependiente es un concepto de libertad que reconoce que estamos conectados con la naturaleza, con otras personas, comunidades e instituciones. Es la forma en que un ser humano se desarrolla, descubre su identidad y prospera. Es un ideal más realista que las nociones libertarias de libertad, centradas invariablemente en la autonomía y elección individual máximas. En este sentido, la idea de libertad que se utiliza generalmente es una quimera porque ninguna de nosotras puede sobrevivir como seres aislados, y mucho menos desarrollar nuestro potencial. La realidad es que la idea de un individuo completamente autónomo y hecho a sí mismo es ridícula porque ningún ser humano es capaz de sobrevivir sin el apoyo social y psicológico de los demás [Ver Yo interdependiente].

 

El Proceso generativo es un proceso exploratorio, progresivo y evolutivo para la creación de un ambiente vidalizador como es el Procomún. Es un proceso vivo, dinámico y adaptable en un estado de continuo devenir y siempre incompleto. Se alza como oposición al proceso de fabricación que crea algo según unos planes fijos y predeterminados. Un Proceso generativo es la única forma de crear estructuras resilientes y de ahondar en las relaciones porque solo los procesos vivos pueden engendrar sistemas vivos. Por su parte, lo generado crea a su vez una resonancia más profunda así como sentimientos de plenitud y vitalidad.46 Las colaboraciones que han hecho posible este libro (no solo entre los coautores sino también con sus numerosos colegas y asesores) es un ejemplo de producción mediante un Proceso generativo. Todos los implicados, incluso las propias ideas, crecieron y se transformaron durante la elaboración de Libres, dignos y vivos.

 

La Reciprocidad empática o cosensible tiene un carácter distinto al de la reciprocidad estrictamente dicha, por la que los participantes de un intercambio intentan calcular en términos precisos quién debe qué a quién. En una situación de quid pro quo, el objetivo es conseguir un valor mayor del gastado o, al menos, un equivalente monetario. La reciprocidad en un Común es, por lo general, una Reciprocidad empática, de manera que las personas eligen no calcular en términos precisos quién le debe a quién un favor, tiempo, dinero o trabajo. En un común es importante ser y actuar como buen vecino y no comportarse únicamente como un agente mercantil racional. Los comunes ofrecen un contexto cordial donde convertir la Reciprocidad empática en una costumbre que genere confianza social y desarrolle la capacidad de trabajar juntos de manera constructiva.

 

La Heterarquía viene explicada por el término griego original ετεραρχία: heter significa “otro, distinto” y arquía significa “norma”. Una Heterarquía combina distintos tipos de normas y estructuras organizativas como, por ejemplo, jerarquías de arriba a abajo y participación de abajo a arriba (ambas verticales) y dinámicas entre pares (horizontales). En una Heterarquía las personas pueden lograr una autonomía socialmente consciente al combinar múltiples tipos de gobernanza dentro de un mismo sistema, como por ejemplo incluir algún tipo de jerarquía. Las heterarquías no son únicamente formas de organización distribuidas entre pares, que a menudo se ven lastradas por una escasez de estructura, ni tampoco es lo opuesto a la jerarquía. Es más bien un híbrido que permite una mayor apertura, flexibilidad, participación democrática y federación. Cuando las tareas son modulares, resulta mucho más sencillo que las estructuras de gobierno heterárquicas prosperen.

 

Interoperabilidad significa que se pueden interconectar diferentes herramientas, sistemas computacionales o productos tecnológicos y funcionar unos con otros sin problemas, sin necesidad de un diseño específico para ello. Por definición, la Interoperabilidad se habilita por medio de formatos, protocolos y estándares abiertos específicos de datos. Un ejemplo es ASCII (acrónimo en inglés de Abbreviated Standard Code for Information Interchange, es decir, Código Estándar Abreviado para el Intercambio de Información), una norma cifrada por medio de caracteres para la comunicación electrónica. La Interoperabilidad es esencial para que los procesos funcionen en un entorno en red, como en la Producción cosmolocal. También es crucial a la hora de evitar que un agente o participante mercantil se alce con un monopolio o controle a otros mediante la restricción de las normas de diseño.

 

La Intra-acción, un concepto introducido por la física y filósofa Karen Barad, describe cómo las entidades individuales se aúnan para generar nuevas «facultades enredadas” que, de lo contrario, no existirían en los individuos preexistentes. Pensemos en el comportamiento de las masas y en los fenómenos culturales virales. Cuando dos entidades intra-actúan, su capacidad de actuar surge de la propia relación y no en función de los individuos implicados por separado. Las facultades enredadas cambian constantemente con la propia relación y se adaptan a ella. Este concepto nos ayuda a ir más allá de las explicaciones simplistas de causa y efecto y sugiere que la responsabilidad de las acciones se reparte entre las entidades intra-activas, teniendo cada una de ellas diferentes niveles de intencionalidad y manifestaciones diferidas. Desde la perspectiva de la Intra-acción, las ideas familiares como el dualismo sujeto/objeto, el tiempo lineal y la agencia individual son formas incompletas y erróneas de comprender cómo suceden los acontecimientos en el mundo [Véase Surgimiento].

 

Mercado/Estado. Aunque los mercados y los Estados a menudo se proyecten como adversarios (el sector privado frente al sector público, respectivamente), en realidad comparten tantos compromisos serios y son tan interdependientes que tiene sentido hablar de ellos como socios de una visión compartida. Ambos consideran la actividad mercantil, el crecimiento económico, el individualismo y la innovación tecnológica como los motores del progreso humano. Es más, cada uno depende del otro de formas muy específicas: los mercados impulsados por el capital recurren al Estado para obtener subsidios, privilegios legales, apoyo a la investigación y la atenuación de las externalidades del Mercado como son la contaminación y la desigualdad social, mientras que, por su parte, los Estados consideran los mercados como fuentes de ingresos fiscales, empleos e influencia geopolítica.

 

La Frugalidad monetaria en los comunes es un estilo de Creación de procomún que procura reducir la necesidad del dinero y de los mercados. La creación de procomún ofrece soluciones no mercantilizadas y, por lo tanto, puede evitar depender de los mercados y del gasto, evitando a su vez que alguien adquiera más dinero en última instancia. La Creación de procomún en sí misma es Frugal monetariamente hablando ya que, por definición, los Comuneros apuestan por Hacerlo juntas (DIT), Coutilizar, Compartir, Repartir y Mutualizar lo más posible. El objetivo de la Frugalidad monetaria en los comunes es ayudar a que las personas se centren en sus necesidades reales y escapen del ciclo infinito de compra y desempoderamiento que la cultura consumista implica por regla general.

 

Mutualizar significa contribuir y pertenecer a una iniciativa grupal con un propósito social y duradero mayor. A su vez, esta asociación permite a los participantes recibir unos beneficios individuales particulares. Sin embargo, los miembros no reciben forzosamente el mismo valor o los mismos beneficios por lo que aportan, ya que no se trata de una transacción comercial. Normalmente reciben un beneficio estipulado en función de sus necesidades u otros criterios. Los beneficios de la Mutualización se acuerdan socialmente y a menudo se basan en cuotas diferenciales y fórmulas predeterminadas. Los fondos comunes de seguros y los fondos de seguridad social son ejemplos clásicos de mutualizaciones. Independientemente de su estructura, es fundamental que todos los participantes del fondo expresen su opinión con respecto al acuerdo. Se trata de una reciprocidad determinada entre pares, una forma específica de practicar la Reciprocidad empática.

 

El Yo interdependiente describe la dependencia existencial entre seres humanos y para con el mundo en general, una relación que co-crea y apoya nuestro desarrollo personal. Usar el término Yo interdependiente en vez de individuo implica reconocer que la identidad, los talentos y las aspiraciones de cada uno se encuentran en última instancia arraigados en las relaciones. Gracias a esta conciencia de uno mismo, la persona que se reconoce a sí misma como un ser interdependiente se percata de que los intereses propios y los intereses colectivos en general no son opuestos (Individuo/Colectivo) sino que pueden estar en consonancia. El Yo interdependiente contrasta con el ideal de ser humano alabado por las sociedades seculares modernas por el que la vida de cada persona se define por sus logros y retos individuales, independientemente de sus lazos con la comunidad, historia, etnia, raza, religión, sexo y un largo etcétera. El yo aislado está perfectamente representado por el homo economicus, el modelo de ser humano utilizado por los economistas: una persona egoísta, racional, que maximiza la utilidad y anhela ser completamente autónoma [Véase Libertad interdependiente y Lógica Ubuntu].

 

Las Infraestructuras no discriminatorias son, en líneas generales, sistemas abiertos a todo el mundo, que promueven la movilidad, la comunicación, el intercambio y el flujo de energía. El propietario o administrador de la infraestructura no restringe el acceso y uso de la misma según criterios específicos como la etnia, el género o el estatus social ni cobra a un tipo de usuarios un precio mayor que a otro.

 

La Ontología como término filosófico es el estudio de las presuposiciones fundamentales de una persona sobre la naturaleza de la realidad y cómo está estructurada. La Ontología es el marco constitucional del sistema de creencias de una persona, la ventana por la que contempla el mundo, su forma de percibir y comprender la realidad. ¿Está el mundo dividido en humanidad y naturaleza, individuos y colectivos? ¿Es el mundo un lugar estático o se encuentra en un estado de cambio constante? Percibimos y describimos el mundo, e incluso actuamos, según nuestras suposiciones sobre la realidad. Por ejemplo, los participantes en la política moderna suelen perseguir una cosmovisión distinta a la de una cultura indígena, que percibe la naturaleza, los seres humanos y las generaciones pasadas y futuras como un todo integrado. Todo esto indica que las narrativas u OntoRelatos en los que creemos tienen unas implicaciones de gran alcance para los tipos de orden social, económico y político que parecen plausibles y atractivos.

 

El término OntoGiro hace referencia al giro o cambio en las presuposiciones y perspectivas fundamentales de una persona sobre la naturaleza de la realidad y cómo está estructurada. Nuestros puntos de vista ontológicos quedan reflejados en la forma en que percibimos la existencia de las personas y objetos en el mundo y, como resultado, de los tipos generales de cultura, economía política y estructuras de coordinación que consideramos posibles y atractivas.

 

Un OntoRelato es un término abreviado para designar una narrativa ontológica [Véase Ontología].

 

Los Patrones son una forma de comprender la naturaleza del orden en el mundo. Nos ayudan a identificar las regularidades estructurales y las relaciones entre distintos tipos de fenómenos (como la Creación de procomún) sin depender de abstracciones rígidas ni principios hiperdetallados que suelen ignorar el contexto y la historia. Un Patrón de interacciones humanas destila la esencia de múltiples soluciones satisfactorias –tal y como han demostrado con el paso del tiempo los profesionales (como los Comuneros)– a problemas recurrentes en contextos similares. Todos los Comunes, por ejemplo, se enfrentan a los retos de generar confianza, tomar decisiones que reflejen los sentimientos de todos y todas y utilizar el dinero de formas socialmente saludables, evitando sus efectos dañinos. Los Patrones son abiertos y siempre están interconectados. No hay ningún Patrón que sea completo en sí mismo [Véase Vocabulario].

 

Los Pares son personas que tienen un poder social y político igual en relación con otros miembros de un grupo o red. Los Pares tienen talentos y personalidades dispares, pero consideran que cualquiera de ellos cuenta con los mismos derechos y habilidades para contribuir a un proyecto colaborativo y decidir cómo se debe proseguir [véase Yo interdependiente, Lógica Ubuntu].

 

La Gobernanza P2P es la parte de la Creación de procomún por la que las personas toman decisiones, establecen límites, aplican normas y tratan los conflictos, ya sea dentro de un mismo Común o entre diferentes comunes. En un mundo gobernado entre pares, los individuos se ven unos a otros como iguales con el mismo potencial para participar en un proceso colectivo y no como adversarios que compiten por hacerse con el control de un aparato central de poder. A partir de los principios de diseño de Elinor Ostrom, la Gobernanza P2P es un concepto clave ya que no existe Creación de procomún ni Comuniverso sin Gobernanza P2P. No se trata ni de gobernar para el pueblo ni con el pueblo (Participación), sino por medio del pueblo.

 

Las Redes P2P conforman una manera eficaz de organización en la que los participantes contribuyen a la producción de un Común de manera no jerárquica. Internet y las tecnologías digitales han dado paso a importantes Redes P2P dedicadas al software libre y de código abierto, a varias wikis (incluyendo Wikipedia), a páginas web y archivos de creación colaborativa de contenido y a comunidades de producción y diseño global. Como redes distribuidas, las Redes P2P permiten la conexión directa de un nodo con cualquier otro, lo que desencadena formas de creatividad colaborativa que son prácticamente imposibles en redes centralizadas, donde todos los nodos deben pasar por un único centro, o en redes descentralizadas, en las que sea como sea todos los nodos deben pasar por centros de algún tipo.

 

El Pluriverso designa una percepción del mundo en la que innumerables grupos de personas crean y recrean sus propias realidades culturales distintivas y cada una de ellas constituye un mundo. Este término es necesario porque muchas de las crisis actuales surgen de la creencia de que existe un mundo de un solo mundo, es decir, un mundo único, una especie de realidad única euro-moderna. Afirmar que el mundo es un Pluriverso es invocar una ontología plural, es afirmar que no existe una única fuente de existencia y que ningún sistema de conocimiento es intrínsecamente superior a los demás. Un Pluriverso es “un mundo en el que caben muchos mundos”, como dicen los zapatistas. Pero esto apunta a un enigma: ¿cómo pueden las diferentes sociedades que conforman la especie humana aceptar la coexistencia de muchos mundos en un único planeta?

 

Aunar hace referencia a una manera de contribuir a un fondo o provisiones comunes de cualquier tipo. Se reúnen cantidades suficientes de contribuciones para lograr unos objetivos convenidos de antemano y después se distribuyen de formas también convenidas para ciertos fines.

 

La Soberanía de precios describe la capacidad de rechazar los términos que ofrece el Mercado, incluyendo los precios. Al conseguir cierta independencia de los mercados, los Comuneros logran la Soberanía de precios mediante la autodeterminación transparente y colaborativa de los términos de intercambio entre todas las partes implicadas en la interacción. Como resultado, pueden decidir satisfacer las necesidades de las personas de forma gratuita o a precios más bajos que los impuestos por el Mercado. Se trata de un poder estratégico muy infravalorado que ofrece a las personas un nivel considerable de autonomía de las presiones del Mercado y de la coacción del Estado. Dado que los comuneros renuncian a lidiar con los mercados y no buscan dominarlos, la Soberanía de precios no supone en este sentido un comportamiento anticompetitivo prohibido por la ley antimonopolio.

 

Sustento Integral. Satisfacer las necesidades de las personas mediante la Creación de procomún es proporcionar un sustento integral. El término es una alternativa a la palabra “producción”, que se encuentra estrechamente relacionada, por un lado, con el descuido de las esferas no comerciales de la familia, la comunidad y los cuidados y, por otro, con el enfoque sobre los precios del mercado, la eficiencia, la externalización de costes, etc. El objetivo del Sustento Integral es satisfacer las necesidades de las personas, mientras que el objetivo de la producción (ya sea capitalista o socialista) es generar beneficios para aquellos que ofrecen bienes y servicios mediante su producción. El Sustento Integral a través del procomún tiene lugar en todas partes, pero genera una riqueza compartida utilizando diferentes formas de asignación y distribución. Uno de los fines esenciales del Sustento Integral es que integremos los comportamientos económicos con el resto de nuestra vida, incluyendo el bienestar social, las relaciones ecológicas y las preocupaciones éticas.

 

Los Circuitos financieros publiprocomunes forman parte de una estrategia de Financiación colaborativa que permite que los fondos de los contribuyentes administrados por el Gobierno se utilicen para fomentar los Comunes, o incluso para favorecer las estrategias basadas en el procomún. Sin embargo, a diferencia de las subvenciones estatales que reciben las empresas, cuyo objetivo fundamental es estimular el crecimiento económico y los beneficios directos de los accionistas, la Financiación publiprocomún busca expandir la Creación de procomún y las infraestructuras basadas en los comunes. El objetivo es ayudar a las personas a reorganizar sus vidas de forma que sean más autosuficientes e independientes del Mercado/Estado y sus imperativos.

 

La Ontología relacional sostiene que las relaciones entre las entidades son más importantes que las entidades en sí mismas. Eso significa que los sistemas vivos se desarrollan y prosperan unos con otros mediante la interacción y la Intra-acción. Como sistema social basado en la unión de personas para la colaboración y el sustento integral, un Común se basa en una Ontología relacional. Esta perspectiva contrasta con la visión de la realidad del capitalismo de mercado, que percibe el mundo como basado en individuos hechos a sí mismos y aislados, sin ningún tipo de relación primaria con su historia, religión, etnia, geografía, género, etc. Concebir la naturaleza de la realidad mediante la Ontología relacional requiere unas categorías relacionales distintas como son el Yo interdependiente y la Lógica Ubuntu.

 

La Propiedad relacionalizada trata de incorporar “otras formas de tener” que sean afines a la Creación de procomún y vayan más allá de la exclusión, la extracción y la mercantilización asociadas con la propiedad privada convencional. Una sociedad cimentada en torno a la propiedad privada tiende a generar una brecha entre los que tienen y los que no tienen, los privilegiados y los desposeídos, y a acumular concentraciones abusivas de capital y poder. La Propiedad relacionalizada es una clase novedosa de gobernanza sociojurídica y de Sustento Integral que neutraliza parcial o completamente los derechos de propiedad exclusivos sobre las cosas consideradas como propiedad. Las personas deciden adoptar un régimen de Propiedad relacionalizada y administrar la riqueza compartida mediante la Gobernanza P2P. En otras palabras, el régimen no les es impuesto. Esto da lugar a formas de posesión de propiedad interrelacionadas que mejoran la vida y fortalecen las relaciones, ya sea para con los demás, con el mundo no humano, con las generaciones pasadas y futuras y con el bien común.

 

Las Membranas semipermeables son los límites ideales de un Común. Como cualquier otro organismo social vivo, los comunes necesitan protegerse de las fuerzas externas que podrían hacerles daño a la vez que permanecen abiertos a los flujos de sustento y señales de su entorno. Por lo tanto, un común funciona mejor si desarrolla una Membrana semipermeable para sí mismo en lugar de una frontera rígida y ceñida. Esta piel flexible, en sentido figurado, asegura su integridad al prevenir los Cercamientos y otros daños al tiempo que le permite desarrollar relaciones simbióticas y enriquecedoras con otros organismos vivos.

 

Compartir es un término general e inespecífico que recoge distintas formas de distribución no recíproca. Según lo que se comparta, podemos diferenciar entre Compartir, Repartir y Coutilizar (o utilizar de forma conjunta). Aunar suele preceder a todas estas formas de compartir.

 

* Compartir es transferir de forma voluntaria y no recíproca conocimientos, información, ideas, código, diseño y otros elementos intangibles que se copian a bajo coste. Las comunidades de software libre y de código abierto son un ejemplo clásico de compartir.

 

* Repartir es asignar recursos finitos y agotables. Se diferencia de compartir en que este último generalmente incrementa el valor de uso de lo que se comparte, algo que no ocurre cuando se reparte. (Además es importante diferenciar entre el compartir y la llamada economía colaborativa, que en realidad no consiste en colaborar sino en crear micromercados)

 

* Coutilizar se basa en un acuerdo social sobre el acceso y uso de un recurso compartido o la Prosperidad desde los cuidados.

 

El Conocimiento situado hace referencia a la experiencia intuitiva y al saber práctico que provienen de vivir y trabajar en un ámbito particular. Cuando las personas crecen en un entorno determinado desde su infancia, se ven inmersas en ciertos ritmos y técnicas. Aprenden indicios sutiles sobre las plantas, la madera, materiales de artesanía, la caza, el clima y otros elementos del entorno local. Desarrollan una familiaridad arraigada con sus circunstancias que no pueden aprender en ningún libro.

 

Stint es una norma o límite de acceso para prevenir que algo se use de forma excesiva o se abuse de ello. En las culturas de subsistencia a menudo existen reglas muy específicas que determinan la forma y el momento en que una persona puede recolectar madera del bosque o juncos de un humedal. Por lo tanto, un Común restringido (con un Stint) es aquel que se gestiona de forma que proteja las capacidades renovables de un sistema natural. “Sin restricciones no hay verdaderos Comunes”, escribe el académico del procomún Lewis Hyde.47 [Véase Limitar].

 

La Lógica Ubuntu describe una lógica de interacción humana que reconoce las profundas conexiones que existen entre los intereses de una persona y el bienestar de los demás. Señala la dinámica por la cual el desarrollo de la persona requiere el desarrollo de los demás y viceversa. El término es una contrapartida a la idea convencional de racionalidad económica, definida como el comportamiento egoísta, calculador y adquisitivo que tiende a aprovecharse de los demás. Cuando un individuo se ve a sí mismo como un Yo interdependiente englobado en un conjunto Pluriversal de relaciones, comienza a mostrar la Lógica Ubuntu. Ubuntu es un término en varias lenguas bantúes de Sudáfrica que describe la profunda interdependencia entre yo y el otro.

 

Soberanía de valor. Aunque la mayoría de los Comunes existen dentro del marco del sistema Mercado/Estado (lo cual les hace vulnerables a los Cercamientos), por lo general se esfuerzan por proteger su identidad moral y cultural y controlar el valor que generan. En resumen: un común busca asegurar su propia Soberanía de valor.

 

El Derecho vernáculo es un tipo de derecho que se origina en zonas informales y no oficiales de la sociedad, y se utiliza como instrumento de autoridad moral y orden social. Si bien el Derecho vernáculo puede o no ser moralmente bueno en sí mismo, se diferencia del derecho estatal en que este último refleja las preocupaciones particulares del poder y jurisprudencia estatales. La costumbre funciona como Derecho vernáculo (también conocido como consuetudinario) al expresar los juicios prácticos, la sabiduría ética y el Conocimiento situado de las personas que se encuentran arraigadas a un lugar o circunstancias particulares.

Agradecimientos

 

Ningún libro es un logro en solitario porque solo puede evolucionar dentro de una enriquecedora red de amigos y colegas, benefactores, críticos, asesores, lectores de pruebas, fuentes de investigación y familiares indulgentes. En cierto sentido, debe generarse un común virtual. Eso es lo que permitió la investigación, la reflexión, el debate, la escritura y la revisión que a posteriori produjeron este libro. Una de las alegrías de terminar un libro es rendir homenaje a las muchas personas que desempeñaron un papel crucial para hacerlo realidad.

La Fundación Heinrich Böll (HBS por sus siglas en alemán, Heinrich Böll Stiftung) es obviamente nuestro socio más cercano y duradero. El primer compromiso para con la exploración del procomún vino de parte de Barbara Unmussig, presidenta de la HBS, y de Heike Löschmann, por aquel entonces (2009) directora del Departamento de Política Internacional. Ambas han sido adalides de los comunes y de nuestro trabajo. Desde que el original de este libro se puso en marcha en el año 2016, hemos tenido la suerte de contar con el gran apoyo y cuidado de Joanna Barelkowska de HBS, quien nos ha mantenido encaminados, incluidos nuestros ánimos, y de Jörg Haas, el actual director del Departamento de Política Internacional, que también ha sido un firme defensor de este libro.

David Bollier está muy agradecido a Peter Buffett y Jennifer Buffett, copresidentes de la Fundación NoVo, por su apoyo incondicional al trabajo sobre el procomún y a este libro. También quiere agradecer a Susan Witt, directora del Schumacher Center for a New Economics, por su profesionalidad, asesoramiento y compromiso entusiasta con la reinvención de los comunes. Por último, David quiere agradecer a Norman Lear por su papel constante e inspirador durante tantos años en el apoyo a su investigación y activismo sobre los comunes.

Silke Helfrich está profundamente agradecida a sus compañeros del Instituto de Estudios Avanzados sobre Sostenibilidad (IASS por sus siglas en inglés, Institute of Advanced Studies on Sustainability) en Potsdam por haber ofrecido un entorno solidario y cocreativo durante varias semanas en 2018. También quiere agradecer de forma especial al equipo AMA (A Mindset for the Anthropocene), formado por Jessica Böhme, Man Fang, Carolin Fraude, Zachary Walsh y Thomas Bruhn, quienes facilitaron un espacio para debatir la forma en que los comunes podrían ser la piedra angular de la creación de una mejor cosmovisión para el Antropoceno, y sugirieron mejoras en la versión alemana del manuscrito.

Dado que gran parte de nuestra forma de pensar sobre los comunes se expande en nuevas direcciones, hemos confiado en las ideas y la sabiduría de un grupo diverso de lectores beta (profesionales, académicos, activistas y otras personas profundamente familiarizadas con varias de las dimensiones de práctica y creación de procomún). Tres lectores especialmente dedicados y concienzudos (Joanna Barelkowska, Julia Petzold y Wolfgang Sachs) leyeron la mayor parte del manuscrito por adelantado, señalando errores e instándonos amablemente a reconsiderar ciertas ideas y formulaciones. De forma parecida, también pudimos beneficiarnos de las reflexiones de Saki Bailey, Adelheid Biesecker, Bruce Caron, Jonathan Dawson, Gustavo Esteva Figueroa, Sheila Foster, Claudia GómezPortugal M., Samar Hassan, Bob Jessop, Alexandros Kioupkiolis, Kris Krois, Miguel Martinez, Silvia Maria Díaz Molina, Janelle Orsi, Jorge Rath, David Rozas, Neera Singh, Johann Steudle, Orsan Senalp, Simon Sutterlütti, John Thackara, Stacco Troncoso, Carlos Uriona, Ann Marie Utratel y Andreas Weber.

Teniendo en cuenta que gran parte del procomún sigue siendo un territorio inexplorado en la literatura académica, a menudo recurrimos a personas con experiencia personal en un tema, contexto o común específico. Queremos agradecer a Laura Valentukeviciute y Katrin Kusche por compartir sus conocimientos sobre las alianzas público-privadas y ayudarnos a imaginar alternativas. La visita guiada de Paula Segal por la cooperativa alimentaria Park Slope Food Coop, incluyendo su Asamblea General, nos ayudó a comprender esta empresa con una mayor perspectiva. Dina Hestad compartió con nosotros muchas perlas de sabiduría sobre los movimientos transformadores. También aprendimossobremanera acerca de la complicada realidad y las soluciones que los comuneros idean, cuando entrevistamos a Rainer Kippe sobre la organización SSM en Colonia; a Peter Kolbe sobre Klimaschutz+; Amanda Huron, Sara Mewes, Johannes Euler y Jochen Schmidt sobre los comunes inmobiliarios; Siri y Oscar Kjellberg sobre Baskemölla Ekoby; Natalia-Rozalia Avlona sobre la Red Comunitaria de Sarantoporo; Bettina Weber y Tom Hansing sobre Offene Werkstätten (talleres abiertos); e Izabela Glowinska y Paul Adrian Schulz sobre Vivihouse.

En numerosas ocasiones, nuestra propia educación sobre los comunes tomó un gran impulso simplemente por estar en presencia de comunidades activas y practicantes. Ward Cunningham, Jon Richter y la comunidad federada Federated Wiki nos abrieron los ojos ante el gran potencial de esa plataforma digital. Del mismo modo, Eric Harris-Braun, Ferananda Ibarra y Jean Russell nos explicaron de forma paciente y brillante los protocolos de Holochain para la creación de procomún. Durante los últimos años, el Commons Strategies Group, grupo del cual somos cofundadores, celebró varios talleres Deep Dive (inmersión profunda) que nos conectaron con algunos pensadores, activistas y campos de experimentación inigualables. Estamos agradecidos a Michel Bauwens por su inestimable colaboración y perspicacia en estos numerosos debates. Mil gracias también a las decenas de participantes de estos encuentros por compartir sus conocimientos tan libremente y ayudarnos a reformular algunas intrincadas preguntas relacionadas con el procomún.
La German Commons Summer School y, en especial, Heike Pourian, fueron de los primeros comuneros que reaccionaron a las tempranas versiones de nuestros patrones de creación de procomún. Nos ayudaron a confirmar que íbamos por buen camino, nos animaron a esclarecer el campo de investigación de cada patrón y contribuyeron a pulir los nombres en alemán de muchos de nuestros patrones finales de creación de procomún (tarea en la que destacaron Julia Petzold y Sandra Lustig especialmente). Huelga decir que ninguna de estas personas son responsables por cualquier error o mala interpretación que pueda haber en el texto.
Dado que Silke vive en Alemania y David en Estados Unidos, hemos tenido que buscar formas creativas de organizar reuniones físicas para darle sentido a nuestra investigación y desarrollar nuestras ideas. Afortunadamente, tenemos varios amigos y colegas que nos ayudaron a encontrar (e incluso ofrecieron) espacios maravillosos donde poder trabajar. En un momento crítico de este proceso, Tilman Santarius y su familia nos prestaron su magnífica casa en Berlín como sede central para un debate de una semana de duración. En Florencia, Jason Nardi organizó un retiro precioso en las montañas, con deliciosas comidas, para que pudiéramos trabajar. Carlos Uriona y Matthew Glassman ofrecieron un lugar y un rico debate en el teatro Double Edge de Ashfield, Massachusetts.

Un pequeño grupo de artistas y diseñadores talentosos se encargaron de la hermosa apariencia de este libro y de sus ilustraciones. Las estudiantes de diseño de la Universidad de Bozen Chiara Rovescala y Federica di Pietro, bajo la supervisión de sus profesores Kris Krois y Lisa Borgenheimer, crearon varias de las ilustraciones gráficas de nuestros primeros patrones. Algunas de esas ideas germinaron más tarde y se convirtieron en las ilustraciones que Mercè M. Tarrés realizó, lo cual proporcionó a muchos patrones interpretaciones fabulosas e intuitivas. El diseño de la portada, realizado por Mireia Juan Cuco, representa el espíritu de nuestro libro con gran elegancia y energía. Stacco Troncoso y Ann Marie Utratel, de Guerrilla Media Collective, han supervisado todo el trabajo de diseño y han gestionado esta traducción al castellano de Libres, dignos y vivos. ¡Su presencia constante y firme ha significado mucho para nosotros durante los últimos años!

Quizás los lectores de esta edición en castellano de Libres, dignos y vivos no sepan que se produjo una traducción al alemán inmediatamente después de que cada capítulo se escribiera en inglés. Queremos agradecer por tal hazaña a nuestra devota traductora Sandra Lustig, cuya meticulosa traducción de nuestro manuscrito fue todo un logro a la luz de los muchos términos nuevos que inventamos. Las ideas derivadas de la traducción a menudo se reflejaron en mejoras en el escrito en inglés. (La traducción al alemán se publicó en primavera del año 2019 por la editorial transcript Verlag y el original en inglés, en otoño del mismo año por New Society Publishers).

Encontrar una editorial que entienda el procomún y que esté dispuesta a dar la cara utilizando una licencia Creative Commons no es tarea fácil. Para esta edición en castellano, nos sentimos afortunados de haber encontrado en Icaria una editorial de ideas afines dispuesta a arriesgarse y experimentar con nuevas maneras de publicar. Por supuesto, cabe decir lo mismo para transcript Verlag en Alemania y New Society Publishers en Columbia Británica, Canadá. Las tres están comprometidas a ofrecer un mayor acceso al conocimiento en un contexto comercial muy desafiante.

Por último, cada uno tenemos nuestras propias deudas con nuestros seres queridos.

Silke: Jacques, a lo largo de la prolongada maratón que ha supuesto este libro, cuando me sumergía en aguas profundamente intelectuales o me encontraba agotada tras pasar demasiadas horas frente a la pantalla de mi ordenador, tú siempre has estado ahí, con paciencia y ánimo para ponerme de nuevo en pie, de la forma que solo tú sabes. Me has permitido ver lo que ocurre cuando una persona descubre “el comunero que lleva dentro”.

David: ¡Gracias de nuevo, querida Ellen, por tu apoyo incondicional durante mis múltiples viajes, juergas de investigación y la gran maratón de escritura que fue necesaria para producir este libro!

 

David Bollier, Amherst, Massachusetts, Estados Unidos

Silke Helfrich, Neudenau, Baden-Württemberg, Alemania

Enero 2019

Apéndice A: Notas sobre la metodología para identificar patrones del procomún

Hemos estado investigando los comunes fuera del ámbito académico durante años, así que en esta sección queremos resumir el proceso de desarrollo de nuestro marco –la Tríada del Procomún.1

Como ya hemos mencionado en la Introducción de la Parte II, no pretendemos definir los comunes. Cualquier definición que pudiésemos confeccionar no le haría justicia a este concepto ni a nuestro método de investigación. Los comunes no son entidades fijas y concretas sino sistemas vivientes. Por eso mismo, nuestro propósito ha sido describir con precisión las dinámicas que tienen lugar en los comunes como una conducta social específica y una manera de cubrir necesidades y de forjar el mundo y la sociedad en la que vivimos. Nuestro método se basa en la observación de las características generales de conducta que se repiten en diferentes comunes. Es decir, buscábamos las lógicas de acción típicas en la práctica y creación de procomún.

Partimos de la idea de que el orden en el planeta está reflejado en patrones, un concepto filosófico y empírico desarrollado por el matemático, arquitecto y filósofo Christopher Alexander en su famosa teoría y metodología de patrones. Su obra en cuatro volúmenes La naturaleza del orden describe estas ideas detalladamente.2 Ya aplicamos con anterioridad este enfoque de patrones al estudio de los comunes en la antología que escribimos en el 2015, Patterns of Commoning.3

Los patrones no se inventan, se descubren. Cuando los identificamos, algo que siempre estuvo ahí nos es revelado. Este es un aspecto muy importante del estudio de los patrones. El revelado de patrones requiere una observación paciente, cierta práctica y una combinación de varios pasos. Desde un punto de vista metodológico, a la hora de explicar procesos vivientes de manera comprensible, la racionalidad no está reñida con la emoción y otras ideas cognitivas basadas en experiencias concretas.4 En el sistema de patrones, sin embargo, ni siquiera hay que preocuparse de esto, ya que todos los fenómenos son considerados en conjunto, holísticamente, reconociendo que la abstracción pura es incapaz de abarcar la riqueza y complejidad de la vida. Es más, los patrones son muy valiosos, pues evalúan cabalmente el conocimiento tácito de personas no expertas (a menudo subestimado o ignorado por los especialistas).5 De este modo, durante el proceso de revelado de los patrones del procomún tuvimos la oportunidad de VALORAR Y CONFIAR EN EL SABER SITUADO.

El revelado de patrones nos insta a prestar más atención a las conexiones, a lo que las cosas tienen en común, y dejar a un lado las diferencias. A lo largo de este proceso, ningún fenómeno o problema se encuentra delimitado o aislado; al contrario, estos solo pueden cobrar sentido cuando se consideran en relación con su contexto. Por eso, un patrón puede aplicarse únicamente en un contexto determinado o en circunstancias similares. Ningún patrón está descontextualizado.6 En la esfera social, la finalidad es identificar aquellas conductas (o, en términos más abstractos, la lógica de la acción) que propician interacciones fructíferas y que refuerzan los vínculos interpersonales. Ya que las relaciones son multidireccionales –es decir, pueden tener tanto efectos positivos en un aspecto de la situación como efectos negativos en otro– un estudio formal sobre los patrones debe hacer referencia a otros patrones relacionados. De este modo se crean conexiones más claras entre ellos, aunque nosotros hayamos optado por no realizar un estudio formal en este libro y nos hayamos limitado a mencionar brevemente tales formalidades. En cualquier caso, a los lectores les resultará fácil imaginar cómo los diferentes patrones individuales se conectan con otros. Todas estas conexiones forman un lenguaje de patrones que aún está por formular.

 

A nivel epistemológico, un lenguaje de patrones mantiene la conexión entre el espíritu y el cuerpo como herramientas de cognición entrelazadas. Conforme vamos comprendiendo los conceptos a lo largo del proceso de nombrar patrones, bien de manera deliberada o a través del lenguaje –pues percibimos que aún permanecen en la oscuridad y no han sido expresados en palabras– vivimos, simultáneamente, momentos de resonancia en nuestros cuerpos.7 Sentimos esta resonancia cuando brota una energía especial y asentimos reflexivamente, reconociendo la congruencia entre lo que estamos experimentando, sintiendo y discerniendo. Cuando suficientes personas entrevistadas, participantes de talleres, lectores y otros experimentan esta misma resonancia al oír un patrón y sus reacciones se alinean unas con otras, podemos estar seguros de que la formulación del patrón es excelente. Y aun así, el patrón sigue siendo abierto y adaptable por principio, al igual que los sistemas vivos cambian y evolucionan constantemente. (Ver la sección sobre la validación más adelante). Ningún patrón encierra una verdad única y absoluta.

Además de explicar la metodología general del revelado de patrones, queremos dedicar unas líneas a los métodos que empleamos para crear la Tríada del Procomún. Entre junio de 2014 y diciembre de 2017 se celebraron un total de nueve talleres de revelado de patrones en los que participaron personas de entre 20 a 70 años, provenientes de multitud de contextos y culturas diferentes.

 

Estos talleres estaban diseñados para iniciar a los participantes en la lógica de los patrones a través de las siguientes preguntas:

 

  • ¿Cuál es el contexto?
  • En este contexto, ¿cuál es exactamente la esencia del problema recurrente?
  • ¿Qué soluciones disponibles existen para este problema?
  • ¿Cuál es la esencia que estas soluciones eficaces tienen en común?
  • ¿Cómo podríamos expresar esta esencia común en palabras a fin de nombrar un patrón?

 

Un buen nombre para un patrón (que refleje fielmente una práctica social) ha de ser breve y conciso. No suele llevar signos de puntuación; puede incluir abreviaturas conocidas (como por ejemplo, preguntas frecuentes o FAQ por sus siglas en inglés, Frequently Asked Questions) y neologismos; enfatiza el proceso (o la práctica) a través del verbo; y evita ambigüedades y tópicos. Un buen nombre para un patrón ha de ser también adaptable, es decir, ha de prestarse a modificaciones posteriores. Por esa misma razón, es habitual encontrar excepciones a estos criterios.

Aparte de estos talleres, realizamos doce entrevistas semiestructuradas a entre una y cuatro personas a la vez. La mayoría de los entrevistados eran graduados universitarios que habían participado activa y prolongadamente en comunes –algunos durante 50 años. Dos de las entrevistas fueron particularmente largas. Al igual que en los talleres, nuestra intención era averiguar hasta qué punto ciertas prácticas se repetían en varios patrones enfocados en problemas diferentes y si era posible distinguir ciertos patrones recurrentes de conducta en soluciones eficaces. La tesis de máster de Silke Helfrich (ver nota 1 de este Apéndice) incluye una descripción detallada del entorno y la naturaleza de las entrevistas, así como del tipo de preguntas realizadas. En lugar de preguntar a los entrevistados qué pensaban, les preguntamos qué se hacía en los comunes en los que participaban. Después de todo, nuestro objetivo no era recopilar sus opiniones, sino identificar y documentar sus acciones. Las entrevistas habían sido previamente clasificadas de acuerdo a las tres áreas de nuestro proceso de revelado de patrones –Vida Social, Gobernanza P2P y Sustento Integral (Capítulos 4-6)–. Las preguntas giraban en torno a problemas típicos de estas áreas, y se refinaban con cada reiteración. Una vez empezamos a testear los patrones que ya habíamos identificado, también preguntamos a los entrevistados si estos les parecían correctos (test de resonancia).

 

Preguntas de la entrevista

Ya que nuestro objetivo era averiguar las conductas y no las actitudes, tratamos de evitar preguntas simples del tipo sí o no y preguntas que forzaran a los entrevistados a responder de manera demasiado racional.8 La mayoría de las ellas se centraban en cómo se hacían las cosas. Las preguntas pretendían delimitar el área del problema y eran lo más concretas posible, evitando preguntas tendenciosas que pudieran suscitar respuestas condicionadas. A menudo estas preguntas aludían a problemas habituales en las interacciones sociales de los comunes. Las preguntas sobre Gobernanza fueron extraídas de los ocho principios desarrollados por Elinor Ostrom y de nuestras propias observaciones. Para formular las preguntas sobre el Sustento Integral de los comunes partimos de los elementos básicos necesarios para cualquier proceso creativo/productivo (recursos naturales, conocimientos, información, actividades humanas, trabajo, etc.).

 

Preguntas sobre las Dinámicas Sociales

  • ¿Cómo encontráis un propósito compartido? ¿Qué función tienen los valores colectivos?
  • ¿Cómo obtenéis las contribuciones necesarias?
  • ¿Cómo equilibráis la relación entre dar y tomar?
  • ¿Cómo mantenéis la calidad de las relaciones sociales? ¿Existen ciertas costumbres, prácticas o tradiciones que lo faciliten?
  • ¿En qué tipo de conocimientos confiáis?
  • ¿Cómo vivís vuestra relación con la naturaleza?
  • ¿Cómo lidiáis con los conflictos?
  • ¿Qué mecanismos aseguran que las reglas y las estructuras sean apropiadas y adaptables?

 

Preguntas sobre la Gobernanza

  • ¿Cómo gestionáis la tensión entre la tentación de explotar comercialmente todo tipo de recursos y la práctica del procomún? ¿Qué medidas tomáis para evitar que el dinero domine los comunes?
  • ¿Cómo conseguís alinear propósitos y valores?
  • ¿Establecéis límites? ¿Cuán permeables son?
  • ¿Cómo tomáis las decisiones?
  • ¿Cómo tratáis la información, conocimiento, código y diseño?
  • ¿Cómo está estructurado vuestro entramado organizacional? ¿Ofrece protección frente al abuso de poder?
  • ¿Cómo administráis vuestras propiedades?
  • ¿Cómo aseguráis la transparencia en vuestros actos?
  • ¿Qué métodos de financiación empleáis? ¿Son expresiones de procomún en sí mismos? ¿Los flujos de dinero fortalecen vuestro común?
  • ¿Cómo garantizáis el cumplimiento de las reglas?
  • ¿Qué hacéis cuando se incumplen las reglas?

 

Preguntas sobre el Sustento Integral de los comunes

  • ¿Quién asume los riesgos de producción?
  • ¿Existe alguna diferencia entre productores y consumidores? ¿Cómo se definen y desempeñan estos roles?
  • ¿Cómo se reparten los recursos disponibles?
  • ¿Los recursos que aumentan con cada uso (conocimiento, software)?
  • ¿Los recursos que disminuyen con cada uso (tierra, alimentos, dinero)?
  • ¿Cómo se reparte lo que está disponible
  • en un contexto social interpersonal en el que es fácil hacerse una idea de la situación?
  • en un contexto anónimo transpersonal en el que es difícil obtener una visión de conjunto de la situación?
  • ¿Quién determina el precio, y bajo qué criterios, en las transacciones comerciales?
  • ¿Cómo consideráis vuestro trabajo? ¿Cómo distribuís las tareas y cómo valoráis y reconocéis todas las actividades?
  • ¿Quién se beneficia de vuestras herramientas e instrumentos? ¿Con qué propósitos las usáis?
  • ¿Qué infraestructuras existentes usáis y por qué? ¿Os son útiles para alcanzar vuestros objetivos?
  • ¿Cómo creáis nuevas cosas materiales e inmateriales?

 

Combinando la información que recopilamos de estas entrevistas, nuestros conocimientos previos sobre el tema, la literatura sobre los comunes y los talleres, empezamos a verbalizar, es decir,a encontrar nombres apropiados para los patrones. Después empezamos el proceso de feedback y comentarios. Aunque el proceso varió un poco en función del patrón genérico incipiente, realizamos al menos seis rondas sistemáticas para cada uno de ellos.9 Consultamos con personal cualificado en distintos campos –desde un experto en sostenibilidad hasta un estudiante que trabaja con el método de patrones; desde una educadora que se dedica a impulsar una comunidad basada en los comunes hasta participantes de la sexta edición de la Escuela de verano sobre los comunes en alemán–. David y yo también debatimos los nombres de los patrones una y otra vez. En cada ronda surgían ideas y se hacía evidente la necesidad de correcciones, giros, adiciones y supresiones, lo que dio lugar a un gran número de adaptaciones. Creemos que estas iteraciones, junto a la combinación de métodos, trajeron resultados muy fructíferos.

A continuación ofrecemos un ejemplo del procedimiento que empleamos. Queremos aclarar la manera en la que combinamos los métodos, que fue distinta en cada caso, según el tipo y el número de veces que nos vimos en la necesidad de tomar una decisión crítica. Para ilustrar este proceso de trabajo, hemos seleccionado el patrón Encauzar la diversidad hacia propósitos compartidos, que pertenece a la esfera de Gobernanza P2P. No solo este es un buen ejemplo de las muchas repeticiones a las que sometimos a cada patrón, sino que también alude a la importancia relativa de los valores compartidos (ya que muchos dan por sentado que estos valores deben compartirse a priori, antes siquiera de que los comuneros formen el común). Cuando comenzamos a indagar sobre este tema sentimos un gran interés por la relevancia que, en efecto, tienen los valores y propósitos compartidos en un común próspero, en contraste con el caso habitual en el que un grupo diverso crece, se fortalece y posteriormente logra alcanzar un estado de visión compartida (lo que nos lleva a preguntarnos cómo es posible conseguir tal cosa).

 

Breve descripción de los pasos

Aquí reconstruimos el proceso de investigación empleado en la nomenclatura de los patrones en alemán. Aunque es parecido al que empleamos para las versiones en inglés y castellano, no es exactamente igual. Por esta razón, el nombre del patrón en alemán aparece repetido varias veces (con ligeras diferencias) junto a sus respectivas traducciones al inglés y al castellano. Sin embargo, el punto de partida para el proceso fue el mismo en todos los idiomas. Nosotros, los autores, dedujimos que el patrón sería:

GEMEINSAMEN ZWECK & GEMEINSAME WERTE ERKLÄREN
DECLARE SHARED PURPOSE & VALUES
DECLARAR PROPÓSITOS Y VALORES COMPARTIDOS

Y a partir de este punto, procedimos a realizar una serie de rondas de prueba, corrección y adaptación.

 

  1. Describir el problema: Identificar el papel que juegan los propósitos y valores compartidos.
  2. Inferir un nombre para el patrón (una primera versión del patrón por deducción). Lo más importante es que el nombre transmita la idea de que los valores y propósitos compartidos han de estar claros cuando las personas crean procomún:

DECLARAR PROPÓSITOS Y VALORES COMPARTIDOS

3. Integrar el nombre del patrón en el contexto; justificarlo, usando ejemplos que ayuden a visualizar su relevancia en la práctica; preparar una descripción textual y enviársela a expertos, así como a los entrevistados, para que hagan la prueba de lectura. Tener en cuenta cualquier discrepancia entre los participantes del proceso y buscar siempre el consenso sobre el nombre del patrón.

4. Realizar entrevistas telefónicas semiestructuradas con el científico social y comunero George E. el 4 de diciembre de 2017. Según la experiencia del entrevistado, los valores y propósitos compartidos no pueden darse por sentado cuando surge un conflicto. Además, el buen funcionamiento de la acción colectiva no requiere que tales propósitos existan ni se declaren previamente. Es un hecho social comprobado que en todo común deben convivir perspectivas y valores diversos. Una cosa es que los individuos compartan motivaciones y razones para colaborar, y otra es presuponer la existencia de propósitos y valores compartidos a largo plazo. En palabras del entrevistado: “Podemos fijar metas y propósitos específicos a corto plazo. Por ejemplo, recopilar firmas para una petición … antes del 14 de febrero. Pero este tipo de metas o propósitos no son un fin en sí mismos. Tenemos motivos, fuerzas motrices que nos empujan en ciertas direcciones y que nos obligan a reconocer esos motivos como razones de peso. En vez de preguntarnos ¿para qué?, nos preguntamos ¿por qué?”.

5. Los autores reflexionan juntos para extraer el nombre del patrón (segunda versión del patrón)

VIELFALT FÜR COMMONS-ZWECKE AUFGREIFEN
BRING DIVERSITY INTO SHARED PURPOSE
APORTAR DIVERSIDAD A LOS PROPÓSITOS COMPARTIDOS

 

6. Debatir con un experto y reflexionar sobre la terminología elegida (tercera versión del patrón)

VIELFALT ZU COMMONS-ZWECKEN NUTZEN
USING DIVERSITY FOR COMMONS PURPOSES
EMPLEAR LA DIVERSIDAD PARA PROPÓSITOS COMUNES

 

7. Debatirlo con otro experto (15 de junio de 2018) y hacer el test de resonancia. Surge una disonancia. Resulta que este nombre no transmite fielmente el significado del patrón o no consigue expresarlo con precisión (cuarta versión del patrón).

VIELFALT ZUM GEMEINSAMEN VERWEBEN
INTERWEAVE DIVERSITY TO FORM WHAT IS COMMON
ENTRETEJER LA DIVERSIDAD PARA FORMAR LO COMÚN

8. Revisión de todos los nombres de patrones por parte de un experto/científico social (26 de marzo de 2018). Surgen comentarios sobre otros patrones, pero ninguno sobre este en particular. Sin embargo, el paso 7 nos indica que necesitamos efectuar otra ronda de revisiones.

9. Reflexión colectiva entre los participantes de la Escuela de verano, a finales de junio de 2018, sobre la resonancia del nombre del patrón. Debate en grupo con comuneros y teóricos; se refuerzan los elementos inductivos (quinta versión del patrón).

SICH IN VIELFALT GEMEINSAM AUSRICHTEN
BRING DIVERSITY INTO SHARED PURPOSE
ENCAUZAR LA DIVERSIDAD HACIA PROPÓSITOS COMPARTIDOS

 

Esta quinta versión del nombre del patrón se corresponde con los conocimientos y experiencias presentados en cada una de las rondas y fases de comentarios, con la confirmación de que sonaba correcto. Se publica el nombre del patrón (cf. Capítulo 5).

Los procesos de identificación de patrones fueron similares en todos los casos. El siguiente diagrama muestra los pasos y procedimientos para afinar la percepción. Como ejemplo, volveremos a revisar el procedimiento para el patrón ENCAUZAR LA DIVERSIDAD HACIA PROPÓSITOS COMPARTIDOS:

 


Desarrollo de percepciones y cognición
Método

Resultado
Definir y concretar el patrón Debate con expertos Problema: la función y propósito de los valores no está del todo clara
Abstraerlo y visualizarlo mentalmente Deducción DECLARAR PROPÓSITOS Y VALORES COMPARTIDOS
(primera versión)
Contextualizar el patrón Situarlo en contexto, por escrito Texto explicativo
Comparar experiencias Entrevista telefónica semiestructurada El documento resultante se comparte en una wiki federada
Prensión Reflexión colectiva (inducción) APORTAR DIVERSIDAD A LOS PROPÓSITOS COMPARTIDOS
(segunda versión)
Prensión Debate con expertos EMPLEAR LA DIVERSIDAD PARA PROPÓSITOS COMUNES
(tercera versión)
Sentir Test de resonancia ENTRETEJER LA DIVERSIDAD PARA FORMAR LO COMÚN
(cuarta versión)
Revisión externa Revisión por pares Comentarios y feedback por escrito
Prensión y sentir10 Reflexión colectiva y test de resonancia ENCAUZAR LA DIVERSIDAD HACIA PROPÓSITOS COMPARTIDOS
(quinta versión)

 

Validación y método para inferir el patrón

Durante el proceso de identificación de patrones, los participantes suelen mostrar una gran subjetividad al evaluar la exactitud y validez de los nombres de los patrones ya que, tal y como expresaron Christopher Alexander y sus compañeros,11 “algunos son más verdaderos, más profundos y más ciertos que otros”. Con el fin de identificar aquellos patrones que eran más verdaderos, se les asignaron o bien dos, o uno o ningún asterisco a cada patrón, estableciendo así un ranking en función de cuán invariablemente verdadera era la solución expresada en el nombre. Mediante este procedimiento, analizamos los nombres de los patrones que aparecen en los Capítulos 4, 5 y 6. La siguiente tabla refleja el resultado de este ejercicio. Creemos que los patrones que no tienen ningún asterisco (primera columna) “sintetizan una cualidad común a todas las maneras posibles de solucionar dicho problema”, tal y como lo expresaría el propio Alexander. Es decir, sería prácticamente imposible solucionar el problema en cuestión sin “adaptar el contexto de un modo” u otro, dependiendo del patrón correspondiente (ibíd., énfasis en el original).

En el caso de aquellos patrones con un solo asterisco, asumimos con Alexander “que hemos progresado en la identificación de la invariable y que, con trabajo y dedicación, sería posible mejorar la situación del problema.” (ibíd., xiv). En el caso de los patrones con dos asteriscos se recomienda un examen más profundo para mejorar el patrón. La segunda columna muestra los procedimientos más importantes para extraer patrones, así como los conceptos abstractos de los que partimos (en aquellos casos en los que la deducción fue la metodología principal).

 

Dinámica Social Procedimiento para extraer el patrón
(en orden de predominancia)
Cultivar propósitos y valores compartidos Inductivo y deductivo
Aportar sin coerciones Inductivo
Practicar reciprocidad empática Inductivo y deductivo (a partir del concepto de la reciprocidad)
Ritualizar dinámicas sociales Inductivo
Valorar y confiar en el saber situado Deductivo (a partir del concepto del saber situado) e inductivo
Ahondar los vínculos con la naturaleza** Deductivo (a partir del entendimiento básico de las relaciones entre humanos y naturaleza) e inductivo
Velar por las relaciones al abordar conflictos* Inductivo
Reflexionar sobre la Gobernanza P2P* Inductivo

 

Gobernanza P2P
Discernir entre procomún y comercio Inductivo
Encauzar la diversidad hacia propósitos compartidos Inductivo y deductivo (a partir de las creencias del participante acerca de la “naturaleza humana”)
Crear membranas semipermeables* Deductivo (a partir del primer principio de Ostrom) e inductivo
Tomar decisiones de forma comunánime Inductivo y deductivo (a partir del tercer principio de Ostrom)
Transmitir saberes desinteresadamente Inductivo
Partir de la heterarquía* Deductivo (a partir de la teoría de la gobernanza y la crítica de la jerarquía) e inductivo
Afianzar las dimensiones relacionales del tener Inductivo
Practicar la transparencia en un entorno de confianza Inductivo
Financiar el Sustento Integral del procomún* Deductivo e inductivo
Comonitorear y aplicar sanciones graduales Inductivo y deductivo (a partir de los principios cuarto y quinto de Ostrom)

 

Creación de procomún
Asumir en común los riesgos del Sustento Integral Inductivo
Hacer y usar juntos Inductivo
Contribuir y compartir Inductivo
Aunar, limitar y repartir Inductivo
Aunar, limitar y mutualizar Inductivo
Negociar con soberanía de precios* Inductivo
Practicar los cuidados y desmercantilizar el trabajo* Deductivo (a partir del concepto de los cuidados y la crítica del trabajo asalariado) e inductivo
Emplear herramientas convivenciales* Deductivo (a partir del concepto de convivencialidad12 y sus herramientas, de acuerdo a Ivan Illich y Andrea Vetter)13 e inductivo
Optar por estructuras distribuidas Inductivo
Producir cosmolocalmente*14 Inductivo y deductivo (a partir del concepto de producción cosmolocal)
Adaptar y renovar creativamente Inductivo

 

El proceso de investigación

Por último, el siguiente organigrama muestra qué decisiones se tomaron durante el proceso de investigación. Comienza identificando un problema recurrente en un contexto de procomún y concluye con una evaluación como las que acabamos de describir. Una vez más, este organigrama toma como ejemplo el patrón ENCAUZAR LA DIVERSIDAD HACIA PROPÓSITOS COMPARTIDOS, aunque el procedimiento puede aplicarse a todos los demás patrones por igual.

Cada paso fue documentado de inmediato y de diversas formas: como documentación completa de los debates en los talleres, documentación individual de los resultados de los talleres incluyendo anotaciones formales de los patrones, documentación de las entrevistas (en el archivo de los autores), y otras notas de los talleres y debates con expertos y durante la edición.

 

De la comprensión del ser a los métodos

Como ya hemos explicado, el proceso de revelado de patrones tiene una base teórica que incorpora y refleja una ontología relacional y de procedimiento. Por lo tanto, la metodología comprende la relación que mantienen un fenómeno y su contexto con su existencia concreta en el mundo real. Esta metodología también es abierta y adaptable, permitiendo así la autorreflexión individual y colectiva sobre su precisión y continua revisión.

 

  • OntoEpistemología: procesos relacionales diferenciados, epistemología evolutiva del ser, procesos generativos
  • Teorías: teoría de los comunes/patrones
  • Metodología: revelado de patrones/ holismo metodológico
  • Métodos: talleres de patrones, entrevistas semiestructuradas, revisión por pares, test de resonancia, conversaciones con expertos, reflexión colectiva
  • Resultados: Patrones del Procomún

 

Esta metodología también sugiere que los patrones no son como piezas de Lego que encajan solo de formas predeterminadas. Las fórmulas para combinar elementos y crear soluciones eficaces no han sido estructuradas de antemano. Por eso, las combinaciones creativas de ideas pueden reportar nuevos resultados que no estaban presentes en las soluciones individuales.

Trabajar con patrones

El proceso de acuñar nombres para los patrones nos permite distinguir un orden en la diversidad de los procesos relativos a la práctica del procomún, y así identificar las dinámicas esenciales de dicha práctica. También nos proporciona un vocabulario y metodología compartidos, permitiendo a los comuneros crear tal orden. Esta es la razón por la que relacionar patrones con comunes se ha convertido en una herramienta de investigación tan fructífera, pues permite avanzar en el campo teórico y práctico. Los comuneros pueden usar patrones para:

 

  • encontrar un vocabulario y un razonamiento filosófico para su realidad colaborativa existente
  • estructurar procesos de autorreflexión e identificar sus propios puntos fuertes y débiles
  • incorporar ideas útiles y emplearlas para resolver sus propios problemas, es decir, adaptar los patrones según el contexto
  • desarrollar patrones diseñados a medida de su contexto específico

 

Los investigadores también pueden utilizar los patrones para:

  • revisar y desarrollarlos en mayor profundidad a fin de contribuir a la conceptualización del mundo de los comunes
  • diseñar entrevistas y preguntas para su investigación de campo
  • aplicar todos los patrones genéricos a la vez como marco de investigación

 

El resultado puede ayudar a los investigadores a identificar y analizar procesos sociales, institucionales y económicos en un contexto concreto y desde una perspectiva de los comunes, tal como se emplean los principios de Elinor Ostrom para comparar normativas institucionales.

Silke Helfrich
Neudenau, 4 de febrero de 2019

Apéndice B: Gramática visual para las ilustraciones de los patrones

Gramática visual

 

  • Cada ilustración contiene dos capas de información
  • La primera capa es la esfera alrededor de la cual los puntos y cuadrados se mueven y representa el contexto de la creación de procomún
  • La capa dinámica contiene los puntos y cuadrados que están acotados por la esfera o se mueven por ella, y representa la relación entre sujeto/agente y predicado/acción.

 

* * *

 

Capa 1: Esfera

 

Visual Grammar / Layer 1: Sphere

La acción tiene lugar dentro, entre y alrededor de una o más esferas semitransparentes.

Nuestra esfera es el procomún, formada y representada por una textura dinámica de puntos y cuadrados que simboliza múltiples realidades distintas, la participación de los comuneros en relaciones interdependientes con el mundo que se encuentra fuera del ámbito del procomún.

Los comunes

* “Son procesos VIVOS, COMPLEJOS Y ADAPTATIVOS que generan riqueza y satisfacen las necesidades de las personas.”

* En contraposición, el sistema capitalista (o sus elementos) están representados mediante cuadrados sin tonalidad, gradiente ni textura.

 

Visual Grammar / Commons


La creación de procomún

Visual Grammar / Commoning - Inside / Outside

Dentro

  • Personas diseñando y aplicando sistemas específicos de SSUTENTO INTEGRAL y GOBERNANZA P2P para cada situación.
  • En el interior de un único común
  • Local

 

Fuera

  • Personas, cosas o ideas interactuando con el exterior (por ejemplo, el sistema de mercado)
  • Entre comunes diversos
  • Global / red / federación

 


El punto y la esfera son representaciones abstractas de individuos y de comunes, respectivamente. Ambas son dinámicas (no estáticas) y están representadas de forma circular. Ambas existen en singularidades y pluralidades (relacionales).

“’Yo soy porque nosotros somos y, puesto que somos, soy’. El individuo forma parte de un nosotros y, de hecho, de múltiples nosotros. Ambos conceptos se encuentran profundamente interrelacionados.”

 

FREE, FAIR & ALIVE — Visual Grammar / Layer 1: Commoning


Capa 2: Puntos y cuadrados, flujos y áreas

 

Comuneros

“La identidad y el papel social que las personas adquieren cuando practican y crean  PROCOMÚN.

 

Comunión

“El proceso mediante el cual los COMUNEROS participan en relaciones interdependientes con el mundo más allá de lo humano.”

 

Visual Grammar / Layer2: Communion - Individuals / Commoners


Los puntos y los cuadrados se concentran en forma de flujos y áreas, perfilando espacios dentro y fuera de las esferas.

Visual Grammar / Layer2


Los flujos de puntos y cuadrados representan conexiones, relaciones, direcciones, acciones concretas y espacios. Los flujos se expanden en áreas más amplias.

Visual Grammar / Layer2

Las áreas de puntos y cuadrados están acotadas por el exterior de la esfera o se mueven dentro de ella, creando formas dinámicas.


Visual Grammar — Size = diverse realities

Tamaño = Realidades distintas

El tamaño de los elementos expresa diferentes realidades. Los puntos y los cuadrados, los flujos y las áreas se comportan de formas distintas

 

Visual Grammar — Density = power

Densidad = Poder

La densidad se consigue aumentando el volumen de los elementos, sobreponiendo y reduciendo el espacio entre ellos.

 

Visual Grammar — Movement/shift = aliveness

Movimiento/Cambio = Vivacidad

Cometas = Dirección. La dirección se representa mediante flujos de puntos que disminuyen de tamaño de forma progresiva. La cabezadel cometa está formada por puntos más grandes y con una densidad mayor.

 

Visual Grammar — Organic vs. ordered configurations = Free vs. ruled activities/relations

Configuraciones orgánicas vs. ordenadas = Actividades y relaciones libres vs. re